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Rivera, desnudo, por Emma Riverola

Septiembre del 2006. Un joven desnudo protagonizaba un cartel electoral de las elecciones catalanas. ‘Ha nacido tu partido. Solo nos importan las personas’, era el eslogan. ¿Era esto, Albert Rivera? ¿Era esto lo que latía bajo tu piel cuando asegurabas: “No nos importa dónde naciste, no nos importa la lengua que hablas, no nos importa la ropa que vistes”? ¿Era esto lo que ocultaba tu supuesta transparencia, tu aclamada sencillez? Asegurabais que eráis una formación que no tenía complejos. Ahora sabemos que tampoco tenéis principios. Vuestro pacto con el PP en Andalucía nace con el sello de la ultraderecha. Diréis que no habéis claudicado a la mayor parte de las 19 peticiones de Vox, la mayoría tan obscenas y estrambóticas que solo eran pura propaganda, pero sabéis perfectamente que su bendición os denigra.

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Con vuestro gesto, normalizáis a los que avivan las llamas del odio para crecer con sus votos. Odio a los inmigrantes, a las mujeres, a los que se alejan de la visión fundamentalista del género y la orientación sexual, a todos los que no comulgan con su esperpéntico ultranacionalismo. Un odio que se alimenta de un generador de mentiras constantes. Montañas de datos falsos que exhiben con impudicia. Vox sería simplemente despreciable si no mostrara la patita de un monstruo que recorre Europa.

“Solo nos importan las personas”, afirmabas en el 2006. Ahora, el asterisco con las matizaciones cubriría tu cuerpo desnudo.