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«Que dejen a los muertos en su sitio»

La fecha de ayer y de hoy, el día de Todos los Santos y de los Difuntos –respectivamente– no ha pasado desapercibida en el Valle de los Caídos para aquellos nostálgicos y curiosos que se acercaron el jueves y que hoy probablemente lo harán al mausoleo. Y es que, podría decirse que nos encontramos ante el último 1 de noviembre en el que los restos de Francisco Franco descansen en el Cuelgamuros si es que el Gobierno consigue la argucia legal para trasladar el cadáver. Todo, contando con la oposición de la familia al movimiento del Ejecutivo, y que, sigue defendiendo que sería el panteón que conservan en la Catedral de La Almudena, el lugar deseado para la inhumación.

Durante la jornada de ayer, la carretera de Guadarrama fue transitada por multitud de coches con dirección al Valle. Es más, si ibas de tres a cinco de la tarde la entrada era gratis. «Es el día del espectador», decía con sorna uno de los trabajadores del centro. Una vez frente a la cruz de 150 metros que preside la basílica, y tras esperar la cola de la entrada y el cruce del arco detector de metales, en la nave principal avanzaban grupos de personas con destino al altar donde se encuentra la tumba del dictador y de José Antonio Primo de Rivera. Si ya es habitual dirigir el paso directamente hacia la tumba de Franco, ayer el motivo era mayor. Frente a su lápida se agrupaban hasta 15 ramos de flores ataviados con los colores de la bandera de España. Las rosas, en su mayoría, también rojas y amarillas. En la de Primo de Rivera, al menos diez. Los comentarios más sonados hacían referencia a los garabatos que el artista Enrique Tenreiro pintó sobre la tumba el miércoles. «No hay ni rastro», «me hubiese gustado ver la pintura» o «que rápidos han sido en limpiar la lápida» eran algunas de las frases que varias personas hacían al llegar. En cuanto a la polémica por la exhumación, Eugenio, de 65 años argumentaba que a «los muertos hay que dejarlos en su sitio» porque la guerra ya ha acabado. Era la tónica general de ayer en el Cuelgamuros. Muchos repetían la visita, otros no querían perderse el tiempo festivo para visualizar por primera vez, y quien sabe si por última la tumba de Franco en el Valle de los Caídos. Una familia al completo, trataba de explicar a sus hijos de cinco, ocho y doce años, la historia que rebasaba a la lápida. «No me molesta que Franco esté aquí enterrado, nos cuesta explicar a nuestros hijos la historia de España porque en el colegio a veces no cuentan la historia tal como es», aseguraba Laura, madre de tres hijos.

Mientras, en el centro de la capital, la catedral de La Almudena vivió un día más atípico de lo habitual. En el día de Todos los Santos, muchos ciudadanos acudieron a rendir homenaje a sus seres queridos, pero también a visitar el complejo y llenar de flores rojas y amarillas la tumba de Carmen Franco Polo. En caso de que los restos de Franco se trasladen al templo, las opiniones que este diario recogió son dispares. A Pepa le parece «estupendo que la familia le entierre dentro porque para ello pagaron un nicho». Además, valora que «al igual que se estudian a La Pasionaria o a Carrillo, hay que saber quién fue Franco, ya que hizo cosas buenas». Un gaditano de visita en Madrid añade a este comentario que «sería muy positivo para el negocio: la gente pagaría por entrar aquí a verle». Pero también hay gente que no apoya el deseo de la Famila Franco. Una mujer, por ejemplo, no entiende «por qué en plena democracia existe un monumento a un dictador y, menos aún, cómo se puede plantear enterrarlo en La Almudena».