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¿Por qué la izquierda defiende a Hasél y la derechoide da la espalda a los patriotas de Blanquerna?

Manifestación en apoyo a los condenados de Blanquerna.

AD.- El librero catalán Pedro Varela ha estado en prisión por vender libros de temática distinta a la que puede aceptarse en nombre de la verdad democrática revelada. Se trata de uno de los casos más escandalosos, sino el que más, de ataque directo a la libertad de defender ideas y argumentos por cauces absolutamente pacíficos. Estaba cantado que la izquierda no entonaría los argumentos que suele cuando defiende el derecho a la libertad expresiva de tuiteros que ensalzan a ETA o de raperos que glosan el tiro en la nuca. No hacía falta que el PSOE sacara adelante su infame ley de memoria histórica cuando cualquier librero puede ser encarcelado por vender libros calificados como heréticos por el nuevo tribunal del santo oficio. El partido Vox, como era previsible a poco que se conozca el historial de algunos de sus miembros, dio la espalda al librero catalán en este asunto. A decir verdad, Vox da la espalda a cualquier persona que pueda comprometer su ubicuidad ideológica, como se demostró en el caso de los dos sacerdotes para los que la fiscal de odio en Málaga, María Teresa Verdugo, solicitó tres años de prisión por sostener que en algunas mezquitas de nuestro país se predica el odio al infiel.

Todos estos años, Vox se ha mostrado especialmente activo en sus denuncias contra el proceso separatista catalán y contra lo que ellos llaman el totalitarismo progre, aunque con los consabidos remilgos de quien hace virtud de la templanza. Respaldado por los mismos medios que auparon a los barandas de Podemos, Vox apunta al títere, como si el títere tuviese capacidad decisoria, y no a los que mueven los hilos del títere, verdadero poder en la sombra, lo que no deja de ser una forma bastante simple de pretender algunos cambios para que todo siga igual.

Es sorprendente, y ello demuestra el erratismo de muchos patriotas, que a estas alturas del cuento muchos se planteen la opción de Vox como las más juiciosa y fiable. Ningún dirigente de Vox se atreve a denunciar la influencia de la élite mundialista en esta gigantesca obra demoledora del humanismo y de los pueblos europeos. Ni la reversión demográfica europea y las perversiones morales en forma de leyes que están siendo orquestadas por los mismos que se oponen a cualquier cosa que tenga una raíz espiritual y una razón trascendente. Izar la bandera del cambio para que todo siga igual, acercarse a la verdad para terminar abominando de ella, apostrofar contra el caballo de Troya y lisonjear a Epeo, su capintero, nos parece la forma más repugnante de estar en política. A las pruebas nos remitimos: ni una sola mención de Vox, ni una palabra de apoyo, a ese grupo de patriotas que está a punto de entrar en prisión por hacer acto de presencia en la librería «Blanquerna», la guarida madrileña del separatismo catalán decidido a terminar con la unidad de España, sin más armas que banderas de España y al grito ‘subversivo’ de “no nos engañan, Cataluña es España”. Tras dos minutos de confusión en los que solo hubo algún desperfecto en el mobiliario del local y más de un empujón, se marcharon de allí y salieron a la calle. Ahora les espera una temporada entre barrotes.

¿Por qué la derechoide española da la espalda a los patriotas de Blanquerna? Quizás porque partidos como Vox fueron diseñados para eso, o porque no se puede escapar de las garras del sistema porque entonces el sistema te elimina. Una prueba de que ese movimiento ya no es tal y que ha perdido toda referencia a sus orígenes está en el desdén con el que trata a las personas que, contra viento y marea, sí permanecen fieles a su principios patrióticos, como los 14 de Blanquerna. Ignorados y olvidados completamente por esta nueva casta que enarboló la bandera española para afianzarse como fuerza política y que una vez que pasan a formar parte del engranaje del sistema dan la espalda a los que pierden la libertad por defender su Nación, por defendernos a todos. Así se las gasta la derechita valiente.

Si en su juventud, Santiago Abascal hubiera podido elevarse por encima de la corruptora influencia del partido al que hoy critica; si hubiera renunciado a los miles de euros percibidos en su etapa de diputado en el parlamento de Vitoria, demostrando así su ejemplar rechazo al modelo autonómico al que hoy se opone; si no hubiese tenido en el vividor Vidal Quadras a uno de sus principales mentores; si no contara con el respaldo de medios que nunca prestarían cobertura a los enemigos políticos del Sistema; si no hubiese hablado de “combatir la demonización en España del estado de Israel”; si alguna vez denunciara a los promotores de la llegada de gente de todos los colores en territorios europeos; si alguna vez hablara desde las esferas de la fe y la emocionalidad para denunciar la “liquidación étnica” que está sufriendo Europa; si alguna vez apuntara a la élite global que está destruyendo los valores de la civilización occidental, al eliminar el heroísmo de la ecuación, el amor por la mujer, por la tierra natal, por la razón antropológica de ser y de existir, por los hijos, por la divinidad y por cualquier cosa que nos represente, entonces, sólo entonces, percibiríamos a Santiago Abascal como uno de los nuestros y como un político merecedor de nuestra confianza.

Conocemos la estúpida fijación de Vox por no ser identificado como extrema derecha, para lo cual, como ha sido apuntado, incomparecerá, o comparecerá de puntillas, en la batalla de la memoria histórica. Vox tampoco se moja en la defensa del legado de Franco. Sus dirigentes tienen el mismo miedo que los del PP a sufrir los mismos mantras que lanza la izquierda contra la verdadera disidencia. Es decir, pretenden entrar en liza electoral, disfrazados de derecha identitaria, pero aceptando las condiciones del totalitarismo ideológico de la izquierda, siendo la renuncia a defender a los 14 patriotas de Blanquerna una de ellas. Mientras la izquierda defiende sin complejos a sus titiriteros, sus blasfemos, sus asaltacapillas, sus manteros ilegales y sus navajeros, como el que segó la vida de un hombre en Zaragoza por llevar tirantes con la bandera española, Vox ignora a los que están a punto de entrar en la cárcel por perturbar con sus gritos patrióticos el aquelarre separatista de Blanquerna. En el fondo acreditan esos complejos ideológicos que están en el ADN de la derecha liberal, de la que procede la mayoría.