Theresa May: “Ya basta”

Del atentado del puente de Westminster al del puente de Londres han pasado menos de tres meses, pero muchas cosas. Si el primero fue una excepción, el segundo casi parece ya la regla, la posnormalidad, como hay la posverdad y la pospolítica, máxime cuando entre uno y otro está el ataque en Manchester a la salida de un concierto. Y en medio de todo ello, para crear un clima más venenoso si cabe, la convocatoria de elecciones anticipadas.

Se estaban contando todavía las víctimas del suceso del sábado por la noche (siete muertos y 48 heridos, algunos de ellos en estado crítico) cuando la primera ministra, Theresa May, decidió hacer política y comparecer a la puerta del número 10 de Downing Street para decir “ya basta”, proponer medidas más severas contra el terrorismo y afirmar que “la sociedad británica es demasiado tolerante con quienes cometen estas atrocidades, y ello ha de cambiar”. Un mensaje polémico de por sí, pero más aún porque los principales partidos políticos habían acordado suspender durante veinticuatro horas la campaña.

May dice que “ hay que convencer a los jóvenes musulmanes de que los valores occidentales son superiores”

Tras haber perdido la mitad de la ventaja que llevaba en las encuestas, y dado que la seguridad es considerada (junto con el Brexit) su punto fuerte, la primera ministra no pudo resistir la tentación de jugar una carta que los acontecimientos le habían servido en bandeja. “Derrotar la ideología que hay detrás de estos ataques, una perversión del islam, es uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo, y no lo lograremos sólo con la intervención militar –señaló–. Es hora de decir basta. En la sociedad británica existe demasiada tolerancia con el extremismo, y tenemos que ser mucho más duros a la hora de identificar y señalar con el dedo a los elementos radicales”.

No sólo el momento del mensaje ha resultado controvertido, también su naturaleza, en cuanto que parece dirigido a la amplia comunidad islámica con la acusación velada de que hace la vista gorda a las acciones de quienes se vuelven contra el país en el que viven, que les ha dado acogida, o en la inmensa mayoría de los casos en el que han nacido. Se estima que setecientos yihadistas británicos han ido a las guerras de Siria, Irak y Afganistán, y han regresado convertidos a la causa de Al Qaeda, el Estado Islámico o cualquiera de sus franquicias.

“Todo el mundo debe seguir viviendo sus vidas con normalidad, pero hay cosas que necesitamos cambiar ahora –añadió May–. Nos enfrentamos a un nuevo tipo de amenaza que no requiere años o meses de planificación y entrenamiento, sino imitar lo que hacen otros con medios relativamente rudimentarios”. Camiones y cuchillos. Un día el puente de Westminster, otro el puente de Londres.

En vísperas de elecciones

En un discurso extraordinariamente político en vísperas de elecciones, May propuso que “los jóvenes musulmanes tentados con la ­radicalización han de ser persuadidos de que los valores occidentales son superiores”. Tomar medidas a escala internacional para cerrar “los espacios de internet en que se mueven libremente y con impunidad”. Eliminar la tolerancia a los comportamientos radicales. Y revisar la estrategia antiterrorista y las leyes de seguridad, imponiendo castigos más duros a ciertos delitos.

El Partido Laborista calificó la intervención de la primera ministra de violación del compromiso de suspender la campaña, y su responsable de política exterior, Emily Thornberry, dijo que le parecía “inapropiado plantear estas cuestiones cuando hay gente que todavía no sabe si sus seres queridos figuran entre los muertos o heridos”. “May dice ahora que ya basta –afirmó–, pero también dijimos ya basta después del 11-S, y de los atentados de Madrid, y del 7-J de Londres, y del ataque al puente de Westminster, y de la bomba de Manchester. ¿Qué ha cambiado ahora?”. Que dentro de tres días hay elecciones.

El atentado del Puente de Londres

A las 9.58 de la noche del sábado, una camioneta blanca entró a setenta kilómetros por hora en el puente de Londres desde la City, en dirección sur, se subió a la acera y arrolló a los peatones que encontró en su camino. Tras estrellarse contra un pub, tres individuos se bajaron de su interior y empezaron a intentar rematar a cuchilladas a las víctimas. Luego se dirigieron al mercado de Borough para continuar la masacre, y a los bares y restaurantes de la Stoney Street, como el españolBrindisa o el mexicano Pastor, llenos de gente. Las primeras ambulancias llegaron a las 10.07.

Un minuto después, un helicóptero Blue Thunder de las Fuerzas Especiales aterrizó sobre el puente, y llegaron las unidades antiterroristas de Scotland Yard . La gente empezó a correr despavorida en cuanto se corrió la voz de que se trataba de un ataque terrorista. En un local, los clientes lanzaron mesas, sillas y botellas contra de los asaltantes, y en otro bloquearon la puerta con todos los objetos que pillaron a mano. Hay víctimas francesas, australianas, neozelandesas, canadienses y un español que sólo ha sufrido lesiones leves. Varios policías resultaron heridos, uno de ellos, exjugador de rugby, al lanzarse sobre uno de los yihadistas. Los actos de heroicidad fueron numerosos, y también los gestos solidarios. Vecinos del barrio ofrecieron sus casas a quienes no podían desplazarse hasta las suyas, y muchos taxistas no cobraron las carreras.

Los tres terroristas (que llevaban falsos chalecos bomba) fueron abatidos a tiros ocho minutos después de que la policía recibiera el aviso. El ataque duró 18 minutos en total. Anoche el Estado Islámico reivindicó su autoría, sin dar más detalles.

Un vecino ha identificado a un terrorista como de origen pakistaní, con mujer e hijo, de poco más de veinte años. Las autoridades han detenido a doce personas en Barking, un barrio del East End, como posibles cómplices. Durante todo el día de ayer los alrededores del puente de Londres permanecieron acordonados, y la estación de tren y metro estuvo cerrada. El Ramadán, que los islamistas radicales utilizan para alentar a actos terroristas, no ha hecho más que empezar.

London bridge is falling down, falling down, down… El puente de Londres va a caer, va a caer, va a ­caer.. . No se sabe a qué se refiere la letra de la canción infantil, si a un ataque vikingo, a problemas estructurales o a la leyenda de que en su interior eran enterrados vivos niños a modo de sacrificio. Hasta ahora nadie había pensado en un ataque terrorista.

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