Inicio Actualidad Para otra tonta de la galería

Para otra tonta de la galería

La ministra de Defensa, Margarita Robles

QS.- Voy a rescatar de nuevo el artículo de nuestro paisano Campmany, como lo hago para todos los tontos de la galería, aumentando el fruto de nuestro idioma en los sinónimos de la palabra tonto, en femenino tonta, con ocasión de unas manifestaciones sobre la venta de armas de una importante personalidad de la ejecutiva cual es que no sabía cuáles eran las características de las armas que se vendían a esta Nación y que no había sido informada en el relevo por su antecesor del contrato, pobrecilla, ¡que deslealtad más grande y que falta de seriedad en los actos institucionales¡ . Es para dedicárselo a la gilipolla, y esta vez no viene del caló por no tener pene, en español vulgar polla; en este caso la palabra gilipolla, tiene relación con su origen castizo, que explico ahora.

Posiblemente gracias a su sonoridad, en los últimos años el adjetivo «gilipollas» se ha convertido en un insulto de uso muy extendido entre los españoles. Según el Diccionario de la Real Academia Española, esta palabra es una vulgarización del adjetivo «gilí», término que designa a una persona tonta o lela y que procede del vocablo caló «jilí», cuyo significado es «inocente o cándido».

Sin embargo, el blog «Secretos de Madrid» nos desvela un posible origen mucho más castizo e interesante para esta peculiar palabra. De acuerdo con esta teoría, tenemos que retroceder hasta finales del siglo XVI, época en la que don Baltasar Gil Imón de la Mota ocupaba el cargo de fiscal del Consejo de Hacienda.
Según narran las crónicas de la época, Gil Imón aprovechaba su posición para acudir acompañado de sus dos hijas a todos los eventos y fiestas en los que se daba cita lo más granado de la sociedad madrileña. Su intención era encontrar en alguno de esos actos algún joven en edad casadera que pudiera emparejarse con sus descendientes.

El problema era que Fabiana y Feliciana, las hijas de este personaje, eran muy poco agraciadas físicamente, como lo es usted, a lo que se sumaba que poseían una inteligencia muy poco desarrollada como la demostrada en el caso que nos ocupa. Debido a las escasas dotes de las muchachas, los pretendientes no abundaban. Por ello, cada vez que el alto funcionario aparecía en una fiesta junto a sus hijas, las malas lenguas comenzaban a comentar entre sí «Ahí va de nuevo don Gil con sus pollas», palabra que era empleada en la época para referirse a las mujeres jóvenes.

De acuerdo con esta teoría, la asociación de ideas fue inevitable y, muy pronto, los personajes de la época más proclives a la sorna y el ingenio fundieron en un solo concepto la estupidez y las hijas del fiscal. Así, cuando se quería señalar que alguien parecía alelado o era corto de entendederas, se aludía a las «pollas» de don Gil Imón. De este modo, habría nacido la palabra «gilipollas» que conocemos hoy en día.
Aunque lo más probable es que este peculiar insulto posea la etimología que le atribuye la Real Academia Española, la historia de aquella pareja de hermanas poco agraciadas estética e intelectualmente sigue proporcionándole un origen mucho más romántico y acorde con el ingenio español.

A pesar de que no sabemos si finalmente consiguió el objetivo de casar a sus hijas, la figura de Gil Imón da nombre a una pequeña vía cercana a la Basílica de San Francisco el Grande de Madrid.

Decía el maestro, dedicándoselo a otro listo: “Entre el número infinito de tontos que declara la Biblia, podemos encontrar algunos tontos notorios, repetidos, famosos, clásicos. Hay el tonto del bote y el tonto de capirote, que riman, el tonto del haba y tonto de baba, que también riman, el tonto de jardín, el tonto de balcón, el tonto del pueblo, el tonto del culo, el tonto de nación, otros muchos tontos y especialmente en mi tierra descubren enseguida una clase de tonto que llaman directamente tonto del pijo y que es una de las especies más dañinas y mentecatas del género tonto. (…) Si el tonto de referencia cree que en este artículo se la llama tonto demasiadas veces y que eso puede ser síntoma de insuficiencia expresiva, le explicaré que tengo recogidas hasta quinientas veintisiete palabras con el significado de “tonto”, porque hace años preparo un diccionario de ellos, y que puedo dedicárselas cuando me dé la gana. Le dedicaré sólo algunas, que por ser palabras compuestas resultan más expresivas y divertidas: tiracantos, majagranzas, ablandabrevas, metepatas, gilimursi, giliberto, gilipollas, cascaciruelas, mediacuchara, cantamañanas, pavitonto, abreboca, boquimuelle, chuchumeco, niporesas, hazteallá, parapoco, pelahuevos, mamahuevos, pisaverde, zampabodigos, zampatortas y zampabollos, tontilindango, y añado boba, necia, simple, estúpida, mema, guanaja, ciruela, ceporra, badajo, camueso, bolonio, mastuerza, cacasena, insensata, absurda, mentecata, tontona, tontucia, tontuela, tontivana, tontiloca, inútil, gili, nulidad, babosa, ingenua, cándida, borrica, inepta, torpe, imbécil, guarnaca, lesa, mojigata, panoli, fantoche, incongruente, meliflua, ñoña, cangreja, bagatela, embarrada, frusilera, melindre, patocha, y para terminar, una que inventó mi inolvidables Cela: cagapoquito. (…)”

Esta última, en relación con el otro tonto de capirote del que hablábamos en un anterior artículo al que le habían nombrado ‘Groom of the Stool’, en español “novio de las heces”, de forma personal por el conocido Pablo I, con la finalidad de que le limpiara el ojete.