Transexuales condenadas a la calle

El mundo laboral es una ratonera para las transexuales: empleos vetados, rechazo para puestos de atención al público o entrevistas laborales donde se les pregunta más por su sexo que por su formación. “Puedes ser ‘trans’, pero que no se note”, apunta Txus Pedrosa, coordinadora de programas de la Fundació Surt, una organización feminista de acción social. Tanto Pedrosa como Belén Camarasa, responsable de inserción de la entidad, añaden: “La exclusión laboral es una de las violencias más opresivas y menos visibles”. Las escasas cifras que hay sobre el empleo en el colectivo revelan que el paro “está disparado”.

Las trabas les abocan, a menudo, a aceptar puestos en la economía sumergida o directamente a la prostitución. El rechazo, la vulneración de derechos laborales y la falta de oportunidades son las quejas que repite el colectivo cuando acude a la Fundación Surt. “Aquí les damos recursos y herramientas para acceder a un empleo”, explica Pedrosa.

Currículos

Una de estas herramientas consiste en enseñarles a redactar un currículo y asesorarles sobre cómo acudir a una entrevista laboral. A algunas les aconsejan “presentarse como hombre para evitar problemas–relata Pedrosa-, es un error. Lo mejor es resaltar la transexualidad como un valor que aportan a la empresa”.

Pero “este valor” en la práctica es una utopía. Algunas aspirantes cuentan que en las entrevistas  “si el sexo que figura en el carnet de identidad no concuerda con el aspecto físico, la charla desvaría y se centra en el sexo de la candidata”, denuncian. “No dicen que no nos dan el empleo por ser ‘trans’, pero ya no nos llaman.  Las colocaciones son ínfimas”, reconoce Camarasa. Por eso, en Surt les dan apoyo para romper el techo de cristal laboral.

Hay trabajos en los que no solo les ponen trabas, “directamente les vetan al exigir no tener enfermedades mentales”, afirma Pedrosa. Desde 1980, pese a la oposición del colectivo, la transexualidad se cataloga como enfermedad mental, ya que para cambiarse de sexo en el DNI (no siempre es necesario estar operada) hay que presentar un diagnóstico de disforia de género, un trastorno de identidad sexual.

Mossos d’Esquadra

Este diagnóstico les impide acceder a bomberos, fuerzas de seguridad o a empleos con menores y se exige: “poseer la capacidad física y psíquica necesaria para ejercer las funciones propias de las plazas a cubrir”. Uno de estos casos lo vivió una mosso d’Esquadra. Entró como hombre por eso no tuvo ningún impedimento.

Camarasa afirma que “las empresas no son agentes aliados y mantienen con sus prácticas la transfobia“. Las firmas argumentan que son los clientes los que rechazan a las trans en puestos de atención al público. “Hay que visibilizarlas y cuando en una tienda la dependienta sea transexual , la gente lo normalizará”, concluye.

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