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Si Dios no tiene nada que ver con la pandemia, ¿por qué debería liberarnos?

Antonella Palermo – Ciudad del Vaticano.- Entrevistamos a los teólogos Territo, católico, y Houshmand, musulmán, sobre la iniciativa promovida por el Alto Comité de la Hermandad Humana, fuertemente alentada por el Papa y a la que se han unido los líderes de las diversas religiones del mundo.

En la catequesis de la audiencia de ayer, centrada en el valor de la oración, el Papa Francisco nos invitó a unirnos «como hermanos al pedirle al Señor que salve a la humanidad de la pandemia, que ilumine a los científicos y sane a los enfermos». La exhortación es a disponerse en un espíritu de participación y solidaridad a la invitación del Alto Comité de Hermandad Humana para la Jornada de oración, ayuno e invocación a Dios Creador para la humanidad afectada por la pandemia.

Reconocer en la oración el valor del otro

«Hoy estamos experimentando un fruto espiritual sin precedentes de esa reunión histórica en Abu Dhabi entre el Papa Francisco y Al-Tayeb, dos hermanos, más que amigos, que firmaron el Documento sobre la Hermandad Humana para la paz mundial y la convivencia común. Dos hermanos que se preocupan por toda la humanidad». Es así como el teólogo musulmán Sharshad Houshmand Zadeh define la iniciativa del 14 de mayo. Recuerda cómo su insistente petición de reunir a todos los hombres de buena voluntad se repite en ese documento para comprender que todos somos interdependientes. Sobre este concepto clave insiste mucho: «La riqueza de la diversidad solo se puede disfrutar cuando se reconoce el valor del otro. El fundamento de cada religión es amar al prójimo».

El jesuita Luigi Territo, un erudito de teología fundamental y teología islámica, también habla de una buena iniciativa: «La oración es esencial porque podemos vivir en un mundo de fraternidad. Es a través de la luz de Dios que el extraño ya no nos aparece como un enemigo, y esto sucede de una manera incomprensible. Nos dividimos a través de la identidad, pertenencia étnica, religiosa, pero una pandemia nos recuerda que somos ante todo hombres y mujeres y en esta creación hay un proyecto de solidaridad».

Si Dios no tiene nada que ver con la pandemia, ¿por qué debería liberarnos?

Si no es Dios quien envía pandemias al mundo para castigar a la humanidad, ¿por qué debería intervenir para salvarnos de la enfermedad? El padre Territo responde a la pregunta provocativa: «Los hombres siempre estamos buscando un culpable porque esto nos salva, nos exonera. Nos volvemos a Dios para que nos enseñe cómo enfrentar esta vez. Nos volvemos a Él porque lo encontramos con nosotros en nuestra batalla diaria. Estamos en la tormenta – nos dijo claramente el Papa – y le pedimos a Jesús que despierte. Despertar no porque duerma, sino despertar en nuestros corazones, para que la ocasión dramática y dolorosa se convierta en una oportunidad para crecer en una relación íntima con el Señor. «El ayuno, la oración y la limosna son hoy una ocasión para decir: Señor, ilumina este tiempo», dice el jesuita.

El significado del ayuno y las obras de caridad

El ayuno es parte de las cinco prácticas religiosas del Islam. La profesora Houshmand lo recuerda, al igual que recuerda que el día de oración del hoy 14 de mayo cae al comienzo de la última década del Ramadán, los días más espirituales del mes sagrado, momentos de inmensa reflexión y espiritualidad. «El ayuno se logra perfectamente cuando eliminas lo superfluo, todo egoísmo y le das espacio completo a ese Dios que vive en todos los creyentes y no creyentes».

¿Pero por qué someterse a esta privación adicional, en un momento histórico ya tan doloroso? «El ayuno nos enseña a discernir nuestra hambre», dice Territo. «Nos hace responder a la pregunta ‘¿De qué se alimenta tu vida?’. Nos alimentamos de palabras, acciones, gestos, relaciones. Con el ayuno aprendemos a moderar nuestros apetitos y distinguir el hambre, la voracidad, los deseos. Y Además, el ayuno nos recuerda que un vacío vive en nosotros. Y ese vacío nos recuerda que somos personas dependientes de otra persona, es un vacío precioso que no debe llenarse de injusticia y avaricia, sino de Dios y las buenas relaciones con los demás».

Integrar la oración y el ayuno con las obras, esta es la invitación: «Nadie puede aferrarse a Dios – concluye Houshmand – solo aquellos que logran transformar sus credo en obras. La oración y el ayuno son estériles si no se llevan a cabo en servicio al el proximo».