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Sánchez prefiere a Otegi en Navarra

Pedro Sánchez ha dado un paso decisivo para configurar la mayoría que le va a permitir la investidura. Ha despejado la primera incógnita para impedir que Navarra Suma –la coalición formada por UPN, PP y Cs–, que ganó las pasadas elecciones autonómicas con rotundidad, con el 36,52% de los votos –16 puntos más que el segundo, que fue el Partido Socialista de Navarra–, presida la comunidad foral. El PSN entregó ayer la presidencia del Parlamento foral a Geroa Bai, alianza vasquista encabezada por el PNV, y propició la entrada de EH Bildu en la Mesa de la Cámara, una condición impuesta para asegurar la estabilidad –y el control– del futuro gobierno presidido por la socialista María Chivite. Con esta opción, Sánchez renuncia a los dos diputados que UPN le había ofrecido para su investidura, si a cambio apoyaba a Navarra Suma y, de esta manera, no se veía obligado a apoyarse en una formación como la que lidera Otegi. No ha sido así: el PSOE gobernará con EH Bildu en Navarra, un partido anticonstitucional, que no ha renunciado a su pasado violento y cuya aspiración es la anexión de la comunidad foral a la gran Euskal Herria. Sánchez ha elegido una opción que tiene consecuencias en el conflicto territorial planteado por los nacionalistas en estos territorios. La disyuntiva que se había planteado es clave: foralismo español constitucionalista frente a foralismo vasquista que aspira a la anexión de Navarra al País Vasco. No es un dilema menor y afecta de manera directa a un proceso de imponer la inclusión de la comunidad foral al proyecto abertzale, sin tener en cuenta que no se corresponde ni con la realidad social, ni con lo que los resultados electorales recientes se empeñan en demostrar. Navarra Suma ganó en las autonómicas claramente –obtuvo 20 escaños, frente a 11 de PSN, 9 de Geroa Bai y 8 de HB Bildu–, sin embargo gobernarán los socialistas con casi la mitad de diputados y dependiendo del partido de Otegi. La posibilidad de acuerdo entre Navarra Suma y el PSN hubiera permitido una mayoría de 31 parlamentarios –de un total de 50–, pero ha optado por el apoyo del nacionalismo vasco. Sánchez debe tener muy meditada esta decisión, porque el futuro gobierno socialista en Navarra dependerá de las formaciones abertzales. Es difícil de entender que el partido que ha sido la tercera fuerza en las elecciones autonómicas, Geroa Bai, sea el más beneficiado, con la presidencia del Parlamento y consiguiendo incluir en la Mesa a EH Bildu, lo que les permitirá tener la mayoría en dicho órgano y condicionar la acción de gobierno de Chivite. Esta era la condición del PNV para apoyar la investidura de Sánchez y no se ha movido ni un centímetro: el nacionalismo vasco no está dispuesto a dejar el gobierno de Navarra en manos de los foralistas constitucionalistas, en tanto que constituye una pieza clave en su proyecto nacional. La vicepresidenta del Gobierno en funciones, Carmen Calvo, perfiló ayer el acuerdo con Pablo Iglesias y todo indica que se aleja la posibilidad de que Unidas Podemos acceda a un Ministerio, aunque contempla responsabilidades en otros niveles de Gobierno, lo que aclara la investidura y, aunque faltarían votos –los dos perdidos de UPN– se abren nuevas vías y alejan otras. De Sánchez se puede esperar todo. El pacto de Navarra dificulta que Cs se abstenga, una opción que ha ido perdiendo opciones, aunque se ha vuelto a poner encima de la mesa a raíz de la crisis abierta en el partido de Albert Rivera. No hay que perder de vista que en toda negociación en la que esté implicada Navarra, el PNV cuenta con la disposición transitoria cuarta de la Constitución que permitiría un referéndum para votar la anexión de la comunidad foral al País Vasco.