Somalia, el eterno círculo de guerra y hambre

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La enésima sequía y una guerra interna de larga duración. Somalia no sale de su círculo infernal. La prolongada falta de lluvias amenaza con repetir la hambruna que en 2011 se cobró la vida de 260.000 somalíes. Sería la tercera en 25 años, desde la dramática crisis de 1992.

La mitad de la población (6,2 millones de personas) necesita asistencia humanitaria. Con el inicio de la estación seca, se enfrentan a una situación de grave inseguridad alimentaria, según el Programa Mundial de Alimentos (PMA). Entre ellos, están unos 275.000 niños que padecen desnutrición severa.

La sequía ha devastado los cultivos y privado a amplios sectores de la población de comida y agua, causando, además, un repunte del precio de los cereales. Las comunidades agrícolas y ganaderas son las más afectadas. Dos millones de somalíes han abandonado sus hogares y ya no cuentan con medios para mantenerse, mientras que el grupo terrorista Al Shabab —vinculado con Al Qaeda— sigue obstaculizando la llegada de ayuda humanitaria a distintas regiones del sur. Un nuevo brote de cólera y diarrea completa el escenario de emergencia.

El PMA apenas ha recaudado el 49% de los 257 millones de dólares que estima necesarios para hacer frente a las necesidades urgentes de Somalia, según un informe publicado el jueves por la agencia de Naciones Unidas. “Pero incluso disponiendo de la financiación necesaria, el limitado acceso de la ayuda humanitaria a determinadas zonas impide alcanzar las poblaciones necesitadas”, subraya el documento.

No solo es Somalia: la inseguridad alimentaria mantiene en vilo al Cuerno de África. Las agencias internacionales avisan del riesgo de que 2017 pase a la historia como el año de las cuatro hambrunas, si no se actúa de manera rápida: a Somalia se suman Nigeria, Sudán del Sur y Yemen. En todos estos países, además, los conflictos armados han provocado millones de desplazados.