¿Qué se lleva un gato de vacaciones? Esta es la maleta de ‘Mía’

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Por eso planificamos las vacaciones juntos. Si me voy de Madrid más de tres días y no es por trabajo, me la llevo conmigo. Si es un fin de semana o un puente largo, siempre hay algún amigo que se acerca por casa y pasa un rato con ella, leyendo el periódico. Incluso, si tengo mucha suerte, algún amigo me pide la casa ese fin de semana, y entonces ya me quedo hipertranquilo, porque sé que va a dormir acompañada (preocupaciones de padre gatuno primerizo) y que va a haber bullicio por la casa, que es lo que le gusta a ella.

¿He oído maleta?¿He oído maleta?

Pero si me voy más días, me la tengo que llevar. Principalmente porque la gata es mía y no puedo pedirle a nadie el compromiso de que se pase tantos días por mi casa. Pero, sobre todo, porque la echo de menos. Me pasa a veces que estoy en Oviedo, en casa de mi madre, y me siento extraño al despertar porque no aparece de repente de un salto.

Aquí 'Mía', sugiriéndome que debería leer ella antes que yo EL PAÍSAquí ‘Mía’, sugiriéndome que debería leer ella antes que yo EL PAÍS

Éste será nuestro segundo verano juntos y, como ya nos vamos conociendo, las cosas van bastante fluidas. Soy consciente de que tendré que hacer la maleta a escondidas, y de que cada vez que me mueva a por algo de ropa, tendré que cerrar la puerta o cerrar la maleta. De otra forma, nada más llegar al destino tendría que poner la lavadora con toda la ropa, para quitar los pelos. No hay nada que le guste más a Mía que una maleta. Bueno sí, una maleta a medio llenar. Porque así puede transmitir sus pelos tanto a la ropa del fondo como a la que vendrá después. Son trucos de maldad felina que uno entiende con el tiempo. A veces pienso que en los controles de equipaje de aeropuertos y estaciones deberían tener un equipo de gatos apostados sobre las máquinas. Son más fiables inspeccionando maletas que los rayos X.

'Mia', decidiendo que el ordenador no cabe en la maleta.‘Mia’, decidiendo que el ordenador no cabe en la maleta.

Y luego está el asunto nada baladí de la maleta de Mía. Porque sí, Mía también tiene maleta. La primera vez que me vieron aparecer con una bolsa y expliqué que era la maleta de la gata, mis amigos se partieron de risa. Pero es que un viaje de un gato es una cosa muy seria, porque son muy especialitos. Y hay varias cosas que no pueden faltar. En el caso de mi gata no puede faltar su cojín (juro que no me atrevo a lavarlo, no vaya a perder sus poderes mágicos de atracción y somnolencia), la pluma con la que juega, un par de pelotas que botan sin lógica física alguna, el Felliway y el peluche de turno. ¿Y vosotros, qué metéis en la maleta de vuestros gatos?