Teresa Rodríguez resucita la “soberanía popular andaluza” al amparo del 1-O catalán

Catalunya y el conflicto soberanista se han convertido en materia política de primer orden en el Parlamento andaluz. El desafío catalanista ha agudizado el debate territorial en Andalucía: los partidos hablan de mejorar el modelo de financiación autonómica, y los partidos de izquierda han resucitado la épica del 4 de diciembre de 1977 (4-D), cuando millones de andaluces salieron a la calle a reivindicar una autonomía plena, hace justo 40 años. Aquí chocan de nuevo el PSOE de Susana Díaz y el Podemos de Teresa Rodríguez, que además de disputarse la hegemonía de la izquierda, batallan ahora por erigirse en el principal valedor del autonomismo andaluz.

En esa carrera hacia el 4-D, Díaz y Rodríguez han tomado caminos paralelos. La presidenta de la Junta se esfuerza por combinar su defensa de Andalucía con la unidad indisoluble de España, mientras que la líder de Podemos se alinea con el derecho de autodeterminación de Catalunya, defiende la necesidad de “legitimar” el referéndum del 1 de octubre, y trata de exportar a Andalucía el espíritu catalanista para conducir a su partido hacia una especie de nacionalismo andaluz renovado. Teresa Rodríguez, cuya corriente Anticapitalistas sí respalda el 1-O, ha abierto la puerta a la “soberanía popular andaluza”.

La gaditana no reivindica la autodeterminación de Andalucía, “porque no es una aspiración que esté en la calle”, pero ha llevado su defensa del autonomismo a un nivel superior, con un discurso nuevo que bebe mucho del nacionalismo catalán o andaluz. Por primera vez, Podemos reclama que Andalucía recupere competencias que ahora son propias del Ejecutivo central, que avance en cotas de autogobierno más allá de lo dispuesto en el Estatuto (aprobado en 1980 y actualizado en 2007).

A dos semanas para el 1-O, Teresa Rodríguez ha empezado a denunciar abiertamente que el margen de autonomía política de Andalucía es insuficiente o, al menos, que la gestión que la Junta ha hecho de sus atribuciones durante los últimos 40 años -conquistadas en el referéndum del 28 de febrero- no han dado los frutos esperados. En los próximos cuatro meses, Podemos Andalucía va a impulsar “propuestas institucionales, movimientos orgánicos y movilizaciones en la calle” para reclamar más autogobierno.

Soberanía popular andaluza

El primer paso, según ha podido saber Público, es toda una declaración de intenciones: Rodríguez no defiende la independencia de Andalucía -tampoco de Catalunya-, pero abre la puerta a “la soberanía popular andaluza”. Esta propuesta se va a concretar con la petición al Gobierno de Díaz para que reclame al Estado más competencias autonómicas de las que ahora ostenta, sin especificar, por ahora, qué otros poderes de autogobierno quiere ganarse: “Competencias políticas, fiscales, en materia energética…Que cada comunidad se dote de sus propias normas y haciendas propias”, asegura.

En la misma línea, la gaditana prepara otra estrategia para afrontar la falta de autonomía política y financiera que ostenta su propia organización. Se cumple un año ahora desde que Rodríguez accedió a la coordinación regional de Podemos Andalucía con el compromiso de lograr un partido más autónomo, menos dependiente de la dirección de Pablo Iglesias, con capacidad para gestionar sus cuentas, elegir a sus candidatos en las listas electorales o formar alianzas con otros partidos. La negociación con Madrid no ha avanzado en ese sentido, es más, la polémica modificación de los estatutos de Podemos ahonda en la centralización de la formación morada, y frustra las ansias federalistas de algunas agrupaciones, como la andaluza. En Podemos Andalucía entienden que no pueden reivindicar más autogobierno para la región sin elevar la voz dentro de su propio partido para lograr un mayor margen de autonomía política y organizativa.

El patrimonio huérfano del PA

Ni PSOE ni Podemos defienden en abierto el nacionalismo andaluz, pero forcejean por capitalizar el patrimonio político que dejó hueco el Partido Andalucista (PA), sin representación parlamentaria desde 2008 y disuelto formalmente en 2015. El PA se declaraba una organización nacionalista, federalista y progresista, llegó a ser la quinta fuerza política de España (en el año 2000), con 356.000 votos, 30 alcaldías, 545 concejales en Andalucía, y formó parte de un Gobierno de coalición con el PSOE de Manuel Chaves.

Durante la transición tuvo grupo parlamentario propio en el Congreso de los Diputados e incluso representación en el Parlament de Catalunya. Si el PA no ha renacido es porque los socialistas supieron adueñarse de gran parte de su discurso -el que no distorsionaba el mensaje socialista-, pero también sus símbolos, sus referentes. Ahora ese patrimonio político se lo disputan Podemos e IU, que le reprochan al PSOE que defienda ahora el 4-D, una efeméride que los socialistas han marginado durante dos décadas, porque han preferido centrarse en los fastos institucionales del 28-F, día de Andalucía.

En el arranque del nuevo curso político, la presidenta de la Junta convocó a todos los líderes de la oposición con objeto de cerrar un pacto sobre un modelo de financiación autonómica que beneficie a Andalucía, para lo cual acaba de conformarse un grupo de trabajo en el Parlamento. Su intención es que los grupos políticos pongan los intereses de Andalucía por encima de sus intereses de partido, para llevar a Madrid una voz única y, en consecuencia, más fuerte y legítima de las reivindicaciones de Andalucía.

Díaz quiere hacer coincidir ese “frente común andaluz” con el 40 aniversario del 4-D, cargando así de simbolismo el pacto con sus adversarios. “Confío en que haya voluntad de acuerdo y altura de miras de todas las fuerzas. Y qué momento mejor para llevarla a cabo que la víspera del 4-D. Que las fuerzas políticas sean capaces de ponerse de acuerdo y hagan honor a aquel 4 de diciembre, empezando por una gran alianza política y social en defensa de la financiación que esta comunidad necesita y merece”, dijo el miércoles a los diputados de su grupo parlamentario.

Es una hoja de ruta ambiciosa y difícil de imaginar. Todos los partidos se han sumado a la iniciativa con más o menos escepticismo, porque sospechan que la presidenta trata de “instrumentalizar” el 4-D. La primera en marcar distancias ha sido Teresa Rodríguez, que interpreta el “renovado andalucismo” de Susana Díaz en clave interna del PSOE, como una nueva forma de seguir enfrentándose a Pedro Sánchez y su propuesta de una España plurinacional.

La sesión de control al Gobierno del jueves evidenció ya la fractura de ambas políticas. Susana Díaz reprochó a Rodríguez que haya hecho suyo “el discurso de la derecha más rancia al defender que Andalucía está igual que hace 50 años”. La presidenta reiteró varias veces que se siente “tan andaluza como española”, defendió “la defensa de la unidad de España, sin tibieza ni ambigüedad”, y retó a la líder de Podemos a que expresase sin matices su posición sobre el 1-O. “¿Defiende usted el referéndum soberanista catalán? ¿Defiende la desobediencia a las leyes que está en el programa, no de Podemos, pero sí de Anticapitalistas?”, le dijo.

Rodríguez afeó a Susana Díaz que reivindique la igualdad de Andalucía pero “a la baja, no al alza, que fue lo que reivindicaron los andaluces el 4-D y el 28-F”, y la acusó de “degradar el patrimonio constitucional andaluz”. “Ojalá fuera lo mismo nacer en Andalucía que nacer en otra parte pero tenemos la mayor tasa paro, de precaridad, de temporalidad o los niveles más bajos de capacidad para mantener nuestros servicios públicos del país”, le espetó la líder de Podemos, tras justificar que su partido haya abierto una reflexión sobre “si hemos hecho realidad nuestros sueños de autonomía.

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