Si ella tuviera una escoba

Algunos apuntes sobre el cartel:

La CUP ha reproducido la retórica visual y no visual de los años 20. Ni más ni menos.

Aparecen los llamados Países Catalanes, pero ni en Baleares ni en Valencia quieren poner urnas. No les interesa por ahora. Vota Cataluña.

No puede reaccionar ninguna Junta Electoral porque discurre todo en una alegalidad que es como un nuevo espacio jurídico: el Estado en esto se hace el «longuis».

La CUP fomenta materialmente la práctica okupa, y disculpa los altercados al turismo. En el cartel hay escrita una llamada a la desobediencia. Puede que sea a los papás, pero alguien podría ver una sugerencia de delito.

En el País Vasco lo sabemos, ¿pero cómo de instrumental es la relación entre las élites catalanas (dinero en Madrid) y la CUP?

De Lenin a Anna Gabriel. Un dibujante recibe el encargo y reproduce la propaganda revolucionaria de Viktor Deni. Piensa como en los años 20 pero dibuja como un mal epígono de Ibáñez para un mundo sin consecuencias de verbena de barrio.

La novedad es sustituir a Lenin por una «cupaire». La revolucion, como el loco de Amarcord, quiere una mujer. No es una«falsa magra» (falsa delgada) de Pla. Es un activismo eusquerizado.

El marxismo-leninismo no está penalizado socialmente. No te retiran el saludo. Constituyó el motor intelectual de los movimientos independentistas. Marx, Lenin y Stalin teorizaron sobre la autodeterminación. Pero con Cataluña a Lenin le daría un soponcio: «Si el marxista ucraniano se deja llevar por su odio, muy legítimo y natural, a los opresores rusos, hasta el extremo de hacer extensiva aunque sólo sea una partícula de ese odio, aunque sólo fuera distanciamiento, a la cultura y a la causa de los obreros rusos, ese marxista irá a parar a la charca del nacionalismo burgués». En la CUP van de okupas, pero quieren Estado; van de leninistas, pero son burgueses.

El dinero es internacional, el trabajador no.

Dirán que Padilla simboliza la tauromaquia, pero el poderío visual de su aire solanesco no pasa inadvertido a un dibujante. Padilla es también una España honda, meridional y tradicional que ellos ven negra. Una España que alimenta su imaginario racista, o concretamente racista. Ésa también fuera.

Estrechez de corrección política para unos, barra libre para otros.

El cartel original no dibujaba personas concretas. Representaban estamentos del antiguo régimen. La acción de barrer-de-un-territorio es expulsar. Esto es más delicado (esto sí) que un tuit.

Dicho todo lo anterior, la CUP está aprovechando el verano mejor que Luis Fonsi.

HughesHughes

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