Te recuerdo, Víctor Jara

Actualizado 16/09/2017 8:59:14 CET

   SANTIAGO, 16 Sep. (Notimérica) –

   La música es un arte, un arma para cambiar la sociedad y remover conciencias. Víctor Jara lo sabía, por eso en sus canciones plasmó de inestabilidad del Chile de Salvador Allende y Augusto Pinochet, las convulsiones ideológicas de una época que le costó la vida.

   Nació el 28 de septiembre de 1932 en Ñuble y desde pequeño trabajó con sus padres en el campo. Fascinado por los cantos de los campesinos, aprendió a tocar la guitarra y se mezcló con el folclore local.

   Después de varios empleos y traslados, la muerte de su madre disolvió el núcleo familiar. Sin saber qué hacer y aconsejado por un sacerdote, ingresó como seminarista en la Congregación del Santísimo Redentor, interpretando canto gregoriano. Sin embargo, al poco tiempo lo abandonó para cumplir con el servicio militar.

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    Comenzó a cantar en el coro de la Universidad de Chile, mientras estudiaba actuación e interpretación en su Escuela de Teatro. Además, durante este tiempo, montó sus primeras obras, compuso sus primeras canciones y conoció a una de las mujeres más importantes de la música popular y de su vida, Violeta Parra.

AL LADO DEL PUEBLO

   Compaginando ambas actividades, recibió diversos premios y empezó a actuar como solista. Las obras ‘La maña’ y ‘La remolienda’, así como la canción ‘Paloma quiero contarte’ llevan su nombre.

   A finales de la década de los 60 se metió de lleno en la música y en las protestas. Así, grabó su primer disco en solitario, que se denominó ‘Víctor Jara’, y participó en actos subversivos, como la campaña contra la Guerra de Vietnam. Sus actos le convirtieron en una de las caras visibles de la ‘Nueva canción chilena’.

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    Este tipo de música buscaba recuperar las raíces folclóricas tradicionales del país para fundirlo con una lírica de fuerte contenido social. Marcó una nueva concepción como símbolo de libertad, siendo censurada después del Golpe de Estado de Augusto Pinochet en 1973.

   Aguerrido comunista, se posicionó a favor de Unidad Popular, el partido de Salvador Allende. Su ayuda fue recompensada en 1970, cuando fue nombrado embajador cultural. Participó en diversos actos en la Unión Soviética, en Cuba y a favor de la concesión del Nobel a Pablo Neruda.

SIN DERECHO A VIVIR EN PAZ

   Sin embargo, todo se truncó de forma súbita el 11 de septiembre de 1973. El derrocamiento de Allende y la subida al poder de Pinochet significó el comienzo de una dura represión en Chile. Cientos de personas fueron secuestradas, torturadas y asesinadas, uno de ellos Víctor Jara.

   Llevado al Estadio Chile, la actual cancha que lleva su nombre, fue golpeado e insultado durante días. Le quemaron con cigarrillos, le rompieron los dedos, le cortaron la lengua y le sometieron a simulacros de fusilamiento hasta que, finalmente, el 16 de septiembre dejaron su vida volar.

Tumba

   Su asesinato quedó impune durante toda la dictadura y no fue hasta 2009 cuando se encarceló a alguien por su muerte. Cada uno de los 44 balazos que recibió Víctor Jara lo convirtieron en un mártir, en un icono inocente que, abogando por el derecho a vivir en paz, sufrió las atrocidades de la dictadura chilena.


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