Referéndum Cataluña: ¿Cómo se ha llegado a la jornada histórica del 1-O?

El largo procés hacia la pretendida independencia de Catalunya que arrancó en los tiempos de Artur Mas ha tenido muchos presuntos días históricos que nadie recordará. Pero el 1 de octubre de 2017, pase lo que pase, tendrá su reseña en los libros de historia. Hoy se producirá el choque institucional entre la Generalitat de Carles Puigdemont, que mantiene que el referéndum se celebrará, y el Gobierno de Mariano Rajoy, que sostiene que no habrá votación.

¿Cómo se ha llegado a este punto álgido de tensión? Hace ahora un año, el presidente catalán aprovechó el debate de la cuestión de confianza en el Parlament para modificar la hoja de ruta que había diseñado Artur Mas, su antecesor. El plan inicial pasaba por celebrar unas elecciones constituyentes en Catalunya. La nueva idea de Puigdemont consistía en celebrar un referéndum en otoño de 2017 “con o sin el aval del Gobierno central”.

La reunión del Presidente de la Generalitat de Cataluña,Carles Puigdemont, con el presidente del Gobierno de España,Mariano Rajoy, en el palacio de la Moncloa en abril de 2016
La reunión del Presidente de la Generalitat de Cataluña,Carles Puigdemont, con el presidente del Gobierno de España,Mariano Rajoy, en el palacio de la Moncloa en abril de 2016
(Dani Duch)

A Rajoy ese cambio de criterio no le pilló por sorpresa. En abril de 2016, Puigdemont se había reunido con el presidente español en Moncloa. El mandatario catalán llevaba debajo del brazo una lista de 46 reclamaciones, que al final se quedaron un 45, de tipo económico, político y social, más una, la del referéndum.

El diálogo se estancó en ese punto.La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, ha reiterado en muchas ocasiones que el Ejecutivo se puso manos a la obra de inmediato y encontró soluciones a esos 45 puntos, pero que el presidente de la Generalitat no quiso ni escuchar las propuestas, pues la consulta era lo único que le interesaba negociar.El contenido de las propuestas del Ejecutivo a esas 45 reivindicaciones no ha trascendido.

Rajoy y Puigdemont se han mantenido cada uno en su trinchera. El presidente español estaba dispuesto a hablar de todo menos de ese referéndum que “queda fuera del marco constitucional”. El catalán solo quiso que se le permitiese celebrar una consulta que veía “irrenunciable”. Pese a eso hicieron un último acercamiento en enero, cuando mantuvieron una reunión secreta en Moncloa,t al y como desveló La Vanguardia. El encuentro no sirvió para acercar posiciones.



A partir de eso momento, la cuestión del referéndum monopolizó la vida política catalana. No tanto la española. El Ejecutivo central intentó dar poco eco a los planes de Puigdemont y optó por recurrir al Tribunal Constitucional cualquier acto encaminado a preparar la consulta. Mientras el Govern diseñaba su referéndum, en Madrid iban pasando otras cosas como la moción de censura de Pablo Iglesias a Rajoy o las primarias del PSOE de las que Pedro Sánchez salió vencedor.

La bronca aprobación de la ley del referéndum

Ni siquiera cuando en mayo La Vanguardia desveló que la consulta se celebraría el 1 de octubre, algo que confirmó el president en junio, se desvaneció esa calma chicha que reinaba en Moncloa. El Gobierno central tenía un plan muy claro consistente en la idea de “acción, reacción”. Si la Generalitat movía ficha, el Ejecutivo respondería y lo haría siempre con “proporcionalidad” para tratar de evitar un conflicto mayor. Esa estrategia pasaba principalmente por recurrir al Constitucional cualquier movimiento del Govern que se desmarcase de la legalidad.

Los atentados de Barcelona centraron el interés mediático en agosto, pero la cuestión catalana se reactivó a principios de septiembre y esta vez sí se encendieron las alarmas en Moncloa. El 6 de septiembre el Parlament aprobó la ley del referéndum en una convulsa sesión parlamentaria. Esa misma noche, Puigdemont y sus consellers firmaron el decreto de convocatoria de la consulta. Al día siguiente, en otra sesión no menos bronca, el Parlament aprobó la ley de transitoriedad, que diseña el camino hacia la república catalana en caso de que el sí se imponga en las urnas.

La Diada del Onze de Setembre transcurrió con normalidad.
La Diada del Onze de Setembre transcurrió con normalidad.
(Roser Vilallonga / AFP)

En esos días el Gobierno central ganó puntos, porque la actuación del grupo parlamentario de Junts pel Sí fue tan poco ortodoxa que mereció las críticas incluso de algunos independentistas. El Constitucional suspendió esas leyes del Parlament. Y algunos alcaldes de partidos no independentistas recibieron presiones para que abriesen los colegios electorales el 1-O. También se celebró la Diada que mostró la fuerza del independentismo en la calle y se saldó sin incidentes y con una escueta valoración gubernamental: “el separatismo pierde fuelle”.

Pero la popularidad de Rajoy y la tranquilidad en las calles duraron poco. El Consejo de Ministros intervino las finanzas de la Generalitat el 15 de septiembre, después de que el vicepresidente y conseller de Economia, Oriol Junqueras, se negase a facilitar la lista semanal de gastos tal y como había prometido.

Esa decisión encendió a la Generalitat, pero las cosas se complicaron de verdad el día 20, cuando la Guardia Civil registro varias Conselleries y detuvo a 14 altos cargos del Govern por orden judicial. El Gobierno central no tenía en realidad mucho que ver co n eso, pues la orden derivaba de un procedimiento iniciado a instancia de VOX y del abogado Miquel Durán en el juzgado de instrucción número 13.

Aspecto de uno de los coches de la Guardia Civil que realizaban un registro con motivo del 1-O en la sede de la consellería de Economia de la Generalitat. Los tres coches de la Guardia Civil que habían quedado a las puertas de la conselleria han quedado destrozados, con las ruedas pinchadas, cristales rotos, pintadas y abollados, e incluso han sido desvalijados porque les han quitado las armas que había dentro, según fuentes policiales cercanas al instituto armado, que han confirmado posteriormente que gracias a la mediación de un político les han sido devueltas.
Aspecto de uno de los coches de la Guardia Civil que realizaban un registro con motivo del 1-O en la sede de la consellería de Economia de la Generalitat. Los tres coches de la Guardia Civil que habían quedado a las puertas de la conselleria han quedado destrozados, con las ruedas pinchadas, cristales rotos, pintadas y abollados, e incluso han sido desvalijados porque les han quitado las armas que había dentro, según fuentes policiales cercanas al instituto armado, que han confirmado posteriormente que gracias a la mediación de un político les han sido devueltas.
(Quique García / EFE)

Sin embargo, la calle estalló contra Rajoy y el Gobierno. Las manifestaciones se sucedieron, los Guardias Civiles tardaron horas en poder dejar la sede de Economia, sus coches fueron destrozados, los estudiantes se encerraron en la Universidad central de Barcelona, se convocaron huelgas y concentraciones…

Entonces en Madrid se empezó a temer que la gente se desbocara y que el procés acabase de forma violenta. Para mantener la seguridad y para tomar el control de la situación y evitar las votaciones, el Ministerio del Interior envió efectivos extras de la Guarda Civil y de la Policía Nacional a Catalunya. Y la Fiscalía ordenó que Interior asumiese la coordinación de las fuerzas de seguridad, lo que irritó a la Generalitat.

En la última semana, no ha habido tregua. Se han incautado papeletas, se ha cerrado parcialmente el espacio aéreo, han declarado los alcaldes independentistas, la Guardia Civil ha registrado el Centre de Telecomunicacions i Tecnologia de la Informació (CTTI) para impedir un posible plan B que pasaría por el voto electrónico… Pero también se ha visto como padres y niños se encerraban en los colegios o como el Govern presentaba sus urnas a solo dos días de la votación.

“Empieza el mambo”

Hoy amanecerá un día cargado de incertidumbres. ¿Se votará o no se votará? El Gobierno, a través de su portavoz Íñigo Méndez de Vigo, insistía ayer en que la consulta no se celebrará. Pero el Ejecutivo no tenía las urnas. En paralelo, Puigdemont reiteraba que sí habrá consulta y que su resultado se aplicará conforme a lo que establece la Ley del Referéndum.

Esto no acaba hoy. Si gana el sí, y de conformidad con esa norma, el Parlament declarará la independencia. Si no hay votación, el Govern podría acogerse a la llamada DUI, es decir, declarar la independencia de forma unilateral. A eso se sumará una huelga general convocada a partir del martes por la propia Generalitat. Es posible que el Gobierno en esa situación se deje de tribunales e intervenga la autonomía de Catalunya. Nadie sabe a ciencia cierta qué pasará en los intensos días que se avecinan, pero la CUP lo ha resumido de forma muy gráfica: “Empieza el mambo”.

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