Rajoy, víctima del fuego cruzado entre Rivera y Sánchez

Mariano Rajoy se ha convertido en la inesperada víctima de la batalla que mantienen Albert Rivera y Pedro Sánchez. El lunes, en el Gobierno se respiraba cierta tranquilidad pese a la tensión que genera el 1 de octubre. El portavoz del PSOE, Óscar Puente, abrió la puerta a la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Eso suponía un espaldarazo para la estrategia del Ejecutivo en la cuestión catalana al tiempo que visualizaba la unidad del bloque constitucionalista.

Pero ayer las cosas se le torcieron al Gobierno sin quererlo ni beberlo. La culpa fue de una proposición no de ley presentada por Ciudadanos que pretendía que los socialistas se mojaran y secundasen sin ambages la gestión que Rajoy mantiene respecto al referéndum que Carles Puigdemont quiere celebrar el 1 de octubre.

La comisión de reforma territorial

La proposición se debatió por la tarde, pero por la mañana ya se visualizaron las crecientes discrepancias entre los de Rivera y los de Sánchez por otra cuestión. El líder de los socialistas ha planteado la creación de una comisión parlamentaria que aborde la reforma del modelo territorial español. Es su propuesta estrella para esta legislatura y va encaminada a resolver la cuestión catalana.

La portavoz del PSOE en el Congreso, Margarita Robles, daba por hecho a mediodía que todos los grupos menos ERC iban a apoyar la puesta en marcha de esa comisión. Pero al cabo de un rato, Ciudadanos se desmarcó y decidió votar en contra con el argumento de que su propuesta pasa por la reforma integral de la Constitución y no solo de una parte “para contentar a los independentistas”.

A esas alturas de la jornada parlamentaria, el mosqueo de los socialistas con Ciudadanos era ya patente. El PSOE presentó entonces una enmienda a la proposición no de ley de Rivera en la que demandaba que se reconociese a los alcaldes catalanes que rechazan el 1-O y que se abriese el “diálogo” como vía de resolución de la situación que vive Catalunya.

Daños colaterales

Ciudadanos rechazó la enmienda, pero no perdió la esperanza de que los socialistas apoyasen su propuesta no de ley. En su discurso de toma en consideración de esa iniciativa, Rivera reclamó de forma “específica” el apoyo el PSOE. Pero para entonces ya no había marcha atrás. Los socialistas estaban demasiado molestos como para respaldar la petición de Rivera. Ni siquiera optaron por una abstención que habría permitido salvar la propuesta. Votaron en contra.

El resultado fue que el Gobierno, que no había pedido el apoyo de nadie, se quedó en minoría. Que el Congreso no avaló su estrategia para frenar el 1-O y que a ojos de la opinión pública, la unidad de los partidos constitucionalistas, PP, PSOE y Ciudadanos, contra el independentismo se rompió.

Miquel Iceta
Miquel Iceta
(Juanjo Martín / EFE)

¿Qué se esconde tras esa batalla que mantienen Rivera y Sánchez? La lucha por el liderazgo de la oposición en Catalunya, según indican fuentes socialistas en el Congreso. Según estas fuentes, Ciudadanos “teme quedarse fuera de juego en Catalunya” en un momento muy delicado, pues las elecciones catalanas anticipadas podrían estar a la vuelta de la esquina.

El PSC ha ganado protagonismo, porque cuenta con las alcaldías de muchas de las principales ciudades de Catalunya, mientras que Ciudadanos no tiene ningún alcalde y el PP, tan solo uno, el de Pontons. Además, “Miquel Iceta ha sacado pecho ante esta crisis y se postula como posible referente del no independentismo”, indican las mismas fuentes.

Pero la creciente tensión entre el PSC y Ciudadanos viene de más lejos, de cuando la líder de Ciudadanos en Catalunya, Inés Arrimadas, quiso presentar una moción de censura en el Parlament contra Puigdemont y ni el PP ni los socialistas la apoyaron en esa aventura.

Inés Arrimadas
Inés Arrimadas
(Emilio Naranjo / EFE)

El Gobierno central se ha convertido en el daño colateral de ese enfrentamiento entre los de Rivera y los de Sánchez, pese a que los socialistas insisten en que respaldan a Rajoy en la cuestión catalana y en que su voto en contra a la proposición no de ley de Rivera no supone ni que se hayan desmarcado del Gobierno ni que hayan cambiado de opinión.

Pero para el Ejecutivo esa votación no deja de ser un mal trago. Un mal trago al que se suma otra decisión del PSOE que ha caído como un jarro de agua fría en las filas gubernamentales. El apoyo anunciado por Puente a la aplicación del artículo 155 de la Constitución no existe. Puede que fuera una equivocación del portavoz, o que no se le entendiera o que haya había un cambio de opinión. El caso es que los socialistas mantienen sus reticencias a la aplicación de ese artículo y evitan esa imagen de unidad que tanto le conviene a Rajoy a diez días del 1-O.

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