Inicio Actualidad Trump descarrila y boicotea el buen debate de Pence

Trump descarrila y boicotea el buen debate de Pence

Por mucho que Donald Trump insista que no cree en las encuestas, que se equivocaron en el 2016 (en realidad, miradas seriamente, menos de lo que se ha dicho) y que está convencido de que el 3 de noviembre volverá a ganar a lo grande, el presidente de Estados Unidos tiene razones para estar preocupado y todos los motivos para disfrutar de cualquier momento dulce que se le presente.

El debate celebrado anteanoche entre los aspirantes a vicepresidente, Mike Pence y Kamala Harris, ofreció una de esas raras ocasiones, una muy necesitada oportunidad para el presidente para relajarse y disfrutar de la cobertura positiva de la actuación de su número dos. Sin embargo, una vez más, Trump volvió a demostrar que puede ser el peor enemigo de sí mismo.

Sin rumbo

Trump resucita los correos electrónicos de Clinton y rechaza un debate virtual

Convaleciente todavía de la Covid-19 aunque dice sentirse en “excelente” forma, a las ocho de la mañana el presidente cogió el teléfono, llamó a la televisión Fox Business y de un plumazo borró todas las victorias estratégicas conseguidas 12 horas antes por Pence en su cara a cara con Harris, en el que transmitió la imagen tranquilizadora, serena y coherente de la administración Trump, precisamente lo que más puede atraer a su campo a los votantes moderados o indecisos que le apoyaron en el 2016 y ahora dudan. No son muchos pero en una carrera tan reñida como esta en algunos estados, ningún voto es desdeñable.

¿El debate? “Eso no fue ninguna competición. Ella estuvo terrible totalmente antipática”, “es una comunista”. “Biden no durará como presidente ni dos meses, no está capacitado mentalmente para ser presidente y ese monstruo que estuvo en el plató anoche con Pence… Todo lo que dice es mentira”, dijo Trump de Harris, la primera mujer negra en alzarse con la nominación a vicepresidenta, en una entrevista de una hora de duración en la que, una y otra vez, volvió a hablar de polémicas de la campaña del 2016, como los emails de Hillary Clinton.

El presidente, que dijo estar tomando unos esteroides “no muy fuertes”, sorprendió a todos cargando contra dos de sus ministros y más estrechos aliados, el fiscal general William Barr y el secretario de Estado Mike Pompeo, decepcionado porque no hayan hecho más para destapar conductas supuestamente ilegales del anterior gobierno.

Instantes antes, la comisión nacional que organiza los debates presidenciales anunció que el encuentro previsto para la semana que viene entre Trump y Biden será virtual. En una decisión que desesperó a los estrategas electorales republicanos, el presidente anunció que no participará. “No pienso perder el tiempo con un debate virtual. Sentarse detrás de un ordenador no es debatir, eso es ridículo”, sentenció el presidente, que a pesar de que hace solo una semana que se le diagnosticó la Covid-19 insiste en que quiere debatir en persona.

Debate virtual

Sentarse detrás de un ordenador no es debatir, eso es ridículo”

“Se podría hacer de forma segura sin negar a los votantes la posibilidad de ver a ambos candidatos cara a cara. Dejaremos pasar esta triste excusa para rescatar a Joe Biden y en lugar de eso haremos un mitin”, anunció en un comunicado su jefe de campaña, Bill Stepien, una de las alrededor de 20 personas del círculo del presidente contagiadas en los últimos días del coronavirus.

Aunque Stepien asegura que Trump ganó el debate con Biden, todas las encuestas indican que no es eso lo que pensó el público. En todos los sondeos, la distancia del demócrata sobre Trump se ha ampliado varios puntos. La última encuesta de Fox News le sitúa 10 puntos por delante. La campaña de Trump confía en que los votantes rurales y el voto oculto dé la vuelta a los sondeos pero un segundo debate con Biden podría darle la oportunidad de actuar de forma más presidencial, una estrategia que los votantes aprecian y que siempre se traduce en repuntes en las encuestas.

Aunque la agresiva actuación de Trump le haya pasado factura, el presidente consiguió lo que quería: impedir que su rival hablara directamente a los estadounidenses y les presentara sus planes. Para la campaña demócrata, fue una oportunidad perdida, de ahí la expectación que rodeaba al primer y único debate previsto entre los aspirantes a vicepresidente. Muchos más civilizado que la cita de sus jefes, ambos cumplieron sus cometidos.

Harris pudo presentar, defender y aclarar los planes de Biden con firmeza sin caer en las trampas de Pence para alinearse a la izquierda de este, como hizo durante las primarias. El republicano, por su parte, contrarrestó con eficacia los ataques de Harris y transmitió una imagen mucho más serena que Trump. A las nueve de la mañana, ya nadie hablaba de ello.