Rajoy ya piensa en un gobierno flexible predispuesto a los acuerdos

El PP sigue pendiente del PSOE para asegurarse la investidura de Mariano Rajoy, pero tras la salida de Pedro Sánchez ya hay quien comienza a plantear una nueva estructura de Gobierno. En la cupula popular todos coinciden en que hay que hacer cambios. El ejecutivo no puede ser una máquina de tecnócratas, sino que hay que añadir cintura política. Sostienen que no es lo mismo un gobierno que tenía como principal objetivo salvar a España de la quiebra, evitar el rescate y salir de la crisis –las prioridades de Rajoy durante la mayor parte de su mandato– que uno que tendrá como principal reto conseguir apoyos y llegar a acuerdos con los socialistas. “Ganarse el día a día”, en palabras del presidente de la gestora del PSOE.

Por eso en el PP hablan de un gobierno con más capacidad de diálogo político, y ahí nombres como el del actual secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, José Luis Ayllón, cobran peso como posibles ministro. También el que ha sido estos años Jefe de la Oficina Económica del presidente, Álvaro Nadal, que en estos momentos es el encargado de negociar con los grupos parlamentarios la modificación de la ley de Estabilidad. Nadal podría subir un escalón y ocupar un asiento en el Consejo de Ministros, aunque su hermano, Alberto Nadal, ahora secretario de Estado de Industria podría optar a ocupar un sillón en el Gobierno.

Lo mismo ocurriría con el jefe de gabinete de Rajoy, Jorge Moragas, que podría haberse ganado un hueco en el Consejo de Ministros, lo que también alimentaría la cuota no escrita de ministros catalanes.

A la hora de diseñar el nuevo gabinete de Rajoy, si logra ser presidente, influirá mucho un aspecto: posiblemente los ministros tengan que renunciar a ser diputados. No está el PP sobrado de votos en el Congreso como para que los ministros no puedan acudir a los plenos por sus obligaciones ministeriales, y pierdan más votaciones de la cuenta. Aún así hay dos grandes incógnitas en la composición del ejecutivo, y las dos afectan a la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría. La primera, se refiere a la estructura misma del gobierno. ¿Habrá dos vicepresidencias o una como hasta ahora? Nadie duda de que Rajoy no prescindirá de Santamaría, que ha sido su mano derecha en el Gobierno, pero también coinciden la mayoría en que uno de los principales errores de Rajoy en su primer gobierno fue no nombrar un vicepresidente económico. La segunda incógnita tiene mucho que ver con las dos almas que ha tenido el PP, o más bien con los enfrentamientos más que conocidos entre la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría y la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal.

En el PP es mayoritaria la opinión de que la número dos del partido estará en el Gobierno, pero lo difícil es encontrarle un puesto lo suficientemente importante como para que no se sienta una subordinada de Santamaría. Muchos apuntan al Ministerio del Interior, ya que muchos creen que a Jorge Fernández Díaz, amigo personal de Rajoy, al igual que el titular de Exteriores, José Manuel García- Margallo, se le podría buscar otro destino.

Margen tiene Rajoy para incorporar nuevas caras, ya que por lo menos ha habido dos autodescartes en el Gobierno, el del ministro de Economía, Luis de Guindos, que se había comprometido a permanecer sólo esta legislatura en el Ejecutivo, y el del ministro de Defensa, Pedro Morenés.

Aunque llegado el momento, los ministros que durante un determinado momento de la legislatura han pensado en que su misión acababa con la legislatura, parece ahora que no harían ascos a seguir en sus puestos, o por lo menos en el Ejecutivo, aunque sea con otras carteras.

Así, el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, que se planteaba que ya era hora de dejar Hacienda, estaría sin embargo dispuesto a continuar. Lo mismo el titular de Economía, Luis de Guindos, que incluso había puesto como fecha para abandonar el Consejo de Ministros cuando fuera elegido presidente del Eurogrupo, habría lanzado ya mensajes de que no le importaría seguir; y el ministro de Defensa, Pedro Morenés, que también decía que estaba en el cargo sólo para cuatro años, ahora estaría dispuesto a continuar si Rajoy se lo pide.

Quizá por eso, y porque conocen a Rajoy, en el PP tampoco descartan que al final, tras la investidura, su gabinete sea muy continuista respecto al que preside ahora en funciones, porque considera que le ha dado resultado y que se ha trabajado de forma satisfactoria.

Respecto a Cospedal, a la dirigente del PP le podría interesar no estar en el Gobierno como una ministra más, y mantener la secretaría general del partido y el poder que eso supone. En ese caso, nadie duda que trataría de imponer su cuota en el Gobierno, proveniente de su feudo, Castilla-La Mancha, y el nombre de José Ignacio Echaniz podría estar en la lista de aspirantes.

El objetivo principal es contar con un gobierno con capacidad de diálogo y que ofrezca imagen de seriedad y rigor. Mariano Rajoy ha salido muy escaldado de lo que se ha dado en llamar estos meses “nueva política” y considera que la política con mayúsculas, la que no busca el titular, sino hacer cosas y lograr objetivos, la que no hace aspavientos ni monta espectáculos, sino la que se basa en la discreción y el trabajo constante, es la que da sus frutos. Es lo que el propio Rajoy definió en una sola frase hace una semana, cuando en un acto del PP en Zaragoza, se refirió a la expresidenta de la Diputación General de Aragón, Luisa Fernanda Rudi: “En estos momentos”, y dada la dificultad y la complejidad de la legislatura que se avecinaba, “se necesitan personas como tú, personas con seriedad, con conocimiento y con sentido común”.

Mariano Rajoy piensa, cuando habla de este modo, según sus colaboradores, en presidentes autonómicos y alcaldes que han dejado el poder pese a haber ganado las elecciones, por los acuerdos entre el PSOE y Podemos o sus confluencias. Luisa Fernanda Rudi podría ser un ejemplo, pero también ex alcaldes como Teófila Martínez, que tuvo que ceder el bastón de mando en Cádiz a José María González, Kichi.

De lo que están convencidos en el PP es de que Mariano Rajoy cumplirá un principio que siempre aplicado: “No desvestirá un santo para vestir otro”. Es decir, no echará mano de sus nuevas adquisiciones, los jóvenes vicesecretarios, de los que tan satisfecho está por el trabajo realizado en el último año y medio, que parece que tendrán que esperar, porque Rajoy valora mucho la tarea que tendrá que hacer el partido, pensando en su sucesión. Por eso en el PP creen que no hará un gobierno que se puede interpretar en clave sucesoria. No ahora. Tiempo habrá. Creen que tampoco el próximo congreso del partido –si hay investidura se celebrará en enero– indicará quién será llamado a sustituirle dentro de cuatro años, porque habrá otro congreso antes de finalizar la legislatura, que aborde ese asunto. Alberto Núñez Feijóo, que ni siquiera habrá sido investido presidente de Galicia tras las elecciones del 25 de septiembre, deberá esperar.

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