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Trump en Twiiter: fuego y furia

Lo que no hace mucho era simplemente impensable con Donald Trump se ha vuelto realidad. Nadie en su sano juicio habría pensado que una declaración de guerra se podía lanzar por Twitter, pero eso es lo que pareció hacer el miércoles el presidente de Estados Unidos, que en 223 caracteres sugirió a Rusia que se preparara en Siria para una lluvia de misiles “bonitos, nuevos e inteligentes”.

Ese mensaje, colgado cuando en Washington DC faltaban tres minutos para las siete de la mañana, hizo saltar las alarmas mundiales. Pero se han vuelto a demostrar, cuando menos, precipitadas. La posibilidad de un enfrentamiento militar sigue muy viva, pero las gestiones y conversaciones políticas y diplomáticas no apuntan a la inmediatez (que Trump también había sugerido a principios de semana). Y el propio Trump decía este jueves que el ataque podría ser “muy pronto o nada de pronto en absoluto”.

Para lo que sí ha servido el primero de esos tuits (y los que le siguieron en las siguientes horas) es para constatar el regreso del Trump más impulsivo y desatadocontradictorio, que está particularmente enfurecido por la operación del FBI el lunes contra su abogado personal, Michael Cohen. Y surge también el retrato de un equipo y un país que, en cierto modo, se resigna a esa realidad.

‘The Washington Post’ ha hablado con más de dos docenas de asesores, altos cargos, legisladores y confidentes del presidente y desde la Casa Blanca cuentan que el belicoso tuit del miércoles (“alarmante”, “una distracción”) les sorprendió. También, que rápidamente se reagruparon y, junto a altos mandos del Pentágono, le presentaron opciones “como si nada hubiera pasado”.

Quizá por eso, 40 minutos después, llegó un segundo tuit hablando de la necesidad de “trabajar juntos” con Rusia y preguntando si sería posible “el fin de la carrera de armas”. O quizá no. Porque hora y media después colgó un tercer mensaje donde, mostrando su obsesión con la investigación del ‘Rusiagate’ que dirige Robert Mueller, Trump aseguró que es la razón de las malas relaciones con Moscú.

Deshacer desaguisados

En cualquier caso esas operaciones para intentar aplacar o corregir a Trump una vez que ha tuiteado parecen ser el modus operandi en su Casa Blanca. “El presidente toma una decisión o hace una declaración y luego sus principales asesores entran y le dicen que no se puede hacer. Cuando eso falla”, ha contado una fuente al ‘Post’, “ideamos un proceso político a la inversa para igualar lo que sea que el presidente ha dicho”.  En el equipo de Trump, según el diario, “han hecho las paces con la realidad de que tienen poco o ningún control sobre las acciones del presidente” y ahora simplemente se preparan o para explicarlas o para tratar de deshacer desaguisados.

Los tuits desquiciados de Trump son material impagable para los cómicos estadounidenses, y el miércoles fueron protagonistas en todos los late-night de la televisión. Y aunque no es menos cierto que salen del teléfono del más poderoso mandatario mundial y se han mostrado capaces de mover los mercados, los ejércitos y los ánimos, empiezan a perder algo de su valor.

Según le han contado fuentes de la Administración a ‘The New York Times’ muchos gobiernos extranjeros, aunque “reconocen que es difícil qué ignorar y qué tomarse en serio, han aprendido a descartar muchos”. E incluso legisladores republicanos les dan cada vez menos credibilidad. Lo dejaba claro el senador Bob Corker, presidente del Comité de Relaciones Internacionales, que el miércoles decía que veía como “un farol” los mensajes de Trump sobre un posible ataque en Siria. “Desafortunadamente hay muchas cosas anunciadas por la Administración que nunca fructifican o evolucionan”.