Tormenta de ideas europeas

Luz tenue, sillas de diseño sin ninguna barrera ni mesa delante, un inmenso tapiz de flores amarillas en el centro… Más que una cumbre europea, el escenario de la cumbre celebrada ayer en Tallin parecía una reunión de mentes creativas o una conferencia de gurús digitales. Los líderes europeos no se distinguen precisamente por ninguna de las dos cosas pero las discusiones mantenidas en los últimos días en la capital estonia sobre el futuro de la Unión y la economía digital arrojaron una auténtica tormenta de ideas, algunas difíciles de conciliar entre sí.

Tal es la cacofonía imperante que el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, no dudó en comparar los debates con un ­concurso de canción. “Aunque algunos piensen que esto es una especie de competición como Eurovisión, y quizás lo sea, personalmente estoy convencido de que lo haremos mejor juntos, si cantamos con una sola voz”, declaró Tusk, deslizando lo que algunos observadores interpretaron como una velada crítica al protagonismo del presidente francés, Emmanuel Macron.

La cumbre de Tallin puso de manifiesto la voluntad de los gobiernos de reformar la Unión Europea pero la dirección no está tan clara. Las propuestas maximalistas de Macron provocaron algunas reticencias: no todos quieren ir tan lejos, ni tan rápido, ni creen que sea posible llevar a la práctica algunas de sus ideas. Su plan incluye desde la creación de un ministro y un presupuesto propio para la zona euro al lanzamiento de una ambiciosa política industrial que permita emerger a “campeones europeos” en sectores actualmente copados por empresas americanas o chinas, una idea que a oídos del norte suena muy francesa y que implica un aumento del gasto público. La canciller alemana, Angela Merkel, ve amplias convergencias entre sus propias ideas y las de Macron pero ayer ya echó el freno sobre la idea de un gran reforma de la gobernanza de la zona euro, un plan que sus futuros socios políticos liberales no comparten.

“Prefiero prometer menos y hacer más”, afirma Rutte; “es mejor no prometer un elefante si vas a parir un ratón”

“Prefiero prometer menos y hacer más”, alertó el primer ministro de Holanda, Mark Rutte. “Mejor no prometer un elefante si al final vas a parir un ratón”. “Estamos empezando la casa por el tejado. Estamos hablando de nombrar un ministro europeo de Finanzas ­pero nadie me ha dicho aún qué haría”, añadió Rutte, alérgico al ­estilo visionario de Macron o el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker.

También a corto plazo hay divergencias. El plan de Alemania, Francia, Italia y España de introducir en breve una tasa digital para gravar más justamente los beneficios de las grandes empresas tecnológicas en Europa ha chocado con las reservas de los países más pequeños, que en algunos casos basan su atractivo en la baja fiscalidad, y otros que temen que el impuesto lleve a estas empresas a alejarse del mercado europeo.

Como Holanda, los países nórdicos expresaron dudas sobre la idea de apostar por una mayor integración política y económica y poner a Europa en el centro de los debates nacionales. “Estamos en un momento de cambio y de oportunidades para Europa”, admitió el primer ministro de Dinamarca, Lars Lokke Rasmussen, que ve interés en hablar de “políticas” pero no entusiasmo para abrir un gran debate institucional sobre la UE.

¿El futuro pasa por avanzar todos juntos o por grupos? Bruselas y los países más pequeños defienden que hay que hacerlo a la par. Otros como Francia y más tímidamente Alemania, empiezan a pensar en impulsar grupos pioneros con los socios dispuestos a hacer más. Durante las dos próximas semanas, Tusk tratará de reconciliar los diferentes puntos de vista y en la cumbre de mediados de octubre en Bruselas presentará una nueva agenda política a los líderes de la Unión con un programa claro de medidas que deberían adoptar a lo largo del próximo año para, así, marcar el programa de trabajo de las instituciones europeas para después de las elecciones euro­peas del 2019. “El 2018 es un año de oportunidades para los europeos, En cinco o diez años será demasiado tarde”, urgió el presidente francés. Hombre pragmático y realista, Tusk prometió centrarse en “buscar soluciones reales a problemas reales”, avanzando “paso a paso y tema por tema”.

Macron se mostró poco impresionado por las reservas expresadas hacia sus planes. “Corresponde a nuestra generación construir una Europa que nos proteja”, escribió en una red social junto a una foto con otro de los miembros más jóvenes del Consejo Europeo, el primer ministro de Luxemburgo, Xavier Bettel. ¿Hay una brecha generacional, además de geográfica e ideológica, en los debates sobre el futuro de Europa? “Es bueno que haya varias generaciones alrededor de la mesa. Gente que lo ha visto todo pero que tienen la tendencia a decir que algo no es posible, y gente que no ha visto tanto y que dice claro todo es posible. Hay un buen equilibrio de líderes de alrededor de 40 años y mayores de 60”, afirma un alto funcionario europeo. “El entusiasmo de Macron es muy bienvenido, ahora se trata de canalizar esas energías” , añade.

Los líderes de Suecia, Dinamarca y Finlandia fueron los más activos en el debate lanzado por Estonia sobre la economía digital y sus consecuencias para la sociedad europea. ¿Cómo cobrar impuestos, regular la inteligencia artificial, facilitar la libre circulación de datos…? “En este tema, también existe una brecha europea, esta vez entre el norte y el sur, y sería bueno abordarla. Hay que poner la cuestión digital en la agenda europea”, afirman fuentes diplomáticas. La semilla quedó sembrada en Tallin.

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