Trump prioriza el proteccionismo, los recortes fiscales y el muro con México

Como todo en el universo Trump —una confluencia de espectáculo televisivo, populismo y recetas clásicas republicanas—, es un misterio cuáles serán las primeras decisiones del 45º mandatario de la primera potencia mundial. Dos semanas después de su victoria electoral, en noviembre, el magnate anunció que en su primer día en la Casa Blanca aprobaría una serie de decretos para “restaurar la ley y devolver puestos de trabajo”, que incluirían medidas en comercio, inmigración y seguridad nacional. El objetivo, proclamó, es “volver a hacer grande América para todo el mundo”.

Trump tenía previsto firmar ayer cuatro o cinco acciones ejecutivas relacionadas con la burocracia gubernamental, según avanzó esta semana el nuevo portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer. El lunes, su primer día laboral completo en el Despacho Oval, aprobaría otros decretos.

Acciones “agresivas”

“Tenemos cosas planeadas y estamos anticipando varias semanas de una agenda muy activa”, dijo Spicer. Varios asesores de Trump explicaron al diario The Washington Post que sus primeras acciones serían “agresivas”. Otro lo describió como un “tsunami”.

Según la publicación Politico, los primeros decretos instarán al Congreso a derogar la reforma sanitaria de Barack Obama y construir un muro fronterizo con México. Ambas eran promesas de bandera en la campaña electoral. También actuará contra lobbies y regulaciones energéticas.
En varios documentos difundidos ayer por la Casa Blanca, el equipo de Trump enumera sus prioridades, que van en línea con sus promesas de campaña en política económica, exterior y comercial. En energía, aboga por rebajar los límites contaminantes, pero no hay mención al Acuerdo de París, del que el republicano ha dicho que podría sacar a su país.

También llama la atención la escasa referencia a la política migratoria, más allá de prometer deportar a los inmigrantes indocumentados con antecedentes delictivos. Sobre el muro fronterizo con México, emblema de campaña, Trump reiteró la semana pasada que iba a construirlo y que preveía que lo pagara el país vecino.

Sí se mantiene la promesa de sacar a EE UU de la Asociación Transpacífica, el acuerdo de libre comercio con 11 países del Pacífico. El magnate, que hizo del proteccionismo una enseña electoral, considera el TPP un “desastre” y aboga por negociar acuerdos bilaterales. También apuesta por revisar el NAFTA, el acuerdo de libre comercio con México y Canadá, y amenaza con salirse del tratado si los otros dos países se oponen a renegociarlo.

En política exterior, Trump aboga por la doctrina de “paz mediante la fuerza”, un guiño a la estrategia estadounidense durante la Guerra Fría, abanderada por el expresidente Ronald Reagan. “Este principio hará posible un mundo estable, más pacífico con menos conflictos y más terreno en común”, señala uno de los informes de la Casa Blanca.

Pese a alejarse del multilateralismo, insignia de la presidencia de Obama, y de la idea de EE UU como faro moral, el texto defiende la vía diplomática en el tablero internacional y hablar con enemigos, como ha hecho Obama con Cuba e Irán. “El mundo debe saber que no vamos al extranjero en busca de enemigos, que siempre estamos contentos cuando viejos enemigos se convierten en amigos, y cuando viejos amigos se convierten en aliados”, sostiene la nueva Administración.

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