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Rocío Monasterio: «Si alguna vez alguien ha intentado oprimirme, le ha salido mal»

Rocío Monasterio (Madrid, 1974) recita de memoria a Manuel Machado, poeta fantástico opacado por su hermano Antonio y arrinconado por su geografía ideológica desde ha decenios: «Yo soy como las gentes que a mi tierra vinieron…». La presidenta de Vox en Madrid y portavoz del grupo en la Asamblea cuenta a LD que, pese a la imagen pétrea que transmite, se emociona con los buenos versos y los paisajes hermosos. Es sabido que el régimen de los Castro le birló a su familia la Central de Azúcar del Golfo. Su padre cambió Cuba por España y montó el primer Kentucky Fried Chicken del país. Se hizo arquitecta y empresaria. Leo que ingresó en el partido liderado por Santiago Abascal en 2014. Sobre su trayectoria política se ha escrito mucho desde entonces; sobre su faceta más personal, menos. Quedamos en un bar de Cuzco no para hablar del precio del combustible o de la extravagante peregrinación jacobea de una excompañera de formación, sino para abordar sus certezas, sus dudas y sus contradicciones. Entre otras muchas cosas, claro:

P: Señora Monasterio, ¿cuál es su palabra favorita?

R: (Piensa) Verdad. Porque es lo que escasea ahora.

P: ¿Y cuál es la que más detesta?

R: Consenso (risas). Porque se abusa de ella.

P: En general, ¿se habla mucho y se dice poco? ¿Hay demasiado ruido en el mundo?

R: Hay frivolidad. Para afrontar cosas que son serias y que afectan a mucha gente.

P: ¿Cuánta de esa frivolidad proviene de la política?

R: La política se ha dejado llevar por el mundo de los medios de comunicación y las audiencias.

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Rocío Monasterio, entrevistada para LD. | David Alonso Rincón.

P: ¿España es un país crispado o adormecido?

R: Es un país engañado. Ni crispado ni adormecido. Engañado por medios de comunicación que no cuentan la verdad, por políticos que ocultan la verdad. Lo que falta en España es verdad, tratar a los españoles como adultos, contarles la verdad. Y sacar esto adelante juntos, que es de lo que se trata.

P: Pero, señora Monasterio, plagiando a Pilatos, ¿qué es la verdad?

R: Hay ciertas cosas, hay ciertas líneas que separan el bien del mal. Hay cosas constatables por todos nosotros, empíricamente comprobables. Y se niegan. Se imponen ideologías que no responden a la verdad de nada y que conducen a la gente, manipulan a la gente. Y la gente actúa de una manera equivocada.

P: ¿La verdad nos hará libres?

R: La verdad te permite elegir. Si tú eliges en libertad, eres verdaderamente una persona. Lo maravilloso que nos distingue a las personas es la capacidad de elegir entre el bien y el mal, un camino u otro. El fácil o el difícil. Es lo que nos hace madurar.

P: «Nada es lo mismo, nada / permanece –escribió Ángel González–. / Menos / la Historia y la morcilla de mi tierra: / se hacen las dos con sangre, se repiten». ¿Suscribe?

R: No. Creo que la Historia de España se hace con valentía. Los españoles somos valientes.

P: ¿Sí?

R: Siempre que hemos dado un cambio de rumbo, lo hemos hecho porque ha habido un grupo de personas valientes. Personas que han sabido discrepar y dar un golpe de timón. Creo en eso: que unos pocos pueden hacer mucho. Y creo en el compromiso, que es lo que falta ahora.

P: Yo creo en las inmensas minorías. En el compromiso de unos pocos, pero no de unos muchos.

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Rocío Monasterio. | David Alonso Rincón.

R: No pasa nada. No hace falta que muchos se comprometan, sino que muchos confíen en esos pocos. No se tiene que pedir a todo el mundo compromiso ni valentía. Simplemente, se tiene que pedir confianza. Y ahora se han roto la confianza y la capacidad de comprometerse. Si tú no te comprometes con nada, si dejas de tener aspiraciones, llega un momento en el que cada vez te exiges menos y cada vez llegas a menos. Todos lo hemos comprobado. Cuando tenemos ilusión por algo, cuando nos creemos algo, incluso, de forma insensata, de repente, pasa el tiempo y dices: «Anda, ¿cómo es que he conseguido esto?». Y es porque te lo creías de verdad, porque has hecho todo lo posible por salir. Mira, Jesús: yo empecé montando empresitas pequeñas. La gente de alrededor me decía: «¿Cómo vas a hacer esto? ¿Cómo vas a conseguir tal? ¿Cómo vas a contratar a esta gente?». Al cabo de un tiempo, conseguí sacar las cosas adelante, y ahí ya vino lo evidente, en el a posteriori. Y lo sacas porque crees en ello, tienes ilusión y, con eso, vas pasando las dificultades. Te comprometes con una idea, con un negocio o con lo que sea. Y creo que hemos perdido capacidad de ilusionarnos y comprometernos. Con todo: con una familia, con un proyecto de vida, con un trabajo. Y la falta de compromiso baja las expectativas de todo y hace que no lleguemos lejos. Hay que recuperar ese afán. Creo que todos los días tienen un afán. Creo mucho en eso. En casa se ríen cuando digo eso, pero la digo mucho. Todos los días tienen su afán.

P: Volviendo a las palabras, ¿cuántas veces ha dicho «no»?

R: Muchísimas veces. No me cuesta decir «no». Fíjate, es una de las cosas mías que más sorprende a la gente: que soy demasiado clara. Prefiero decir un «no» claramente que andar dando vueltas por quedar bien. La verdad es que no soy de quedar bien (risas).

P: ¿Usted ha dicho y hecho siempre lo que ha querido?

R: No. Muchas veces he sacrificado lo que yo quería porque había otra cosa más importante. Por ejemplo: las madres siempre anteponemos a nuestros hijos a lo que nosotras queremos. Ese espíritu hay que llevarlo a toda la sociedad. Creo mucho en el compromiso con la sociedad. Si todos, en un momento, de verdad, nos sacrificamos un poquito para que la comunidad, para que la sociedad vaya mejor, salimos adelante. No todo es lo que nos conviene a nosotros: hay que empujar, hay que sacrificar pequeñas parcelas de comodidad o, incluso, económicas, para ello. Si no tiramos todos del carro, esto no sale.

P: ¿Alguna vez se ha sentido una mujer oprimida?

R: Si alguna vez alguien ha intentado oprimirme, le ha salido mal. He trabajado mucho tiempo, veinte años, en obras. Y en la obra tenías que tener muy claro dónde estabas y lo que querías. Ahí he aprendido muchísimas cosas que me sirven para la política: a negociar, a sacar un proyecto juntos con ilusión, a llegar hasta el final y terminar algo, por muchas dificultades que me pusieran, a enfrentarme a gente que no quería seguir mis instrucciones, y a tratar con gente muy distinta, de países muy distintos, con mentalidades muy distintas. Gente que a una mujer la despreciaba profundamente. Y me ha ido bien, ¿eh? (Risas)

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Rocío Monasterio, entrevistada para LD. | David Alonso Rincón.

P: Si yo le digo «feminismo», usted me dice…

R: Orgullo.

P: Y si le digo «corrección política»…

R: Desprecio.

P: ¿Qué es lo más punkarra que ha hecho en su vida?

R: Esto no sé si es punky: cenar y dormir en un puticlub. Mira, tenía que entregar un edificio, tenía un lío horroroso, y me llama Santi Abascal. Teníamos que ir a una reunión en Málaga y le digo: «Santi, no puedo salir a esta hora, tengo un lío horrible, pero por la noche puedo salir. Voy a llegar tarde». Efectivamente, salgo tarde porque termino tarde, cojo el coche y, en Despeñaperros, me quedo sin luces. Entro por una vía de servicio y empiezo a ver unas luces al fondo. Claro, yo buscaba la luz (risas) y entonces acabo a las mil preguntando por un taller que, por supuesto, no había, y cenando en un puticlub. La verdad es que me trataron muy bien, fueron muy simpáticos. Y me dijeron: «Mire, se va a tener que quedar usted aquí, porque no hay un taller cerca». «Muy bien». Y pasé la noche en el puticlub. No pasa nada: en el mundo de la construcción estamos curados de espanto (risas).

P: Por curiosidad, ¿le gusta Extremoduro?

R: No.

P: El cantante, Robe Iniesta, montó hace unos años un proyecto independiente. En una canción, dice: «Del tiempo perdido / en causas perdidas, / nunca me he arrepentido». ¿Siente haber perdido, alguna vez, el tiempo en causas perdidas?

R: No, la verdad es que no. No tengo tiempo para no ser eficaz. Las madres de familia numerosa, ya sabes. Lo que hacemos, lo hacemos convencidas de que vamos a llegar a un sitio, con un objetivo clarísimo, y acotamos el tiempo que dedicamos a cada cosa. Porque es tiempo que dejas de dedicar a tus hijos, a tu marido, a tu madre… Dedico mi tiempo a cosas que van a rentar a otros. En este caso, a mis hijos. Hago muchas cosas porque, de verdad, me daría mucha pena, cuando fuera más mayor, mirar atrás y ver que no hice nada por mejorar lo que iba a dejarles.

P: Vamos acabando, señora Monasterio: ¿cuál es su mayor certeza?

R: Que la vida pone a todos en su sitio. Si tú tienes una estructura de valores y de ideas claras, al final, todo se coloca.

P: ¿Y qué le genera dudas?

R: Mi trabajo de ahora. Todos los días. Vengo de otro mundo. Yo, en política, he tenido que aprender cosas de cero. Me encanta aprender, ojo. O sea, para mí, por una parte, es maravilloso tener que aprender todos los días, y me preocuparía estar trabajando en algo que no me exigiera superarme; por otra, tengo dudas de cómo hacer las cosas bien. He cambiado de oficio, estoy aprendiendo uno nuevo. Y en todo hay oficio: de nada se llega de la noche a la mañana sin esfuerzo. Nada se hace de un día para otro, por suerte. La suerte se encuentra trabajando. Creo, firmemente, en el trabajo de hormiguita, de ir poco a poco. Todos los días, sin estridencias. Pausado y con temple. El trabajo de quien observa, piensa y luego vuelve y decide. La sociedad de hoy, en muchas cosas, no es así. Creo que nos daremos cuenta de que las cosas tienen que ser así. Reivindico un trabajo más de retaguardia, de pensar, de analizar las cosas, de no precipitarse. Así se decide mejor.

P: ¿Tiene contradicciones?

R: Como todo el mundo, claro que sí. Y de carácter también.

P: ¿Y cómo las conjuga?

R: Por ejemplo, soy muy sensible y muy artista. Puedo llorar por un poema, me encanta la poesía. O por una pintura. Y no es la imagen que doy.

P: ¿Alguna obra que le emocione?

R: Me encanta Manuel Machado. Me encanta «Adelfos»: «Yo soy como las gentes que a mi tierra vinieron; / soy de la raza mora, vieja amiga del sol…». Es maravilloso. Me encanta Alfonsina Storni. También me emocionan los paisajes. Vas a un monte de los Picos de Europa, ves el paisaje, ¡y Dios mío! O las frases de los niños que te descolocan. Mira, una hija mía dijo algo maravilloso. Un día estábamos viendo el telediario y estaban dando unas imágenes de Siria, con los niños en medio de la guerra. Mi hija nos miró y nos dijo: «Y vosotros, que sois cristianos, ¿qué hacéis por estos niños?». Fíjate: que una niña tan pequeña tenga la capacidad de decirte eso es algo emocionante. Y dices: «Pues tiene razón. ¿Qué hacemos nosotros?». Te emociona ver que ya ha entendido que tiene que tener compromiso con la sociedad y se lo exige a sus padres. Bueno, y también me gusta caminar por la calle, observar a la gente y hacer fotos. Porque cuentas historias. Yo veo a la gente por la calle, doy paseos…

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Rocío Monasterio, entrevistada para LD. | David Alonso Rincón.

P: Escucha a la tropa hablar de la renovación del CGPJ…

R: (Risas) Como la Llop. No, yo me imagino la vida de la gente. Voy por ahí y pienso: «¿Qué le pasa a esa señora?». Y hago fotos. Ahora es más difícil, porque me reconocen. Tengo un cuaderno donde voy escribiendo y pegando fotos. Desde hace muchos años. Fotos de viajes, de la campaña electoral… hay una mezcla de cosas. De repente, pongo la foto de un paisaje, luego, una foto de una señora con una historia inventada… En la Escuela de Arquitectura hacíamos muchas cosas de esas.

P: Y, para terminar, ¿cuál es la lección más importante que le ha enseñado la vida?

R: Que las apariencias no engañan (risas).

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