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Por un Peñón de libras

El problema de Gibraltar metafóricamente hablando es comparable a la primera película del spaghetti western “Por un puñado de dólares”, dirigida por Sergio Leone e interpretada por Clint Eastwood, un caza-recompensas llamado Joe que llega a un pueblo en la frontera de México y los Estados Unidos, donde reina la confusión y abundan los bandidos. En este pueblo, dos familias, los Rojo y los Baxter, se disputan el control del pueblo y se dedican al tráfico de alcohol y a la venta de armas con la ayuda de sus mercenarios, esbirros, y el sheriff .

Durante la película, Joe se dedica a sacar dinero de ambos bandos haciéndoles trabajos a cada uno, sin que el otro bando se entere.

Y es comparable porque en Gibraltar pasa algo parecido aunque en un contexto distinto y real, se disputan su soberanía dos países. Gran Bretaña, no el Reino Unido, y España, y el primer ministro de Gibraltar, Joe Picard hace un papel como el del shérif que entiende la ley como un instrumento para el beneficio particular.

Pero además el Peñón es un lugar donde la ley se salta a la torera, y no creo que sea por la influencia de Andalucía, si no porque imperan mafias de contrabandistas que trafican con drogas, tabaco, y sabe Dios que más, y donde el dinero no encuentra problemas al tratarse de un paraíso fiscal, que no es admisible en una Europa unida y moderna, y que dejan en evidencia estos términos.

Dejando a un lado la metáfora, figura literaria que da mucho juego, y centrándonos en la realidad histórica rigurosa, el Peñón se cedió a los ingleses con la firma del tratado de Utrecht en 1713 después de finalizar la Guerra de Sucesión Española. Este Tratado dice que se cede a la Corona de Gran Bretaña la plena y entera propiedad de la ciudad y castillos de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenece.

Sin embargo, hoy en día la definición del territorio cedido es objeto de disputa en lo que se refiere a la tierra, el espacio aéreo y el mar, precisamente porque el tratado establecía que la propiedad se cedía «sin jurisdicción territorial y sin comunicación abierta con el país circunvecino por parte de tierra».

Esto quiere decir que, aunque el Reino Unido tiene un título válido de soberanía, habría que resolver el problema de su alcance territorial, pues en el artículo X del Tratado de Utrecht no se establecía una línea fronteriza, ni posteriormente se realizó una demarcación. Decía que eran británicos la Ciudad, el Castillo y las edificaciones agregadas en 1704. Pero ¿qué ocurre con las ampliaciones del terreno que se llevaron a cabo en años posteriores? España ya mostró su oposición a la presencia británica en la lengua de tierra y objetó la construcción del aeropuerto en 1938, pues se encontraban fuera de la demarcación establecida en Utrecht.

En los últimos tiempos, la gran obsesión del Gobierno británico ha sido consagrar que las aguas que rodean el Peñón son de soberanía inglesa, algo que España no acepta, porque en Utrecht sólo se cedieron las aguas del puerto de Gibraltar.

El tercer pacto establecido en Utrecht es el más importante, ya que aludía a que España tiene prioridad para dar por terminada la cesión si Gran Bretaña intentara «dar, vender o enajenar de cualquier modo la propiedad de Gibraltar». En este sentido, el Gobierno británico ya ha decidido «enajenar» su colonia. Obviamente no a una potencia extranjera, pero sí a la población del Peñón mediante las ambiguas concesiones que se les ha hecho.

La reforma de la Constitución de Gibraltar de 2006 introduce el derecho de autodeterminación de los gibraltareños. Si hiciéramos caso al Derecho Internacional e interpretáramos correctamente el artículo X del Tratado de Utrecht, la cesión de España habría terminado y tendría que recuperar los derechos soberanos sobre el territorio cedido.

Y ahora con la firma del Brexit, tratado de Retirada del Reino Unido de la Unión Europea, esta nos ha intentado meter un gol con el artículo 184, que habla de las negociaciones sobre la relación futura entre Bruselas y Londres, y que pone en riesgo las aspiraciones españolas sobre Gibraltar. La Abogacía del Estado detectó que el artículo 184 plantea problemas para la posición española. Más por lo que omite que por lo que dice. No habla de Gibraltar. No especifica que cualquier acuerdo futuro entre la UE y Reino Unido no se aplicará al Peñón a menos que España haya dado previamente su consentimiento. Esta es la posición que tanto el Gobierno de Sánchez como el de Rajoy han venido defendiendo desde el principio de las negociaciones del Brexit.

Pedro Sánchez amenazó con votar en contra del brexit y llevó el pulso hasta el final que decidió desbloquear el acuerdo del Brexit tras recibir una “triple garantía” de tipo político, con tres compromisos por escrito, incluida una Declaración de los Veintisiete y de la Comisión, de que cualquier negociación futura sobre Gibraltar tendrá que contar con el visto bueno previo de España.

El presidente español forzó la máquina y logró arrancar una declaración de los Veintisiete y la Comisión en la que se comprometen a no negociar jamás un acuerdo con Reino Unido que incluya Gibraltar. Además, la negociación de los futuros acuerdos que afecten al Peñón requerirá inexcusablemente el visto bueno previo de España.

También una carta del Gobierno británico deja claro que el artículo 184 no puede ser interpretado de una manera que permita negociar a Reino Unido nada que tenga que ver con Gibraltar directamente con la UE, algo inaceptable para España.

No obstante Theresa May afirmaba en la cámara de los Lores que la posición de Gran Bretaña sobre Gibraltar no había cambiado para nada, mientras Pedro Sánchez se mostraba satisfecho, y los euroescépticos atacaban a la primera ministra británica por sus supuestas cesiones y Pablo Casado, líder de la oposición española, hablaba de “humillación histórica”, ya que los juristas del PP afirman que la triple garantía conseguida por Sánchez no tiene ningún valor ante un tribunal, y por el contrario los juristas socialistas afirman que si, y que nunca antes se había logrado algo igual.

Al margen de la controversia entre PP y PSOE del valor jurídico de la triple garantía, yo concluyo que Gran Bretaña han incumplido el tratado de Utrecht como ya dije y quedo demostrado, por tanto Gibraltar según el derecho Internacional debe pasar a soberanía española, y los ingleses deben asumir su spaghetti brexit, y los españoles debemos dejar atrás el spaghetti western. Ni “Por un puñado de dólares”, ni “Por un Peñón de libras”, ni tampoco “Por un Peñón de pesetas” si no “Por un Peñón de euros”.