Pronto tendremos estrellas fugaces por encargo

En las templadas noches de verano, todos los que hayan sido jóvenes inmersos en las primeras experiencias románticas, deben haber pensado al menos una vez: “si sólo pasara una estrella fu-gaz en este momento su corazón sería mío”. Tal vez la ciencia haya encontrado una solución a esta frustración y pronto tendremos estrellas fugaces por encargo.

La compañía japonesa Ale ha puesto en marcha un programa, llamado Sky Canvas, con el que se podrán reservar las estelas para que aparezcan en el momento y lugar fijados, un alivio para aquellos que tienen muchos deseos que pedir y poco tiempo que esperar con la cabeza hacia arriba. Las empresas o los particulares podrán solicitar una estrella o incluso una lluvia de meteoros personalizada.

Un satélite, fábrica de estrellas

A principios de 2019, Ale lanzará un micro-satélite, un cubo de poco más de medio metro por lado, a unos 500 kilómetros de la Tierra. Una vez en la órbita, el satélite recreará el fenómeno del enjambre cósmico, lanzando unos pellets especiales hacia la atmósfera. Los satélites contienen unos 300 falsos meteoritos y se pueden controlar de forma remota. Al liberar su carga, ésta entra en contacto con la intensa fricción de la atmósfera y se enciende como una estrella fugaz.

Los pellets están hechos de varios elementos como litio, potasio o cobre y, variando su composición, puede dar como resultado estrellas de diferentes colores. De hecho, según el pedido del cliente, se podrán determinar el color, el tamaño y la duración (de cinco a diez segundos) de la estela.

Ensayo con vista en los Juegos Olímpicos

El satélite se lanzará con un cohete desde Australia. De ahí soltará encima de Japón los pellets, que tardarán unos 15 minutos en caer sobre Setuchi, en el área de Hiroshima, y comenzar a arder. La zona de Hiroshima fue elegida porque, según los organizadores, es muy popular, el paisaje es agradable y los cielos son siempre muy claros, que es también la razón por la que fue escogida por los estadounidenses en 1945 para un lanzamiento mucho más dramático.

La compañía asegura que las luces brillantes serán visibles hasta a 100 kilómetros de distancia. Si este primer ensayo funcionará, es muy probable que se repita también durante las ceremonias de apertura o clausura de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

La idea surgió el 18 de noviembre de 2001, cuando la entonces estudiante de astronomía Lena Okajima presenció por primera vez a la lluvia anual de meteoros Leónidas desde las montañas cercanas a Tokio. Lo que vio esa noche, miles de estrellas fugaces surcando el cielo invernal, la cautivó y trazó su camino durante la siguiente década.

En 2011, Okajima fundó la Ale Co., cuyo objetivo desde el principio fue armar lluvias de estrellas fugaces artificiales. “Hay muchas personas a las que les gustan las estrellas fugaces, pero a menudo hay que subir a las montañas y congelarse para poder ver algo”, explica a Newsweek Rie Yamamoto, director de estrategia global de Ale. “Con nuestras estrellas, podrás ir a un restaurante o al bar de la azotea y disfrutarlo con una cerveza en la mano”.

Un desafío técnico y científico

A pesar de su reputación mágica y romántica, las estrellas fugaces son simples pedazos de desechos espaciales, de unos pocos centímetros de espesor, que atraviesan la atmósfera de la Tierra y se acaban quemando en unos pocos segundos. El desafío más complejo de Ale será liberar los pellets a la altitud correcta y en el momento adecuado, porque es muy difícil predecir el instante del ingreso en la átmosfera y en qué punto comenzarán a arder.

Okajima asegura que ya pueden descargar el material a la velocidad y ángulo deseado, sin embargo, permanece cierta preocupación por la introducción de más objetos en la órbita terrestre, que ya atascada de ‘basura espacial’. La Royal Institution de Londres ha contado hasta 20.000 detritos de un tamaño que puede variar del de una manzana al de un autobús.

La intención es que este proyecto no solo entretenga, sino que también contribuya a una mayor comprensión científica

Por ello, la intención es que este proyecto no solo entretenga, sino que también contribuya a una mayor comprensión científica de cómo es la atmósfera superior de la Tierra y cómo objetos, como los satélites fuera de servicio, pueden volver a entrar de manera segura. El coste de desarrollar y enviar el micro-satélite a la órbita es de aproximadamente 8,2 millones de dólares y el coste de una sola estrella fugaz artificial de unos 8.200 dólares.

Okajima dijo a AFP: “Hoy en día la gente suele mirar hacia abajo en sus móviles, quiero que vuelvan a mirar hacia arriba”. El objetivo principal es pintar el cielo nocturno de estrellas fugaces, sobre todo en ocasión de grandes eventos al aire libre y celebraciones. Japan Airlines, que es uno de los patrocinadores de la sociedad, incluso planea realizar vuelos especiales para que los pasajeros puedan ver mejor el espectáculo de luces.

Eso sí, dado su precio, es posible que las estrellas fugaces por encargo acaben atascando los cielos de Dubái, pero las veladas veraniegas en los pueblos deberían poder conservar el encanto que reside precisamente en la impredecibilidad y en esas esperas que muchas veces acaban sin recompensa.

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