Pop y ‘cançó’ solidarios en el Estadi Olímpic

No era un concierto pensado para mayor gloria de unos artistas, sino para arropar una causa más grande a través de un repertorio popular y fácil de compartir. Hitos de la ‘nova cançó’ y del último pop y mestizaje catalanes sonaron en un Estadi Olímpic teñido de tonos amarillos, una fría tarde de diciembre, con la mirada puesta en los políticos y líderes cívicos presos y, también, en esa caja de solidaridad necesitada de liquidez.

Apertura con un poco de humor patriótico: ese asalto a ‘Els segadors’ en versión heavy metal a cargo de A Sound of Thunder. “Bon cop de falç, sing with me!”, animando a un público que durante más de tres horas se comportó con sobriedad, lejos de la exaltación del Concert per la Llibertat del 2013. Menos esteladas, pocos gritos de independencia, tan solo clamores pidiendo “llibertat”. Eso sí, Lloll Bertran se deleitó recordando un momento de éxito del ‘procés’, el de los preparativos del 1-O. “Les paperetes on són? On són les paperetes?”, canturreó en tono burlón.

Cerrando filas

Si hay que interpretar el estado anímico del independentismo a través de las canciones, el balance es de equilibrio tenso entre el deseo de épica y un recogimiento emocional. Hubo consignas con las que cerrar filas (‘Invencibles’, con Èric Vergés, de Els Catarres), llamamientos a la acción popular vía el infalible Ovidi Montllor (‘Sageta de foc’, con David Fernàndez empuñando el imperativo ‘Junteu-vos!’ de Salvat-Papasseit) y cánticos reconfortantes llenos de buenos deseos: ‘Que tinguem sort, de Lluís Llach, por Salva Racero, de Lax’n’Busto.

Y escenas sentidas, solemnes, como ese ‘Louisiana o els camps de cotó’, que Els Amics de les Arts recrearon con el Orfeó Català; una canción que habla del reencuentro de un hijo con sus padres años después de marchar sin dar explicaciones. ¿Un mensaje en clave? Aunque más rarita fue la elección de la preciosa, pero portadora de una pesadilla, ‘L’àguila negra’, de la francesa Barbara, popularizada aquí en su día por Maria del Mar Bonet y que defendieron tres bellas voces, Judit Neddermann, Gemma Humet y Paula Valls. ¿Qué querrían decirnos?

Aun sin estar ahí, Llach planeó en el ambiente: ‘L’estaca’, ‘País petit’. Sí que tuvimos, en carne, hueso y verbo airado, a Quico Pi de la Serra, cuyo ‘Si els fills de puta volessin no veuriem mai el sol’ sonó a enmienda a la ‘revolució dels somriures’. El humor no faltó, con ese acaso tragicómico ‘Libre’ en el que voces como Josep Montero (Oques Grasses), evocaron a Nino Bravo. Única canción en castellano de la noche, por cierto.

Encauzando el clímax, la Dharma, con su mítico saxo soprano, Beth y una selección de hitos del rock catalán con Gerard Quintana, Lluís Gavaldà, Pemi Fortuny… “Camins que ara s’esvaeixen, / camins que hem de fer sols”, recordó el clásico de Sopa de Cabra. Caminos pintados de amarillo en el Estadi.

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