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Tres victorias de la izquierda

Edurne Uriarte.- La derecha ha ganado buena parte de las principales elecciones democráticas del mundo en 2017, en Chile la última, pero la izquierda se ha llevado los triunfos en los debates éticos. El pueblo vota a la derecha, pero los intelectuales votan a la izquierda; el comportamiento electoral por un lado y los debates intelectuales por otro. Por eso acabo de publicar mi libro Diez razones para ser de derechas… y atreverse a decirlo, con plena conciencia de que es una obra para minorías. Y desde esa minoría charlo con mis amigos peruanos para entender el último gran debate moral de 2017, el planteado por el indulto al expresidente Fujimori.

Perú está dividido entre fujimoristas y antifujimoristas más que entre izquierda y derecha, pero no es casualidad que este indulto se haya convertido en un escándalo nacional e internacional, dado el peso de la izquierda en el antifujimorismo. Hasta tres congresistas, un ministro y dos asesores, han dimitido por el indulto cuando no lo hicieron por la corrupción del presidente Kuczynski. Y, por supuesto, los indultos a los terroristas de Sendero Luminoso ni conmocionaron al mundo ni a Perú. Y más llamativo aún, este mismo año, alguno de los intelectuales indignados con el indulto comprendió y apoyó los acuerdos del Gobierno colombiano con algunos de los mayores criminales de Latinoamérica, los terroristas de las FARC, de extrema izquierda, como los de Sendero Luminoso.

Fujimori, condenado por gravísimos crímenes, al menos fue juzgado y condenado y ha cumplido doce años en la cárcel, mientras que los asesinos y narcotraficantes de las FARC ni siquiera van a ser juzgados. Todo lo contrario, hasta les han regalado varios asientos en el Parlamento. Pero fuimos minoría en el mundo quienes nos escandalizamos por esa impunidad mientras que algunos de quienes la comprendieron ahora encuentran intolerable el indulto a Fujimori. Es una de las victorias morales de la izquierda que, no es casualidad, ha sido abrumadoramente mayoritaria en el apoyo a la impunidad de los terroristas de las FARC.

Como lo ha sido en otra de sus victorias morales de este año que acaba de terminar, la que ha convertido a Donald Trump en un líder peligroso para la democracia mientras que ha legitimado a partidos y movimientos de extrema izquierda, comunistas y chavistas, como nuestro Podemos, como dignos y necesarios portavoces del pueblo que sufre. De ahí que una encuesta mundial de WIN/GIA cierre el año con el lamentable dato de que el dictador de China o Putin están mejor valorados que Donald Trump; y no han incluido a Maduro en el listado, pero seguramente también le ganaría, y no digamos el comunista Pablo Iglesias en España, que le arrasaría.

La tercera victoria es en realidad una derrota que la izquierda reconvierte en supuesta victoria. Porque ha logrado que nadie se acuerde demasiado del principio de Wikileaks y Julian Assange, aquella oscura red de espionaje que también una minoría cuestionamos hace años. Entonces, cuando atacaba a determinados intereses y líderes, fue alabada como una gran aportación a la libertad. Daba igual la financiación y aún menos importaban sus sucios métodos. Hasta que llegó el ataque a Hillary Clinton y el triunfo de Donald Trump y el planeta está repentinamente conmocionado por las injerencias rusas en las democracias occidentales. Y lo que antes era servicio a la libertad, el robo de documentos, se convierte en intolerable amenaza a la democracia, cuando el robo es a los Demócratas de Estados Unidos y a Hillary Clinton. Porque los escándalos éticos lo son cuando así lo decide la izquierda.