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Trenes rigurosamente vigilados (Ostre sledovane blaky): así que la democracia era esto

Fotomontaje de «Trenes rigurosamente vigilados»

Por Laureano Benítez Grande-Caballero.- En 1966 se estrenó la película checa «Trenes rigurosamente vigilados», dirigida por Jiri Menzel, en lo que era su primer largometraje, basado en una novela homónima del autor Bohumil Hrabal. La película trata sobre el despertar a la sexualidad y la realidad de la vida de Milos, trabajador en una estación ferroviaria de una apartada localidad del protectorado alemán de Bohemia-Moldavia, en los postreros meses de la II Guerra Mundial.

No he visto el film ―que consiguió el Óscar a la mejor película extranjera en 1967― pero siempre ha estado en mi memoria, debido a su poético y curioso título, hasta el punto de que su original en checo ―Ostre sledovane blaky― nunca se me olvidó.

Este recuerdo se me ha avivado últimamente, debido a que ese título expresa a la perfección la mejor manera de describir nuestra presunta democracia, este maravilloso e idílico régimen de libertades que nos cayó como un supuesto Eldorado, inaugurado en las elecciones de 1977, como un mágico país de Jauja donde se nos iba a asegurar la libertad, la igualdad y la fraternidad, amén del progreso y toda clase de felicidades.

Sí, porque estamos en una democracia rigurosamente vigilada, ferozmente controlada, alevosamente adulterada, sibilinamente prostituida por los dictácratas del NOM, que se valen de sus peones en el juego para llevarnos a un mundo tan apocalíptico, que ni siquiera el mismo Orwell se atrevió a imaginar.

España, España de mis entretelas, donde los vehículos son rigurosamente vigilados por una miríada impresionante de cámaras, de radares, de drones, de grises agentes que te persiguen hasta el último rincón para endosarte multas sin fin, para prohibirte que circules, para hacer de las carreteras increíbles bosque donde las señales se multiplican hasta el infinito. Y ya se sabe lo que dijo Lao Tsé, que cuantas más leyes hay en un país, más delincuentes, porque es imposible que alguien pueda cumplirlas todas.

Palabras rigurosamente vigiladas, tenazmente perseguidas por los thinkpols de Facebook, de Google, de Twiter, por los pastores de los malditos bulos, por los apesebrados del NOM que estigmatizan cualquier expresión en contra de las ideologías del globalismo… Redes sociales rigurosamente vigiladas, donde cualquier atisbo de disidencia es rigurosamente censurado, clausurado, cerrado, destruido…

Palabras vigiladas a través de un neolenguaje que impone decir «persona afrodescendiente» en lugar de «negro» o «de color»; adonde hay que decir eso de freír espárragos antes de eso otro que ustedes ya saben, y lo mismo pasa con gay, y con otras muchas palabras… Lenguaje donde se prohíben las palabras «padre» y «madre», sustituidas por «progenitores» A y B, donde hay que tener cuidado con los animales que nombras con tono despectivo, por aquello del PACMA.

Ojo de Horus, ojo vigilante, ojo insomne y siempre alerta con el cual los centinelas del globalismo barren implacablemente nuestras vidas, rigurosamente controladas por los chips de los móviles, de las tarjetas de crédito, de los ordenadores, donde nos las dan hasta en el carnet de identidad… Matrix espeluznante por medio de lo cual saben lo que cantamos en la ducha, lo que desayunamos, la ración que comemos en el bar donde estamos justo ahora, a quién votamos, nuestro equipo de fútbol y hasta si somos estreñidos o no… Todos y cada uno protagonizamos diariamente el Show de Truman, donde se graba en directo nuestra vida con pelos y señales, para mayor gloria de nuestro magnífico régimen de libertades.

Democracia, sí, de dineros rigurosamente vigilados, donde un feroz ministerio rastrea con sus sabuesos cibernéticos hasta el último céntimo que tenemos, vaciándote los bolsillos, husmeando en tus cuentas, en tus tarjetas, mirando bajo las baldosas de tu casa para ver si has escondido algo, monitoreándote sin descanso, inspeccionándote sin piedad para sacarte hasta la última manteca…

Ideas rigurosamente vigiladas por ministerios implacables, que impedirán decir que Franco hizo pantanos, que los rojos republicanos eran matacuras y quemaconventos, que Largo Caballero dio cuatro golpes de Estado, que Carrillo era un exterminador… Tampoco se podrá decir nada en un futuro muy próximo en contra de la inmigración ilegal, de las kabalgays, de la gran estafa del cambio climático antropogénico, del feminismo misándrico que devasta nuestros cielos con sus escuadrones de brujas volanderas…

Niños rigurosamente vigilados en la escuela, por colectivos LGTBI, por textos donde la verdad histórica es rigurosamente vigilada, por profes que vigilarán con rigor que los infantes practiquen jueguecitos sexuales.

Éstas son nuestras portentosas libertades, nuestro Estadito de Derecho, donde, sin embargo, puedes hacer una tesis doctoral fraudulenta y que no te pase nada, donde puedes defraudar a Hacienda y cobrar como tertuliano o ministro, donde los pucherazos son de manual, donde ni siquiera muchos jueces tienen independencia para desligarse de la vigilancia rigurosa del Estado.

Toros rigurosamente vigilados, franquistas rigurosamente vigilados, heteropatriarcas rigurosamente vigilados, cruces rigurosamente vigiladas, patriotas rigurosamente vigilados… ¿para qué seguir?

Y así sobrevivimos, con nuestros pasos rigurosamente vigilados, y luego dicen que aquello fue una dictadura, y que Franco fue un dictador.

Así que la democracia era esto… ¿Saben cómo se llama una democracia rigurosamente vigilada?: pues Dictacracia.

Es decir: Ostre sledovane blaky.