Quartett muestra su demoledora fuerza en el Liceo

“Violenta, sexual, blasfema y sin piedad”. Así define el compositor italiano Luca Francesconi su ópera en un acto Quartett, y no se queda corto. Su estreno en España, el miércoles en el Liceu, revalidó el éxito internacional que esta dura y provocadora ópera, basada en la adaptación del dramaturgo Heiner Müller de Las amistades peligrosas, viene cosechando por donde pasa desde su estreno en 2011 en la Scala de Milán. La hábil partitura, escrita para soprano, barítono, una orquesta de cámara en el foso, una gran orquesta y coro fuera de escena, y electrónica en vivo y pregrabada, sacude al espectador en un formidable montaje de La Fura dels Baus firmado por Àlex Ollé.

Quartett, de Luca Francesconi. Robin Adams, Allison Cook. Sinfónica del Gran Teatre del Liceo. Escenografía: Alfons Flores. Vestuario: Lluc Castells. Iluminación: Marco Filibeck. Vídeo: Fran Aleu. Informática musical: IRCAM. Dirección de escena: Àlex Ollé. Dirección musical: Peter Rundel. Producción: Teatro alla Scala. Liceu. Barcelona, 22 de febrero. Estreno en España.

Con más de 45 funciones en su haber y tres producciones distintas – a partir del éxito del montaje furero en la Scala, Quartett ha mostrado su fuerza transgresora en Amsterdam, Lille, Lisboa, Londres, Buenos Aires, Malmö y, ahora, Barcelona-, la obra de Luca Francesconi (Milán, 1956) es uno de los títulos operísticos estrenados en el siglo XXI más representados en el mundo.

Hay afán provocador, convicción en el futuro multimedia de la ópera y voluntad transgresora, empezando por la dureza del libreto, del propio compositor, escrito en inglés aunque mantenga el título alemán del texto de Müller, un implacable retrato de la decadencia de una sociedad burguesa que vive fuera de la realidad.

La ópera, en un acto dividido en doce escenas y un epílogo, dura poco más de ochenta minutos, y concentra la tensión interpretativa en dos cantantes que, en un singular cambio de roles, se desdoblan para dar vida a los cuatro personajes creados por Pierre Choderlos de Lacros en Las amistades peligrosas: el vizconde de Valmont y la marquesa de Merteuil, antiguos amantes, y las víctimas de su juego perverso, Madame de Tourvel y Cécile de Volanges, una joven virgen.

Como autor experimentado, con otras ocho óperas en su haber, Francesconi ha perfeccionado los resortes multimedia que le permiten mostrar tres niveles de lectura sonora a los que Álex Ollé da un tratamiento teatral admirable. Los personajes viven su descenso al infierno encerrados en una caja-bunker suspendida en medio del escenario. Un vídeo de ellos mismos observándose abre el espacio a lo que piensan e imaginan, mientras que un tercer nivel sitúa al espectador en una ciudad; de hecho, convierte en voyeur a quien los mira.

Desde su estreno, el barítono escocés Robin Adams y la mezzosoprano también escocesa Allison Cook han sido los únicos y excepcionales intérpretes de la pareja protagonista, personajes que en la película de Stephen Frears encarnaron John Malkovich y Glenn Close. Superan un reto vocal agotador: la ópera es una sucesión de monólogos y diálogos -el lenguaje es soez; también los gestos; el texto no es precisamente un cuento idílico-, en los que exploran los más exigentes registros y técnicas vocales, desde el lirismo turbador de tintes expresionistas al jazz, el recitado y, en el caso del barítono, el falsete.

También la parte instrumental contiene hallazgos en el tratamiento tímbrico y la fusión de planos sonoros; la orquesta del foso acompaña a los cantantes en su bunker, aislados en una prisión emocional, mientras que las voces pregrabadas nos transmiten los sueños y pensamientos de los personajes; la tercera capa, con una grabación de la orquesta sinfónica y el coro tratada electrónicamente, ofrece una mirada más amplia y peligrosamente reconocible en nuestro presente.

Partitura dura, compleja y árida, hábil en la mezcla de técnicas y lenguajes musicales diversos, con el sello del IRCAM (Instituto de Investigación y Coordinación Acústica de París) en el uso de herramientas digitales que tratan, mueven y distorsionan el sonido orquestal y transforman la materia vocal. No es fácil la concertación, lo que hace aún más notable la precisa dirección musical de Peter Rundel.

Apenas se escucharon en el Liceo algunos pitidos en contra, casi una anécdota en un mar de aplausos, situación poco habitual en un teatro tan poco habituado a la creación contemporánea. Bravo, pues al coliseo de la Rambla, que en la temporada pasada acogió el estreno en España de la maravillosa Written on skin, de George Benjamin y ahora renueva su apuesta por los autores vivos con esta inquietante y turbadora ópera de Francesconi. Que siga la racha.

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