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Salvador Illa, un filósofo quemado por el virus

El ministro de Sanidad

El pasado 13 de enero el Ministerio de Sanidad abrió una nueva etapa. Salvador Illa se convirtió aquel lunes en el titular de esta cartera en sustitución de María Luisa Carcedo. Los nuevos tiempos de la coalición del PSOE con Unidas Podemos imponían cambios. Un filósofo al frente de Sanidad para relevar a una licenciada en Medicina y Cirugía.

Un ministro nefasto

En la retina de muchos de los funcionarios del Ministerio, aquella jornada –en la que se escuchó por primera el «sí, se puede» en su salón de actos– dejó otra imagen ilustrativa de ese nuevo tiempo que inauguraba la legislatura que siguió al 10-N: Carcedo no realizó un único traspaso de funciones, sino tres; todas las competencias que ella había pilotado hasta ese momento en solitario se desgajaban en tres departamentos y, además de Illa, Pablo Iglesias (Asuntos Sociales) y Alberto Garzón (Consumo) también recibieron su cartera aquel día.

Sin casi tiempo para adaptarse a su nueva responsabilidad, apenas sesenta días después, Illa se ha visto obligado a hacer frente a la mayor crisis sanitaria de la historia reciente del país. Un escenario para el que, posiblemente, ningún ministro está preparado. Superado por las circunstancias, el socialista ha hecho gala en estas semanas de una notable improvisación a la hora de gestionar la epidemia.

El último ejemplo se vivió hace escasos días. El viernes, presidió junto a Pedro Sánchez la constitución del Comité Científico del COVID-19, integrado, según informó Moncloa, por seis técnicos de prestigio nacional e internacional. Un hito, el de la constitución de este comité científico, que llegaba casi una semana después de la declaración del estado de alarma y meses después de que la alerta sanitaria se declarara en China.

La extraordinaria falta de reflejos del departamento de Illa quedaba aún más retratada por uno de sus compañeros de gabinete, el ministro de Ciencia. Pedro Duque reconocía al mismo tiempo desde Moncloa que él había comenzado a movilizar recursos de su Ministerio hace dos meses: «Los investigadores españoles empezaron a trabajar de forma intensa en cuanto se conoció esta enfermedad, durante el mes de enero. El 2 de febrero tuvimos una reunión con los profesores Enjuanes y García Sastre para asegurar que tengan las máximas facilidades y todos los medios necesarios. Ese día ya liberamos medios e iniciamos cambios legales culminados en el decreto de estado de alarma donde hemos puesto todas las medidas en funcionamiento», destacó Duque.

En el Gobierno, el cierre de filas con Illa es unánime. Solventado hace ya semanas el único frente abierto con otra ministra –el protagonizado con Yolanda Díaz, titular de Trabajo, cuando ésta publicó sin comunicarlo a Sanidad una guía para empresas sobre cómo hacer frente al coronavirus, que barajaba propuestas más duras que las defendidas por Moncloa–, todos reconocen en él a la figura encargada de gestionar las competencias sanitarias.

También en Podemos, destacan el trabajo incansable de Illa: «Se está dejando la piel», aseguraba Iglesias hace escasos días. Desdibujado conforme pasan las horas, Illa ha dejado de facto de ser el portavoz en esta crisis, con Pedro Sánchez al frente de la interlocución directa con los españoles –así lo demuestran sus intervenciones de este fin de semana– y con Fernando Simón como relator de la evolución del virus en el país. Al margen del respaldo a su persona, en Moncloa son conscientes de que, una vez se supere la crisis, toda la cúpula de Sanidad, especialmente Illa y Simón, tendrán muy difícil seguir al frente.

Porque a la sensación de improvisación se han unido errores de bulto, especialmente en lo que concierne a la gestión de la compra del material sanitario y la coordinación con las comunidades. Y a ello se une otra circunstancia. La hemeroteca más reciente de Illa insiste en la percepción generalizada de que se minusvaloró la amenaza: «Nuestro Sistema Nacional de Salud está preparado para atender esta situación», fue el diagnóstico que el ministro realizó el 4 de febrero tras reunirse con los consejeros de Sanidad.

Igualmente laxas fueron sus recomendaciones ante los eventos del 8-M, la jornada en la que «todo cambió» según Moncloa: «Es esencial que las personas con síntomas de coronavirus no acudan a las manifestaciones del 8M», fue su única advertencia.

(La Razón)