Susto o muerte, por Joan Cañete Bayle

Begoña  Ruiz, jubilada de L’Hospitalet de Llobregat, tira de prosa para llegar a una conclusión nada poética: “Casi nos roban el verano y ahora van ustedes a robarnos el otoño y seguramente el invierno y, quién sabe, cuántas estaciones más. (…) Estoy enfadada, muy enfadada, triste y muy asustada”. Como Begoña, hay muchos ciudadanos que escriben a Entre Todos cartas preñadas de preocupación. Hace ya semanas que el volumen de textos que recibimos a diario sobre la crisis política en Catalunya es abrumador. Decenas de cartas con todos los argumentos posibles sobre el ‘procés’, el gran tema en la conversación pública. 

Pero a medida que pasan los días y los acontecimientos se aceleran, el tono de las cartas ha variado. En el camino hacia el 1-O, la discusión sobre el referéndum y la independencia predominaban; tras el 1 de octubre, y pasada la masiva indignación por la represión policial, un acrónimo y tres cifras pasaron a dominar la conversación: DUI y 155, susto o muerte, a puertas del Halloween anglosajón. Y de un tiempo a esta parte, desde la extraña suspensión de la independencia, desde que Mariano Rajoy se enzarzaron en su conversación epistolar, un nuevo tono predomina en la cartas: la preocupación, incluso el miedo, el lamento por el otoño robado de Begoña, la indignación de Anna Escamilla, estudiante de Terrassa (“¿Cuál es la raíz de esta crisis? (…) Por la incapacidad, desde hace años, de dar paso al diálogo que han demostrado el Govern de la Generalitat y el Gobierno español. Una incapacidad que deriva en un malestar y en una inquietud que afecta a toda a población”); el clamor de Mariola Ávila, estudiante de Barcelona (“Si queréis escuchar de verdad la voz del pueblo y dejar de jugar, prestad atención: señores Rajoy y Puigdemont, el destino de los ciudadanos está en vuestras manos ahora más que nunca”). 

“¿Cuál es la raíz de esta crisis? La incapacidad  de dar paso al diálogo”

Anna Escamilla

Universitaria. 20 años

Entretodos

Hablamos de conversación pública, pero en realidad se trata de un cúmulo de monólogos y de perplejidades. Hay dos bloques que tienen tan claras las ideas que se dedican al soliloquio que reafirma argumentos ya conocidos en oídos ya convencidos. En medio, se sitúa un tercer bloque que, más que implicarse, contempla  los acontecimientos. Las fronteras no son nítidas, y según el tema de conversación la correlación de fuerzas varía, como la reciente encuesta de Gesop para EL PERIÓDICO mostraba, pero dos argumentos sí se escuchan alto y claro en las cartas que recibimos ya desde hace días y en el sondeo de los institutos demoscópicos: son mayoría los que se oponen tanto a la DUI como a la aplicación del artículo 155 de la Constitución, ni susto, ni muerte. La tragedia del desarrollo de los acontecimientos es que hay muchas posibilidades de que acaben sucediendo los dos desenlaces que la mayoría de catalanes no quieren que ocurra. 

Parte del problema

“Los dos bandos, los de la DUI y los del 155, forman parte del problema (…) Los argumentos de ambas partes llevan en muchos casos al delirio, la exageración, los falsos datos (…) Mi pregunta es: ¿por qué en la efusividad de la batalla ninguno de los dos se ha dado cuenta de que entre ‘mandatos democráticos’ y ‘el cumplimiento de las leyes’ los dos agrandan el problema? (…)” , escribe Iván Rodríguez, economista de Lleida. “Gracias, Puigdemont y Rajoy por despertar el nacionalismo rancio en España y su homólogo en Catalunya, rancio también. Gracias por saltaros las leyes y los principios democráticos (…). Gracias por desestabilizar familias en las que ya no se puede hablar del tema (…). Gracias a uno por menospreciar a una parte de España (al menos lo es aún) y al otro por menospreciar a la mitad de Catalunya”, acusa Iván R. Martín, conductor ferroviario de Sant Joan Despí. 

“Quiero pensar que aún hay tiempo de una parada en la última estación, de nombre Sensatez, Diálogo, Convivencia”

J. M. Fernández-Arroyo

Asesor laboral. 57 años

Hay cartas que hablan de desasosiego e insomnio (“Son las cinco de la madrugada y la angustia no me deja dormir, creo que he encontrado la forma de detener esta locura y la tenía que pregonar en esta carta”, empezaba su texto Pere Caió, profesor de Soses), y hay cartas de quienes se niegan a caer en el desánimo (“Quiero pensar que aún hay tiempo, y millones de ciudadanos mantenemos la esperanza (…), de que antes del choque frontal que se antoja inevitable hagan parada en la última estación del trayecto, de nombre Sensatez, Diálogo, Convivencia”, dice José Manuel Fernández-Arroyo, asesor laboral de Barcelona).

Hay cartas que hablan de miedo (“No me avergüenza decirlo: tengo miedo (…) Miedo a la incertidumbre en que están instaladas nuestras vidas desde el día 6 de septiembre. Miedo al mañana (…) Miedo a la sinrazón creciente, al diálogo de sordos, a la tensión cada día en aumento (…) Miedo a la violencia, la sangre, el sufrimiento”, escribe Gustavo Galván doctor en filosofía de Barcelona) y otras que exigen a gritos a ambos presidentes que cumplan con su obligación, que es solucionar los problemas, no agravarlos: “Catalunya está a la deriva (…) La solución pasa por que las dos partes cedan y se conforme una mesa de negociación; de lo contrario, ambas partes sufrirán consecuencias negativas, pero, como siempre sucede, quien realmente perderá será la sociedad catalana en su conjunto y, en menor medida, la española”, argumenta Juan Amaro, pintor de Puigcerdà.

“Si su orgullo no les permite sentarse a dialogar y llegar a acuerdos, váyanse a casa”

Begoña Ruiz

Jubilada. 61 años

Begoña Ruiz es muy dura con los presidentes.: “Si su orgullo no les permite sentarse a una mesa y dialogar y llegar a acuerdos, váyanse a casa. Permitan que entre gente nueva que pueda, que sepa, que quiera arreglar este estropicio”. ¿Naíf? ¿Inocente? Son gritos de auxilio de ciudadanos que temen por la convivencia y el bienestar. “Queremos vivir en paz, recuperar la confianza, el optimismo. Ver crecer a nuestros hijos, a nuestros nietos. Disfrutar de los días de sol y de los días de lluvia. Como siempre hemos hecho. Quitarnos de encima esta inquietud negra que nos está enfermando”. ¿Quién puede estar en contra de este programa político?

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