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Propiedades de las semillas de cáñamo y beneficios para la salud

Las semillas de cáñamo tienen un amplio abanico de beneficios y propiedades para la salud que merece la pena tener en cuenta. Cuentan con todos los aminoácidos y ácidos grasos esenciales para que el organismo funcione correctamente.

Además, sus proteínas son muy fáciles de digerir. Así, las semillas de cáñamo son de gran ayuda para fortalecer el sistema inmune, aportando una gran vitalidad.

Propiedades de las semillas de cáñamo y sus beneficios para la salud

Aportan energía: estas semillas son muy ricas en proteínas vegetales, así como en grasas saludables y magnesio. Es por ello que proporcionan una gran energía tanto a nivel físico como mental.

Reducen el estrés: los expertos señalan que el estrés es una de las principales enfermedades del Siglo XXI. Las semillas de cáñamo, gracias a su contenido en proteínas y magnesio, disminuyen el estrés y la tensión muscular. El magnesio es un nutriente muy beneficioso para relajar el sistema muscular.

Evitan el envejecimiento: las semillas de cáñamo son una buena fuente de antioxidantes y ácidos grasos como el Omega 3 y el Omega 6. Así, son muy beneficiosas para evitar el envejecimiento prematuro tanto de la piel como de las células. Además, fortalecen de forma notable el sistema cardiovascular.

Reducen la inflamación: tales semillas vegetales alivian en gran medida los síntomas propios de enfermedades inflamatorias como la artritis, entre otras.

Regulan el tránsito intestinal: una de sus principales propiedades es que son muy ricas en fibra. Así, ayudan a regular el tránsito intestinal, evitando determinadas enfermedades como el estreñimiento. Además, las grasas que contienen hacen que tengan una ligera capacidad laxante. Es por ello que se recomienda el consumo de este tipo de semillas a aquellas personas que sufren estreñimiento de forma habitual.

Hay quienes señalan que el sabor de las semillas de cáñamo es muy similar al de las almendras. Se pueden consumir tanto crudas como en forma de aceite. También hay personas que las toman como harina, añadiéndolas a masas para elaborar diferentes recetas como pan o bizcocho.

No se recomienda el consumo en niños pequeños, embarazadas ni lactantes. No se han realizado estudios que determinen sus contraindicaciones, por lo que es mejor evitar riesgos.