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OTAN sí, Sánchez fuera

Con el gobierno de España entrando en el desguace, quiso presentarse la cumbre de la OTAN en Madrid como un revulsivo, un antes y un después logrado gracias a Pedro Sánchez. Nada más lejos. El presidente nos ha regalado sus sonrisas, sin tiranteces maxilares, pero se ha llevado a La Moncloa el disgusto de tener medio gabinete en contra y pocas medidas escritas en la cartera. Al final le llegará el insomnio aquel.

En cuanto a los días de cumbre nos queda el impacto bochornoso de lo festivo, la grandeza española de Madrid, el peso representativo de la Corona y las dudas sobre si la OTAN quiere hacer frente a los retos que de verdad nos acechan.

Lo innecesariamente festivo

¿Habrán encontrado trabajo los Sánchez-Gómez? Que doña Begoña tira de agenda preparando el postgrado y que adora llenar pantallas es un hecho que no requiere contraste. Hemos pasado de la mascarilla al masaje dorsal y hasta lumbar y de la «distancia social» al corro de la patata y a la manita secreta con Biden. Ya no hay carreras ni cronómetros entre Sánchez y el presidente yanqui. Ahora son Pedro y Joe, best friends. Y ahí estaba ella, Begoña in red, tratando de ser lo que no es, porque no lo es, pero buscando ser, estar y, sobre todo, parecer. Sembrando para el futuro. ¡Cuántas fotos para ir devolviendo con comentarios! Qué bien lo pasamos!! De lo mío hay algo?? Bss… o Kss.

Emmanuel Macron se echó la chaqueta al hombro exhibiendo chaleco para pasear(se) por Madrid la nuit… quizá pensando en bañarse en La Cibeles, no por merengue sino por versionar la escena romana de la Dolce Vita ante algún fotógrafo de moda. Jill Biden fue a comprar alpargatas a la Milla de Oro y paseó a sus nietas. Hasta hubo «ensaladilla tradicional» para que no fuera rusa, tan madrileña. Quizá faltó un Menú Errejon’s BBQ («Asando para los colegas»), que le hubiera encantado a los Biden y a los comunistas de alivio.

No termino de entender que una cumbre sirva de vacaciones para la familia de los mandatarios (¿las nietas de Biden?) por mucho que se diga que a España le conviene el escaparate. Que vengan a Fitur todos los años y de esparcimiento privado siempre que quieran. No se arrepentirán.

Pero resulta que mientras, en Ucrania, caían cohetes mortíferos en centros comerciales. Putin mata civiles y Zelenski se lo muestra al mundo para que lo crean. Porque igual que se negaba el coronavirus, habrá negacionistas de la invasión. Debió ponerse el vídeo sin fin en una pantalla gigante en el Madrid de la OTAN. ¿Lo habrá visto Albares, el gurú que compara la cumbre de Madrid con la conferencia de Yalta o con la caída del Muro de Berlín? Era un misil contra un centro comercial en Kremenchuk, un misil de lo más soviético, de los de la CCCP.

Pero hace muchos años que el mundo occidental elogió a Gorbachov, cegado voluntariamente por la Perestroika (presunta liberalización económica) y la Glasnost (falsa transparencia), y condenó a Yeltsin. El primero quería eternizar la URSS con una sonrisa pero con el mismo puño de Stalin; el segundo, acabar con todo aquello. Cometió el error de creer que Putin, su pupilo, era distinto. La noche del domingo 26 de marzo de 2000 Yeltsin llamó a Putin para felicitarle por su triunfo electoral. Era su sucesor tras la traumática renuncia de fin de año. Boris esperó, estará ocupado. Y siguió esperando, ya llamará. Putin jamás le devolvió aquella llamada. Yeltsin supo que se había equivocado. Está todo dramáticamente grabado en vídeo en Los testigos de Putin (2018) de Vitaly Mansky (en Filmin y Prime Video).

La cumbre de Madrid no era una reunión de emergencia para atajar la invasión de Ucrania pero no cabe duda de que es el punto más caliente, el primero que hace temer una escalada nuclear provocada por el bloque comunista desde el fin de la guerra fría. Y con muertos, no con los 13 días de Kennedy y Krushchev por los misiles de Cuba.

España es un país envidiable. Y lo es el Museo del Prado, como lo son las calles y gentes de Madrid. El marco era incomparable, los reyes estuvieron inmejorables y hasta acompañó el clima. Ni siquiera Sánchez lo podía empeorar. Pero hay un tipo que ha olvidado sonreír, que aparece en camiseta caqui para recordarnos que hay guerra y que nos muestra cómo muere y morirá gente todos los días a manos de un tal Vladimir Vladimirovich Putin. Ante eso, sobra cualquier frivolidad.

España ejemplar; Sánchez, boca abajo

Algo presagiaba que el papel de Pedro Sánchez como animador no sería correspondido con más seguridad para España en su débil flanco sur. Quizá por eso la bandera de España boca abajo —por segunda vez— era algo más que un fallo técnico de protocolo que acompañó vergonzosamente toda la intervención de nuestro presidente.

No es novedad que Estados Unidos tiene a Marruecos como aliado por una evidente cuestión estratégica y de orden en el Magreb. Eso no está reñido con la buena vecindad de la que siempre se habla pero que apenas se demuestra por parte del reino alauita. Ni Perejil fue una broma, ni las oleadas de desesperados vendidos contra las vallas fronterizas son espontáneas, ni están respondidas todas las preguntas del 11-M. Y en la Casa Blanca tienen cuenta de todo ello. La frontera sur lo es de toda Europa, aunque el recibidor sea España, así que algo podríamos elevar la voz, en términos diplomáticos, para que a todos les suene un poco la historia, absolutamente ajena a Marruecos, de las españolas Ceuta y Melilla.

Pero con Sánchez tenemos a Argelia y Marruecos, enemigos entre sí, mordiéndonos los pies mientras ya hay muchos españoles obligados a romper su ahorro para hacer frente a la escalada de los precios. Medio gobierno es anti-OTAN, pro-soviético de Putin, pro-Polisario… Medio gobierno es anti el otro medio. Y las dos mitades juntas son anti-España, lo peor de nuestra historia, y encima capaces de enfrentarnos a enemigos que se odian entre sí.

A ver cómo llega el invierno si, por la ineptitud gubernamental de jugar con el gas argelino nos cierran el grifo. En Marruecos, desde luego, no pueden estar más contentos: tienen el Sahara sin despeinarse, se saltan el veto del gas gracias a España y encima nos señalan Ceuta y Melilla, como el que quiere subir la apuesta. ¿La OTAN? Si hay problemas serios, se estudiará el caso.

Y contra el comunismo, cuándo

Desde los tiempos del vOTANo, ahí sigue la izquierda, con la chapita de Mili KK y Nucleares NO, gracias. Pero ahora llegando al poder por la relajación y la corrupción del lado que se suponía serio. Este es el auténtico problema.

La OTAN no tiene vida propia. Es la que nos toca con cada hornada de mandatarios miembros. Y estamos ante una que da verdadera lástima.

Nadie se atreve de veras contra el comunismo en el mundo. Se les deja llegar, hacen gracia, se les engorda, se les tiende alfombra, roja, claro. Entran por las grietas sostenibles y resilientes abiertas por el capitalismo millonarista y antiliberal de los Gates Bross, los de los filetes de goma, la ducha fría y la bici… para que los pobres salven su planeta, el de los ricos del clima, esos que miran nuestros trenes desde sus jets.

Y luego se llora a no sé qué gente muerta en no sé dónde. ¡Ah, sí, en Ucrania!, que no pocas veces la confunden con Croacia. Entonces, será estupendo que la OTAN diga muchas cosas entre almuerzo, cena, museo y copa. En realidad, esta cumbre pudo ser contra medio gobierno de España y habría resultado de lo más útil. ¡Si tenemos hasta ministros devotos de la RDA! Cada país miembro de la Alianza tiene a un potente enemigo en casa, no hace falta mirar afuera, están entrando en los gobiernos, minando las bases. En Europa, en América… nos debilitamos.

Mejor que se invierta más en Defensa, mucho mejor si Finlandia y Suecia entran en el club, y estupendo si de veras caen las telarañas militares y disuasorias de la Alianza, aunque el papel de España se limite a ser puerto de amarre de destructores estadounidenses sin mención especial para Ceuta y Melilla. No vamos a pedir que se apunten misiles contra Moscú y Pekín, evidentemente. Pero hay que deslegitimar al comunismo desde el poder, en voz alta. Sería la primera meta, la primera gran conquista. Es el mayor peligro para la humanidad.

Así que, de momento, está todo está por ver. Más todavía en España, donde Sánchez, el que sobra, se dedica al engorde de comunistas prosoviéticos de los que aprende con avidez los secretos del asalto a empresas e instituciones.

¡El Muro de Berlín, dice Albares!… el de las lamentaciones en todo caso, si no hubiera tanto antisemita fingiendo llorar.

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