Patrice Leconte homenajea a su actor fetiche Jean Rochefort

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El pasado 9 de octubre fallecía a los 87 años Jean Rochefort, uno de los intérpretes más carismáticos del cine francés, con una carrera de más de seis décadas y más de 150 películas, dirigidas, muchas de ellas, por grandes directores como Luis Buñuel (El fantasma de la libertad), Bertrand Tavernier (El relojero de Sant Paul), Robert Altman (Pret-à-porter) o Terry Gilliam, en una versión abortada de El Quijote. Aunque fue su interpretación de Antonine en El marido de la peluquera que Patrice Leconte dirigió en 1990, la que le dio mayor fama internacional. No solo eso. Después de este éxito, actor y director volvieron a trabajar hasta en seis ocasiones más y Rochefort acabó convirtiéndose en el actor fetiche del director.

Este sábado, Leconte visitó el Instituto Francés y la Filmoteca de Catalunya para participar en el homenaje que se le brindó a Rochefort dentro de la exposición La quadratura del Cercle A, donde el director desveló que, pese a lo que podía parecer, los inicios de su relación en 1975 durante el rodaje de Les Vécés étaient fermés de l’interieur no fueron todo lo agradables que podía esperarse: “No nos entendimos nada y me dijo que me consideraba incapaz de dirigir una película, que era un inútil”, explicó Leconte.

“Cuando llevábamos una semana la cosa no había mejorado y me dijo: ‘Patrice no me hables más, no me digas nada más, estoy completamente superado y asustado por haber firmado este contrato’, lo que para mi, que era un joven que empezaba, fue un golpe muy duro”.

Pero hubo una segunda oportunidad. Fue en 1987, cuando se volvieron a encontrar en Tándem, una película con la que el cineasta quiso demostrarle “que sí era capaz de rodar” y allí “ambos nos entendimos muy bien y se inició una historia de amor profesional” que les llevó a trabajar conjuntamente en otros cinco proyectos. Según Rochefort, Tándem —la película que junto a El hombre del tren se proyectó este sábado en la Filmoteca—, era uno de los cinco mejores filmes en los que había trabajado en su larga trayectoria.

El director francés afirmó que los que más le fascinaba del actor era su “locura bajo control”. Por eso le proponía “papeles y proyectos que iban mucho en la línea de sus sueños, de su locura, lo llevaban a lanzarse, convirtiéndose en una suerte de doble mío”.

Sobre el fenómeno que fue en los años noventa El marido de la peluquera, Leconte señaló que se trata quizá de su filme “más personal, más difícil”. “Pensaba que no iba a interesar a nadie, que irían 25 personas a verlo y, en cambio, fue un gran éxito en Francia, Inglaterra, España, Italia o Japón”.