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Un cortafuegos al ciberacoso

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¿Sabes lo que es la identidad digital? ¿Alguna vez te has buscando a ti mismo en Google? ¿Has sido víctima de alguna situación de acoso en Internet? Preguntas como estas resuenan en las paredes de la sala Arriaga del Bizkaia Aretoa, en la UPV-EHU en Bilbao. Se lanzan en las jornadas sobre “Protección de la infancia en el entorno digital”, que desembarcan casualmente en la estancia a la que da nombre el compositor bilbaíno Juan Crisóstomo de Arriaga.

Nacido hace dos siglos en una humilde familia de nueve hermanos, autodidacta en la escritura musical y el violín, fue comparado con el genio de Salzburgo, con quien compartía nombre, fecha de nacimiento y precocidad. Con 13 años compuso su primera ópera, a la que puso el título de Los esclavos felices, una condición que actualiza de golpe la frase de otro gran, en este caso, escritor, el alemán Goethe: nadie es más esclavo que el que se tiene por libre sin serlo.

Según los últimos datos de Unicef, a día de hoy uno de cada tres usuarios de Internet en el mundo es un niño o, como mucho, alcanza la pubertad. El 80% de ellos declara ser consciente de los peligros a que se enfrenta en la red –acoso, abuso sexual, etc.-; sin embargo, menos de la mitad afirma que sabría cómo actuar en caso de sufrir una situación de este tipo.

Una verdad que hace aún más patente el informe Yo a eso no juego: Bullying y ciberbullying en la infancia, elaborado hace unos meses por Save the Children. Sus encuestas a más de 21.000 adolescentes españoles de entre 12 y 16 años permiten extraer conclusiones como éstas: el 32% de estudiantes de ESO reconoció haber golpeado, pateado o empujado a un compañero en los últimos meses, una cifra que casi llega a la mitad al preguntar por insultos u ofensas. Al otro lado del drama, uno de cada diez chavales afirma ser víctima de alguna clase de acoso.

Un tipo específico de esta violencia es el ciberacoso, concepto en el que cabe todo abuso que implica el uso de móviles, Internet u otras tecnologías de comunicación e información. En España, según Save the Children, lo sufren 82.000 adolescentes, un 6.9% del total; en Euskadi, la cifra es la cuarta más baja del todas las Comunidades Autónomas y, aún así, se acerca al 4%.

Son datos que, leídos con mirada adulta, sorprenden e incluso asustan. Para Elsa Fuente, coordinadora de Unicef País Vasco, “no sabemos lo que realmente piensan los niños: sus percepciones, intereses, opiniones. Muchas veces desde el mundo adulto ponemos etiquetas de que los adolescentes son, por ejemplo, transgresores. Y no siempre es así. La mayoría es gente que está madurando, buscándose a sí misma… Para nada se ven como les vemos nosotros”.

Un desconocimiento al que Eva Silván, responsable en el País Vasco de Save the Children, añade una segunda clave: “Al informar sobre la infancia de hoy aprendemos sobre la marcha. ¡El cambio [al entorno digital] se ha producido tan rápido! Hoy todos generamos contenidos en la red, aunque no siempre de forma realmente consciente”.

Estas dos ONG auspician unas jornadas en las que participan, sobre todo, periodistas y profesionales de la justicia. Es este último el caso de la presidenta de la Audiencia Provincial de Álava, Mercedes Guerrero, que señala que los delitos de acoso en Internet “no surgen en las redes. Estas son solo un canal para cometerlos. En que sea el canal elegido influyen ciertas características del mundo online: proporciona anonimato, permite actuar en grupo y hay una falta de percepción del mal que sufre la víctima”.

Es, además, una nueva forma de violencia que ha atropellado a quienes no crecieron en un entorno 2.0: “Hay toda una generación a la que los hijos nos ha enseñado qué es la nube o Twitter y no me da ninguna vergüenza decirlo”, reconoce Guerrero. En la agenda de la Unión Europea, de hecho, está presente, dentro de su Estrategia 2020: “Tenemos por delante la tarea de responder al modo de vida del ciudadano y fomentar la alfabetización digital. Es básico para la nueva convivencia. En el caso de la infancia, el objetivo es adaptarse al niño, captar su interés, protegerle y, por supuesto, adecuarla legislación”.