‘Seny’ o barbarie

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Joan Ferran.- Dicen que Rosa Luxemburgo se inspiró en un texto de Federico Engels para acuñar aquel conocido eslogan que reza: Socialismo o barbarie. Cuentan los estudiosos del marxismo que en 1915, hallándose en prisión, la revolucionaria alemana lanzó por primera vez la idea de que el género humano se encontraba ante la disyuntiva de avanzar hacia el socialismo o sumirse en el caos y la barbarie que generan las guerras imperialistas. Algunos eruditos, en cambio, sostienen que con anterioridad, en 1892, fue Karl Kautsky el que insinuó que la única salida para los humanos era construir el socialismo para no caer en la regresión y el salvajismo. Han pasado más de cien años, las coordenadas históricas obviamente no son las de entonces, pero intuyo que algo de la barbarie profetizada por Rosa Luxemburgo habita entre nosotros.

El diccionario de la lengua española define barbarie como “la actitud de la persona o grupos que actúan fuera de las normas de cultura, en especial de carácter ético, y son salvajes, crueles o faltos de compasión hacia la vida o la dignidad de los demás”.

Pues bien, más allá de la inmediatez y de los resultados electorales, hay algo que huele a podrido en la sociedad catalana, y lo hace por encima de campañas electorales y controversias políticas de todo tipo. Ese algo supura fanatismo, intolerancia y afecta a personas y colectivos con un estatus intelectual a los que se les suponía, desde siempre, un talante razonable, democrático y constructivo. No pretendo ser pájaro de mal agüero, tampoco profeta de calamidades. No quiero dramatizar, pero convendrán conmigo que existen síntomas de alarma en nuestra sociedad que devienen preocupantes. Veamos. Cuando toda una ex presidenta del Parlament -segunda autoridad política del país según l’Estatut- conmina a la líder de la oposición para que vuelva a su lugar de nacimiento, tenemos entre las manos un problema de xenofobia. Y si, de rebote, un economista mediático ha de soportar que le atribuyan, a causa de sus opiniones, “escupir a Cataluña” es que la cosa pasa ya de castaño a oscuro. ¿Mas? Cuando todo un catedrático de universidad tuitea acerca de la dilatación de los esfínteres de un dirigente político es que la mala leche y el mal gusto corren a raudales. Cuando un histriónico subvencionado, que se las da de actor, insulta a una diputada llamándola “mala puta”, algo va francamente mal… La paradoja es que esa gente que así se manifiesta no son quinquis, ni buhoneros usuarios del lenguaje tabernario. Son hijos de clases altas y acomodadas a los que se les suponía educados en valores cívicos y democráticos.

Insisto, vienen tiempos difíciles y complejos pero, más allá de los resultados electorales presentes y futuros, nos hallamos sobre todo ante el dilema ‘seny’ o barbarie, caos o reconstrucción. Si amigos, cuando supuestos demócratas comienzan a opinar y a actuar como turbas descontroladas se incuba, de nuevo, el huevo de la barbarie. Cuando se sostiene que Cataluña es un país ocupado se está sembrando gratuitamente violencia. Eso no es bueno ni para Cataluña, ni para España, ni para Europa. Urge la vuelta al sentido común.