Inicio Actualidad Torra, salvado por los presos

Torra, salvado por los presos

El independentismo catalán ha vivido días infaustos en el último año. Nueve dirigentes encarcelados. Otros huidos. Todos ellos procesados por delitos de una gravedad desorbitada, muy discutible. El repudio internacional al éxtasis unilateral. La cruz y raya del capital. La desnudez de unos argumentos imaginarios. El desgarro posconvergente. La fractura entre ERC JxCat

El cúmulo de calamidades resulta abrumador.  Habría sido insoportable si no hubiera mediado la irresponsabilidad de un estado que, a golpe de porra y de juristas de aliento vengador, ha regalado un relato de repuesto a los independentistas. El original había quedado sepultado bajo los escombros del engaño.

Pero ninguna de esas adversidades ha entrañado una amenaza estratégica tan espantosa para el movimiento secesionista como  las últimas huelgas y movilizaciones de médicos, docentes, estudiantes y funcionarios. Después del 15-M, en el 2011, y la huelga general del año siguiente, las calles se habían convertido en un coto exclusivo de los coreógrafos de masas nacionalistas. El Gobierno catalán había dejado de gobernar. Las últimas decisiones de peso fueron los hachazos al estado del bienestar y las privatizaciones de Mas. Después, todas las energías disponibles fueron engullidas por el ‘procés’. Cuanto más tiritaban los servicios públicos, con más empeño se inflamaban las banderas.

Otoño caliente

Hasta que los trabajadores de la función pública se han plantado. Han dicho basta y están celebrando un otoño caliente muy distinto del que Torra había soñado y augurado. El ‘president’, arrinconado contra la realidad. Arrinconado y mudo.

Pero justo al final de la peor semana de Torra, dos presos, Sànchez y Turull, ambos de JxCat, se han declarado en huelga de hambre. ¿Coincidencia casual o causal? Da igual, el efecto previsible será el mismo: amortiguará el clamor de las protestas sociales contra el Govern.

Los reclusos y su juicio inminente son hoy la mejor baza para cohesionar las filas independentistas, electrizar a sus votantes y despertar solidaridades ajenas. La evolución del conflicto catalán se va a dilucidar entre el frufrú de las togas del Tribunal Supremo. Un estrambote político temible. Espeluznante.