Trump contraataca y denuncia la «mayor caza de brujas de la historia»

Un Consejo Especial para investigar la conexión rusa estrecha el cerco al presidente. Asesores de Trump contactaron al menos 18 veces con cargos rusos antes de la elección presidencial

Las malas noticias no suelen venir solas. Como en una espiral perversa, la última semana ha acumulado contratiempos hasta situar a Donald Trump contra las cuerdas. La acumulación de indicios de que el presidente ha intentado frenar las pesquisas del FBI sobre sus conexiones rusas durante la campaña electoral ha terminado por impulsar una investigación oficial que abre todas las opciones, con la sombra de la «obstrucción a la Justicia» como principal motivo de una posible acusación. La forzada destitución del director de la Oficina, James Comey, unida a su exigencia de que cerrase la investigación contra su ex Asesor de Seguridad Nacional y principal lazo con Rusia, Michael Flynn, constituyen las principales sospechas. El Consejo Especial, nombrado por el Fiscal General Adjunto, Rod Rosenstein, con el exdirector del FBI Robert Mueller a la cabeza, trae consigo una múltiple carga de profundidad contra Trump, que se enteró del movimiento una vez realizado. Con la esperanza de que el viaje a Oriente Próximo que inicia hoy ayude a calmar algo las aguas, el presidente volvió ayer a Twitter para denunciar «la mayor caza de brujas que ha sufrido un político en la historia de América». Y se preguntó por qué no se nombró un Consejo Especial para investigar «los actos ilegales de la campaña de Hillary Clinton y de la Administración Obama». Es la contraofensiva de Trump, que no se va a «rendir».

Aunque en sectores demócratas empiezan a palpar la cabeza del presidente como pieza asequible, aún no estamos ni en el preámbulo. La investigación, que va ganando enteros, también en el Congreso, no presupone conclusiones contrarias a Trump. Es decir, pruebas definitivas. Y ni siquiera en ese caso hay que dar por descontado que se abra un proceso de impeachment (juicio político que dilucida el legislativo), y menos aún que termine aprobándose, con una mayoría republicana en ambas cámaras, al menos hasta noviembre de 2018.

Donald Trump se posicionó ayer en el arranque de ese largo proceso con el victimismo como estrategia, que, con ayuda de sus fieles, intentará contrarrestar el proceso. Mientras asesores y personas de confianza comparaban en las redes sociales la investigación con las campañas de Joseph McCarthy, el senador que protagonizó la caza de brujas del comunismo en los años 40 y 50, el presidente reaccionaba tras un día de obligado silencio. El padre intelectual del trumpismo, Steven Bannon, asesor ahora arrinconado en la Casa Blanca, anunciaba batalla a la prensa y a los demócratas: «Si piensan que van a volver a recuperar el país sin lucha alguna, están muy equivocados».

Pero la crisis política del presidente número 45 de Estados Unidos es evidente, apenas cuatro meses después de llegar a la Casa Blanca, con una investigación amenazante en varios frentes y con el Consejo Especial como inesperado mal augurio para Trump. Aunque dependa del Fiscal General Adjunto, actuará con una mayor autonomía del Departamento de Justicia. Además de su coordinador, Robert Mueller, bien valorado por su independencia, congresistas de ambos partidos y expertos no políticos se incorporarán al nuevo órgano. La decisión del Fiscal General Adjunto de crear el Consejo se ha producido después de que él mismo reconociera «discrepancias» con la Casa Blanca, cuando fue instado a elaborar a posteriori argumentos con los que destituir al director del FBI, James Comey, una decisión tomada de antemano por el presidente. Extremo que dejó en mal lugar a Rosenstein, y más cuando el propio Trump reconoció finalmente que pensaba en «esa cosa rusa» cuando despidió a Comey. Un giro que afeaba el argumento oficial de Rosenstein: la extralimitación de funciones del jefe del FBI al decidir no presentar cargos contra Hillary Clinton por el caso de los e-mails.

La investigación política en el Congreso tampoco se detiene. La Cámara de Representantes reclamó ayer formalmente al exdirector del FBI su comparecencia, junto a todo el material, para confirmar que Trump le exigió cerrar la investigación a Flynn, como Comey hace constar en su memorándum. El exasesor del presidente era también protagonista de una información exclusiva de la agencia Reuters, según la cual asesores de Trump y altos cargos rusos mantuvieron hasta dieciocho contactos, por teléfono o por e-mail, durante los siete meses previos a la elección presidencial. De ellos, Flynn acaparó seis llamadas telefónicas, todas con el embajador ruso en Washington, Sergey Kislyak.

Para enmarañar más una crisis que amenaza con bloquear la iniciativa legislativa de la mayoría republicana en el Congreso, The Washington Post daba cuenta de una conversación privada durante las primarias del partido, en la que el líder en la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy, lanzaba esta afirmación: «Yo creo que Putin le paga a Trump». En plena turbulencia, el speaker del Congreso, Paul Ryan, mantenía a un tiempo su respaldo a Trump y a la creación del Consejo Especial, como «el mejor medio de garantizar que se sepa toda la verdad».

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