Rosa Peral buscó a un sicario que asesinara a su exmarido

Calculan las internas que la mujer empezó a verbalizar su odio y las amenazas al poco de llegar a prisión. Rosa Peral ingresó en la cárcel de Wad Ras en mayo, acusada de asesinar al que entonces era su pareja, el también guardia urbano Pedro Rodríguez. Ya en prisión, fue nuevamente detenida en noviembre, acusada esta vez de tramar desde la cárcel el asesinato de su exmarido y padre de sus dos hijas. Rosa Peral tanteó a varias presas de su confianza para que le ayudaran a encontrar a un sicario dispuesto a realizar el trabajo. Estaba dispuesta a pagar 30.000 euros por el encargo.

“Le odio. Tengo que matarle. No deja que mis hijas vean a sus abuelos. Tengo que acabar con él”. Frases como estas verbalizaba a diario Rosa Peral en la cárcel. Al principio, no le dieron importancia y nadie se la tomó en serio. Eran amenazas en voz alta que la mujer casi escupía a sus compañeras cada vez que hablaba por teléfono con sus padres y estos, según ella, le aseguraban que no habían podido ver a las niñas.

Pero algo empezó a cambiar. Fue una presa que ayuda en la cocina del Wad Ras quien en agosto se confió con un funcionario de prisiones. Estaba preocupada. Rosa Peral seguía con su monserga en voz alta de que mataría a su exmarido, pero es que, además, había comenzado a preguntar a otras reclusas sobre cómo conseguir un sicario y advertía que hablaba en serio. La guardia urbana estaba dispuesta, decía, a convencer al pistolero “en un par de encuentros íntimos”, de vis a vis.

El funcionario dio tanta credibilidad a la amenaza que, por su cuenta, consiguió el móvil del exmarido de Rosa Peral y una tarde le llamó por teléfono. Primero le contó que debían verse urgentemente por un tema que estaba relacionado con su seguridad. Ante la desconfianza de su interlocutor, el trabajador del centro le relató todo lo que la presa le había confiado sobre los planes que urdía su exmujer en la cárcel.

El exmarido de Rosa Peral se entrevistó ese mismo día con sus superiores de la policía catalana y sin perder tiempo presentó una denuncia en los mismos Mossos d’Esquadra. Del caso se hizo cargo el área de investigación de la región policial metropolitana sur. Pero no lo asumió el grupo de homicidios que sigue con la investigación por el asesinato de Pedro Rodríguez, y por el que también está acusado y encarcelado, el guardia urbano Albert López, sino unos policías de otra unidad. Se ha tratado de distanciar ambas investigaciones. Tampoco el juez que ha dirigido las pesquisas es el mismo. El caso ha recaído en un juzgado de El Vendrell, por el domicilio del exmarido de la acusada.

Arrancó la investigación. Complicada al estar la sospechosa ya entre rejas. El primero en declarar en dependencias policiales fue el exmarido de Rosa Peral. Lo primero que se hizo fue verificar que el funcionario que dio la voz de alerta era quien decía ser. Se empezaron a realizar gestiones para verificar su relato y se controlaron todos los movimientos de la presa. Cuando se tuvieron indicios de que no era un farol, el 10 de noviembre la guardia urbana fue trasladada de prisión.

Después se tomó declaración a las que fueron sus compañeras de módulo. Destacan dos, una venezolana y una colombiana que contaron cómo la mujer les insistió una y otra vez en que la ayudaran a encontrar a un sicario que pudiera asesinar a su exmarido. Ambas contaron que Rosa Peral iba en serio. La mujer puso precio al encargo. Estaba dispuesta a pagar 30.000 euros por hacer el trabajo. Y daba garantías de que conseguiría el dinero.

Hace tres semanas, Rosa Peral fue excarcelada y trasladada a los juzgados de El Vendrell. Pasó a disposición judicial acusada del delito de actos preparatorios para cometer un homicidio. El juez le tomó declaración y la mujer negó todas las acusaciones. El magistrado formalizó la imputación y la hizo regresar a la cárcel, donde la dirección del centro ha tomado medidas de seguridad a raíz de las nuevas y graves acusaciones que pesan contra ella.

Mucho más complicada es desde entonces la situación para la nueva víctima de Rosa Peral, para su exmarido y padre de su dos hijas. Desde que presentó la denuncia y los mossos confirmaron en su investigación las maniobras de la mujer, el hombre cuenta con vigilancia policial. Se le ha dado permiso para llevar el arma reglamentaria las 24 horas del día y ha instalado un sistema de videovigilancia en su domicilio, que está conectado con los mossos. Varias personas allegadas a la víctima explicaron ayer a La Vanguardia que el hombre y su familia han conseguido estabilizarse emocionalmente, tras la conmoción al conocer lo que tramaba su exmujer. Se han hecho a la presencia de los policías que les vigilan y se han tranquilizado.

La guardia urbana negó ante el juez la acusación y es cierto que, durante la investigación, la policía no pudo probar que Rosa Peral lograra contactar finalmente con algún pistolero para realizar el trabajo. Pero como tampoco existe la certeza de que no lo hiciera, el exmarido seguirá por un tiempo con escolta.

No es la primera vez que Rosa Peral intenta dañar a su exmarido. Tras su separación presentó denuncias por malos tratos, que se archivaron. Aunque lo más relevante fue el intento, junto a Albert López, de fabricar pistas que condujeran a los mossos que investigaban el asesinato de Pedro Rodríguez hasta su exmarido. No lo consiguió, y eso que llegó a convencer a su padre para que mintiera en su primera declaración, dando una falsa versión en la que encajaba la presencia de su exmarido en el crimen.

El intento de encargar el asesinato de su exmarido se juzgará, como ya se juzgó y está pendiente de sentencia otro guardia urbano por la difusión de un fotografía erótica, al margen del crimen de Pedro Rodríguez. Pero inevitablemente, ella, Rosa Peral, siempre aparece en el centro de las tramas.

Todos los sábados con los abuelos

Las hijas de Rosa Peral pasan todos los sábados con sus abuelos maternos desde que su madre ingresó en prisión en mayo, acusada de asesinato. La nueva investigación que ha desvelado cómo la mujer, ya en prisión, trató de dar con un pistolero para que asesinara a su exmarido, ha mermado la decisión del hombre de que sus hijas conserven sus lazos afectivos con su familia materna. Fuentes del entorno del exmarido insistieron ayer que esos sábados con los abuelos no están regulados en el acuerdo de divorcio de la pareja, pero que tanto el hombre como su actual pareja entendieron que era bueno que las niñas conservaran la relación. También defienden que las hermanas mantengan el contacto con su madre, a la que el juez autorizó a telefonearlas una vez a la semana, desde prisión. El padre permite que las niñas hablen todas las veces que su madre llama. Ni siquiera ahora, que sabe que presuntamente su exmujer puso precio a su vida, ha dejado de descolgar el teléfono para que hable con las dos pequeñas.a

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