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Precariedad en los contratos, ¿por qué?

Cualquiera puede tener su teoría sobre la precariedad laboral, y todas muy respetables. Mi opinión desde el punto de vista del pequeño empresario es la siguiente:

El trabajador o empleado eficiente (el no eficiente dura poco) nunca ha de tener temor por su empleo en una pequeña o mediana empresa que tenga buena salud económica. En efecto, el empresario sabe que esa persona es un activo de su empresa y, por tanto, ya se guardará mucho de tratarlo y remunerarlo adecuadamente para que no se marche a la competencia o busque otro trabajo. Además, 50 euros más al mes es razón suficiente para que, con rapidez, un empleado cambie de acera, y eso el empresario lo sabe y el trabajador también.

Lógicamente, el empresario, por la buena gestión de su empresa, aprovechará todas las deducciones posibles para reducir los costes de personal y, al final, todo contrato beneficioso en ventajas fiscales termina siendo un contrato fijo. Por otra parte, el empresario también habla con el empleado eficiente para que esté tranquilo por su futuro.

¿ Por qué hay precariedad en los contratos? Por experiencia propia, se puede afirmar que cuando un empleado, que tiene una cierta antigüedad en la empresa, decide irse voluntariamente (cambio de residencia, embarazo en el caso de empleadas, emprender un nuevo negocio, etc.), además de percibir su finiquito normal, pretende que se incluya en su liquidación la cantidad que le correspondería, teniendo en cuenta su tiempo de permanencia, como si fuera un despido injusto. Con ello, intenta recibir una cantidad de dinero que no le corresponde y, encima, cobrar el desempleo. En muchos casos, gestionan el cobro del desempleo de golpe para iniciar una nueva actividad, amparándose en esta posibilidad de la ley. En esos momentos es cuando llegan los problemas para el empresario, porque donde antes había un trabajador ejemplar, ahora hay un enemigo. Este enemigo recurre a la amenaza de desvelar los secretos de la empresa, se da de baja por depresión o denuncia que sufre “bullin” empresarial. Es relativamente fácil ir al médico, contarle el cuento de Caperucita roja, sollozar con lo mal que le tratan en el trabajo, y, al final, consiguen la baja. En tal situación, fuerzan al empresario a iniciar una negociación para conseguir unos fondos que no son justos. Es un chantaje en toda regla.

Además, el gran problema de estas situaciones es que el juez laboral que interviene en tales casos, en un porcentaje muy elevado de sus resoluciones, se inclina por el trabajador, la “parte teóricamente más débil”. De esta manera, el empleado desleal hace caja, que se incrementa por los salarios atrasados que se devengan mientras se resuelve el procedimiento, con lo que al empresario le saca lo que no tiene, que no pertenece al rufián. Muchas veces, este llamado empresario es un modesto autónomo con dos empleados.

Este pequeño relato es tan real como la vida misma, y lo conoce perfectamente cualquier empresario, pequeño, mediano o grande. Ahora comprenda el lector por qué no hay más contrataciones indefinidas y la razón de que haya tanta rotación en los empleos.

En los Estados Unidos hay despido libre (no digo que sea justo). Pero con tal proceder no hay prácticamente paro (el 3,6 % inevitable, en Abril 2019), el trabajador eficiente no teme perder su puesto de trabajo, y el empresario no sufre que le saquen las entrañas injustamente. ¡ Lo que sucede en España es insólito !

Si a los agravios anteriores, se le suma el coste de los impuestos, directos e indirectos, que se paga por cada trabajador, se comprende por qué hay tanto contrato precario. Este es el enigma que muchos políticos, ignorantes del mundo de la empresa, no entienden o desconocen.