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Trump crea alarma al colocar en la cúpula del Pentágono a sus leales

Algo que ya ha quedado más que claro. El presidente Donald Trump, si se va, no lo hará con discreción sino metiendo ruido.

¿Ruido de sables?

Temor a que, enrocado en su negativa a la derrota, trate de utilizar el ejército en las calles

Plantear esta cuestión parece poner a Estados Unidos al nivel de las repúblicas bananeras, de países con procesos democráticos débiles, tan criticados desde el considerado territorio ariete de las libertades y el respeto a la voluntad de sus ciudadanos.

Pero a la destitución fulminante y por Twitter de Mark Esper, secretario de Defensa, asunto inusual para el periodo de traspaso de poder en la Casa Blanca, le ha seguido la purga de otros tres cargos y su sustitución por republicanos extremistas. O, mejor dicho, por trumpistas muy leales al presidente. Entre estos, Anthony Tata, que calificó de “líder terrorista” a Barack Obama.

Cuatro dirigentes civiles del Pentágono han perdido su trabajo, incluido Esper.

Han caído su jefa de gabinete –Jen Stewar–, y los subsecretarios de política, James Anderson, y de inteligencia, Joseph Kernan. Los tres presentaron la renuncia ante la evidente pérdida de confianza ante el nuevo jefe interino, Christopher Miller, exdirector del Centro Nacional Contraterrorista, al que se le reprocha su inexperiencia.

Los cambios han alarmado a los demócratas, que de inmediato reclamaron explicaciones, y a bastantes republicanos.

Tata, general de brigada retirado, novelista y comentarista de la Fox, no pudo ganarse hace unos meses la aprobación del Senado para un alto cargo en el Pentágono. Le condenaron los virulentos puntos de vista islamofóbicos expresados en sus tuits.

El nuevo jefe de gabinete es Kash Patel, exayudante del congresista Devin Nunes y una de las piezas clave para desacreditar la injerencia rusa en el 2016. Ezra Cohen-Watnick es la tercera incorporación. En su currículum consta que fue ayudante de Michael Flynn, primer consejero de seguridad de la era Trump, que se declaró culpable de perjurio.

Esper, despedido el lunes, a escasas 48 horas de que se otorgase la victoria electoral al demócrata, estaba en la cuerda floja desde que el pasado junio compareció en rueda de prensa y aseguró que los militares no se desplegarían en las ciudades para reprimir las manifestaciones de los estadounidenses. Durante meses, las calles se llenaron al grito de Black Lives Matter. Frente a las protestas contra el racismo y la brutalidad policial hacia los negros, Trump había llamado a aplicar la Insurrection Act , ley excepcional de 1807 que otorga al presidente la potestad de enviar soldados para resolver conflictos internos.

En el contexto de negación del presidente de su derrota, ha provocado la alarma de que el despliegue militar que le denegó Esper se pueda producir en las próximas semanas. “Estos son movimiento de dictador”, aseguró un oficial del ejército a la CNN.

Los expertos en defensa matizaron que estos nombramientos tienen poco recorrido en el uso de sus cargos en beneficio del presidente. Recordaron que los militares rechazan implicarse en asuntos domésticos.

Pero esto no impide que el general Mark Milley, máximo responsable de la Junta de Jefes de Estado Mayor, también vea peligrar su posición en este ajuste de cuentas. Milley pidió disculpas por acompañar a Trump el 1 de junio para su foto con la Biblia, en una iglesia cercana a la Casa Blanca. Habían dispersado con gases y porras a los manifestantes pacíficos. Hubo consternación al ver a Trump al lado de Milley, vestido con el traje de combate.

En esta lista de la venganza, también se cita a los directores del FBI, Christopher Wray, y de la CIA, Gina Haspel.

“Nos encontramos en un escenario inexplorado”, declaró el senador Mark Warner, máximo dirigente demócrata en el comité de inteligencia de la cámara.

Hacía alusión al despido de Esper, circunstancia que calificó en la MSNBC de inédita a estas alturas de mandato, en puertas de un relevo en la presidencia.

Otra razón para la purga sería colocar a dirigentes que faciliten una retirada inmediata de Afganistán y Oriente Medio, decisiones que en el Pentágono le han desaconsejado.

En la carta de renuncia, Anderson señaló su malestar con la dirección del Gobierno Trump tras las elecciones. “Ahora, más que nunca –escribió–, nuestro éxito a largo plazo depende de la adhesión a la Constitución que todos los servidores públicos juramos apoyar y defender”.

¿Crecerá la inestabilidad en EE.UU. tras las elecciones?