Un baldeo a la universidad, por Enric Hernàndez

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Presentación (o no) de trabajos en vez de asistir clase. Convalidación de asignaturas por otras ya cursadas. Créditos logrados antes de tramitar la matrícula. Trabajos de fin de máster que ni se presentan, ni aparecen, ni se los espera. Actas fabricadas para la ocasión. Firmas falsificadas. Lo que se va conociendo sobre los másteres de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) hace honor a su lema: ‘Non nova, sed nove’ (No cosas nuevas, sino de una manera nueva).

Para innovadora, la fórmula con que la URJC dispensaba títulos (si es correcto el pretérito imperfecto) como los obtenidos por Cristina Cifuentes y Pablo Casado, que al menos tuvieron una cosa en común: ninguno tuvo que pisar las aulas. La adscripción política de los beneficiarios y los contactos de Pedro González-Trevijano, entonces rector de la Rey Juan Carlos y hoy magistrado del Constitucional a propuesta del PP, dejan entrever una cadena de favores que embrutece la imagen del centro. Y que indigna, con razón, a los alumnos que empeñaron horas y ahorros en unas titulaciones ahora devaluadas.

En el lodazal partidista ya se ha desatado la caza del político con máster sospechoso, pues, como sucede con la corrupción, la estrategia del ventilador es la única defensa del pillado ‘in fraganti’. Y no solo eso: que los partidos firmasen el empate en títulos falaces garantizaría el entierro del asunto de fondo. Que no es otro que la salud de nuestro sistema universitario.

NO SOLO EN MADRID

La endogamia, el rechazo a incorporar miembros ajenos a la propia institución, queda acreditada por las estadísticas: tres de cada cuatro docentes imparten clases en el centro donde cursaron sus estudios. Los mecanismos de cooptación de las vacantes propician y cronifican este mal, caldo de cultivo de favoritismos a los que no son ajenas las élites políticas. No exclusivamente en la Rey Juan Carlos. Y tampoco solo en Madrid.

Los casos de Cifuentes y Casado hacen aflorar una realidad incómoda: que el claustro español demanda algo más que un baldeo. Solo sustituyendo el amiguismo por la meritocracia la universidad española podrá alcanzar, de verdad, la excelencia.