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¿Quo vadis Trump?

La gran pregunta, de tintes casi bíblicos: ¿Quo vadis, adónde vas Donald Trump?

Aquí suena Doris Day cantando ¿Qué será, será?

El presidente de Estados Unidos emergió este pasado viernes, tras más de una semana desaparecido (salvo en Twitter), y continúo sin reconocer su derrota. “Pase lo que pase en el futuro, quién sabe qué administración habrá, el tiempo lo dirá”, divagó.

En su parrafada resuena esa tonada que Doris Day interpreta en El hombre que sabía demasiado , filme de Alfred Hitchcok (1956).

Ese título parece que ni pintado ante el futuro que se abre para Trump lejos de la Casa Blanca, de la que se llevará sus recuerdos y, sobre todo, sus secretos.

Aunque se insiste en que ha prestado escasa atención a las sesiones de inteligencia, ha dispuesto de acceso a material clasificado. Hay tertulias de sobremesa en las que siempre bromeando alguien dice: “Le van a cerrar la boca”. Ya se sabe que algunas bromas las carga el diablo.

En su regreso “a la vida civil”, Trump perderá su capacidad de desclasificar documentos, pero pocos dudan de que es muy capaz de saltarse las prevenciones de seguridad nacional. “Nunca digas nunca”, sostiene John Brennan, exdirector de la CIA con Barack Obama y unas de las voces más críticas con este presidente. “Es palpable la preocupación por lo que pueda hacer con esa información en su beneficio político o financiero”, añade.

Política y negocios, dos rutas por las que transitará Trump y que le pueden conducir al poder otra vez o a la cárcel.

La huella de Trump no desaparecerá de la noche a la mañana. Pese a que el presidente electo Joe Biden le saca más de 5,5 millones de votos, el republicano ha recibido el apoyo de 73 millones de estadounidenses.

Este sábado se concentraron centenares de sus fans en los alrededores de su residencia del 1.600 de la avenida Pensilvania para expresarle su fidelidad y negar la verdad. Entre los organizadores figuraban conspiradores o grupos de supremacistas. De camino al campo de golf, Trump circuló por esa zona para disfrutar de la experiencia caudillista.

Renuente a aceptar la realidad, ha dejado entrever lo irreversible de su situación planteándose aprovechar lo que él denomina “movimiento” y lanzar una nueva apuesta a la Casa Blanca en el 2024. Un presidente tiene derecho a un máximo de dos mandatos, pero no han de ser consecutivos.

De camino al golf, Trump visitó la multitudinaria marcha de fans reunida en Washington

En su entorno remarcan que Trump habla en serio de volver a intentarlo, aunque también sea una manera de aceptar lo irreversible y apaciguar la cólera.

Frustrado con la cobertura de su canal amigo –“la diferencia entre el 2016 y el 2020 es Fox News”, arremetió–, una de sus ideas consiste en crear su propia apuesta mediática, un megáfono para divulgar su “ideología” y mantenerse conectado a sus seguidores.

Más que un canal de televisión, la idea que baraja, según avanzó Axios, sería un medio digital. Su base estaría en Mar-a-Lago, una vez que renunció a su residencia en Nueva York. En su ciudad natal, como en otras grandes urbes de Estados Unidos, le auguran un futuro poco propenso a sus negocios inmobiliarios por la animadversión que sienten hacia él.

Pero en la Gran Manzana, además, existe la posibilidad de que acabe procesado. “¿Hay gente que dice que se presentará en el 2024. ¿Alguien se puede creer eso? Y afirman que puede ganar. Trump está deshonrado, no querrá perder de nuevo. Está intentando destruir el país, ¿no va a ser acusado?
Que no huya”, señala Barbara Res, autora de Tower of lies ( Torre de mentiras ), libro de reciente publicación.

Res, que es de las que cree que el presidente nunca reconocerá su derrota y que dejará el país, trabajó 18 años como gestora y desarrolladora de proyectos en la corporación Trump.

Uno de los escenarios que se plantean es que Trump se autoconceda el perdón, lo que podría crear una crisis constitucional. Incluso se comenta que, antes del 20 de enero, dimita de su cargo y le suceda hasta el final del mandato el vicepresidente, Mike Pence, y este le conceda esa gracia.

Este perdón solo afectaría a casos federales, no a los estatales. Al margen de asuntos por difamación, acoso sexual o deudas económicas, Letitia James, fiscal general del estado de Nueva York tiene una causa contra Trump por fraude civil en sus negocios. Su hijo Eric declaró bajo juramento el mes pasado.

Pero el mayor problema que pende sobre Trump es la investigación del fiscal de Manhattan Cyrus Vance júnior. Lo que empezó en el 2018 por los pagos para silenciar a una actriz porno parece haber derivado en unas pesquisas por fraude fiscal y evasión de impuestos, entre otros delitos.

El profesor Lawrence Douglas, que en verano publicó el libro Will he go? , que es lo mismo que decir quo vadis o adónde va Trump, ya auguró que como expresidente continuará siendo una fuente de caos y división.

Su negativa a conceder la victoria, algo nunca visto, tal vez no sea un golpe de Estado como muchos avisan, aunque como legado dejará la erosión democrática.

Hay quien lo ve como un aviso. “Podríamos haber tenido –señala en The New Yorker el politólogo y profesor Brendan Nyhan– un líder con inclinaciones autoritarias más competente que Trump”.

¿Qué será, será …?

¿Las acusaciones de fraude dañan la democracia en EE.UU.?