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Premio a la delincuenta

Delincuenta no existe en el diccionario, pero en los términos del feminismo de género radical, violento y misándrico, se entiende muy bien. Me refiero al caso de Juana Ribas quien ha escondido a sus hijos en España incumpliendo una orden judicial italiana lo que lo convierte en un secuestro internacional de menores , inadmisible desde cualquier punto de vista.

Una madre, desequlibrada, emocionalmente inestable y llorando, ha conmovido hasta al presidente Mariano Rajoy quien, en una habitual tropeza suya, ha declarado que hay que “comprender a la madre y después todo lo demás”. Es que Juana Ribas es muy española, mucho española. La Junta de Andalucía, la delegada de igualdad del PSOE y hasta Susana Díaz también la han apoyado, contumaces, a esta mujer mentirosa, que no debería llamarse madre porque en nada cuida ni quiere a sus hijos si es capaz de sustraerlos a su padre en razón de sus creencias infundadas o sus propios intereses personales

Lo peor de todo es el flaco favor que se le hace a la justicia cuando nuestros políticos son capaces de desautorizarla flagrantemente, amparando al delincuente y desprotegiendo a sus hijos. El feminismo de género ha contaminado a todos los ámbitos de la sociedad y cualquier agresión en que salga herida la mujer, física o psicológicamente, ya es violencia de género. Es hora de revisar el enorme daño y el costo social y emocional que tienen en las personas las acciones equívocas de nuestros dirigentes irresponsables.