“¿Qué son todas esas banderas?”

Las preguntas revelan mucho de los ojos que observan. Pero, también, de lo observado. En octubre de 1988, la reina Isabel II de Inglaterra y el duque de Edimburgo desembarcaron en Barcelona en su primera visita oficial a España para pasear por las mismas calles y edificios que estos días, en pleno procés, recorren —salvando las distancias— miles de turistas. Después de una intensa agenda, las autoridades organizaron un besamanos en el Palau de la Generalitat, por donde empezaron a desfilar decenas de personas, hasta que le tocó el turno a Celestino Sánchez, del Partit dels Comunistes de Catalunya (PCC). Marta Ferrusola, esposa del entonces presidente Jordi Pujol, se lo presentó al duque como “comunista”. Este, sorprendido por la presencia allí de un político de esta ideología, lo miró de arriba abajo. Se paró unos segundos a pensar. Y soltó su pregunta: “¿Es usted comunista?”. “Ah, por eso no lleva corbata. Yo le regalaré una”, añadió. Él mismo fabricó su respuesta.

Como los monarcas británicos hace ya casi 30 años, los extranjeros aterrizados en Cataluña buscan estas semanas las claves de la actual realidad local. Y, ante tal propósito, los guías turísticos se han convertido en uno de sus principales recursos para tratar de comprender el conflicto que ha agitado a todo un país, que ha movilizado a cientos de miles de ciudadanos y que los periódicos de medio mundo han llevado a sus portadas. “Mis clientes, la mayoría de habla alemana pero también americanos, están muy interesados en lo que pasa. Vieron las fotos de la violencia del 1 de octubre y preguntan mucho”, se arranca Romina, integrante de Aguicat (Associació de Guies de Turisme Habilitats per la Generalitat de Catalunya). “El domingo [cuando se celebró la manifestación de Societat Civil Catalana], he tenido que llamar la atención para no perder al grupo porque querían ir a tomar fotos. Y, cuando subimos a las terrazas de la Pedrera, solo querían sacar fotos de la marcha de abajo”, continúa su compañera Marie.

Pero, ¿qué les llama la atención? “Nos preguntan mucho por las banderas. ‘¿Qué son todas esas banderas?’, nos dicen”, relata Jaime Burgada, de Unica BCN, sobre el primer gran impacto visual que recibe un foráneo al llegar aquí: miles de enseñas colgadas de balcones y ventanas. “¡Claro, vienen y ven esteladas, senyeras, banderas de España, de la Barceloneta, del Barça…!”, enumera este guía turístico que trabaja en la capital catalana. En 2016, según las cifras del INE, más de 17 millones de visitantes pisaron esta comunidad autónoma.

“Los americanos y australianos son los que menos se enteran de la situación, pero tienen mucha curiosidad. Los franceses vienen ya con conocimiento previo de los movimientos políticos y sociales”, explica una guía. “Los estadounidenses e irlandeses se muestran muy comprensivos [con el procés]. Y los filipinos están indignados con los españoles, porque dicen que tratan a los catalanes como les trataron a ellos”, continúa María Jesús, también de Aguicat, a la que sigue su compañera Agnès: “Los franceses son los que más simpatizan con el Estado y menos comparten las reivindicaciones independentistas”. Y remacha Joan Coll, director de CultRuta, un negocio focalizado en el mercado local: “Nuestros clientes residen principalmente en la provincia de Barcelona. Pocos preguntan o comentan. Hay mucha prudencia en hablar con un guía o compañero porque no sabes cómo lo está viviendo”.

Un mercado en alerta tras el 1-O

  • El negocio extranjero. Los hoteles de Barcelona recibieron 5,3 millones de turistas en los primeros ocho meses de 2017, según los últimos datos del INE. De ellos, el 80% procedían de fuera de España.
  • Una carta. El gremio de hoteles ha intentado tranquilizar a los visitantes que llegan estos días a la capital catalana y han empezado a dejar cartas en las habitaciones para intentar calmarlos. “Los problemas que se han vivido en los últimos días son proyectados al exterior con una imagen que los hace parecer más graves y más grandes”, reza el texto

Los atentados de Barcelona lastraron durante semanas el turismo de la ciudad. Según un informe del Ayuntamiento, los ataques terroristas provocaron una cancelación del 20% de las reservas en los tres días posteriores al 17 de agosto. Pero el sector consiguió recuperarse en solo dos meses. Ahora, los empresarios temen que vuelva a repetirse una caída. De hecho, las autoridades municipales ya han reconocido, por primera vez, que la crisis política ha afectado al turismo. “No se han producido cancelaciones, pero sí que las reservas para los próximos meses han caído o no están siguiendo los niveles de otros años”, ha afirmado el concejal Agustí Colom.

Los hoteleros hablan de un desplome de las reservas de entre el 20 y el 30%, y los responsables de los apartamentos turísticos del 6%. Además, varios cruceros han desviado sus rutas. Por su parte, la más de una decena de guías consultados para este reportaje detalla cómo ya se notan los efectos de las imágenes de violencia que se produjeron este octubre. No ha habido muchas cancelaciones de rutas, cuentan, pero sí preguntan mucho por la seguridad. “Algunos tienen miedo. Es probable que a medio plazo se note la bajada”, apunta un trabajador del sector. “Los japoneses están muy preocupados. No entienden nada y solo quieren saber de lo que han venido a visitar: arquitectura, paisaje…”, apostilla otro, que matiza que la actitud de todos los visitantes no es igual: “Una familia colombiana repetía que estaba viviendo en Barcelona un momento histórico”.

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