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El líder de Podemos, Pablo Iglesias, deposita sus votos en el colegio La Navata, en Galapagar, Madrid

Tomás Gómez.- El 15M irrumpió, en el año 2011, a una semana de las elecciones municipales y quebró las posibilidades de gobierno del PSOE en muchos sitios. Era el origen de Podemos que, pocos meses después de sus primeras elecciones europeas, amenazaba, CIS tras CIS, con un sorpasso al Partido Socialista.

Cuanto menor era la diferencia de voto que auguraban los sondeos, mayor era la dinámica de radicalización que experimentaba la dirección socialista. Hace tres años, era poco previsible que los morados se rompiesen en tantos fragmentos que hacen imposible su recuperación.

Ha quedado demostrado que los cinco impulsores de Podemos tenían más ambición que inteligencia y lealtad. En cuanto las posibilidades de tocar poder fueron reales, comenzaron los problemas.

Pablo Iglesias estaba dispuesto a liquidar a cualquiera que pretendiese hacerle la mínima sombra y como todos querían su sillón, han ido desfilando de uno en uno por la puerta de atrás. Después de la catástrofe de las municipales, necesitaba un chivo expiatorio y Echenique ha sido el señalado para ese papel.

La verdad de la derrota electoral es otra. Los electores cada vez confían menos en un político que ha pasado en pocos años de ser un populista demagogo, al leninismo cordobés de Anguita para terminar mendigando un ministerio a la “casta”.

No es el único. Su antiguo álter ego, Íñigo Errejón, anda desquiciado promoviendo un gobierno presidido por el PSOE en Madrid. Los podemistas se han desatado en críticas aduciendo que le hace el trabajo a Gabilondo. Errejón, que de tonto no tiene un pelo, pero tiene la ambición más hambrienta de lo normal, calla y actúa porque se ha dado rápidamente cuenta que el trabajo, o lo hace él o no lo hace nadie.

En realidad busca dos cosas: un sitio cómodo desde el que mirar la vida y demostrarle a Pablo Iglesias que es más listo que él y que consigue lo que el otro no, una silla de gobierno.

No faltan los que intentan responsabilizar de la crisis interna a Irene Montero, incluso la han bautizado como “la Yoko Ono de Podemos” porque una separó a los Beatles y ella a los cinco fundadores. Otros ponen el énfasis en la compra de la vivienda. Probablemente, ni lo uno ni lo otro, aunque todo ayuda cuando las cosas van mal.

El líder morado se ha convertido en un lastre para su partido, lo malo para ellos es que no tiene recambio en este momento.

Tuvieron un capital político enorme y un cheque prácticamente en blanco de sus votantes, lo derrocharon y lo han agotado. Lo más probable es que ni uno consiga ser ministro, ni el otro el asistente de Gabilondo en la Comunidad de Madrid, pero habrán vacunado a los ciudadanos sobre los que vienen a asaltar el cielo y a acabar con los vendidos al capitalismo. Nunca entendieron que el poder es solo un instrumento para acabar con las desigualdades, porque nunca entendieron cuál es el significado de ser de izquierdas. Podemos R.I.P.