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Un gabacho francmasón presiona a Ciudadanos para que los socialistas sigan controlando Andalucía, puerta de entrada de la inmigración ilegal a Europa

Manuel Valls junto a Albert Rivera durante un acto de Sociedad Civil Catalana (El Plural)

De siempre ha existido una terca fascinación en el país vecino por condicionar la política española. La historia española, desde el siglo XVII hasta hoy, tal vez sería otra sin la injerencia gala. Seguir condicionando la política española es lo que pretende Manuel Valls, un francés de origen catalán (sic), francmasón y ex ministro del Interior del primer gobierno socialista de Hollande (2012-2014) y al frente del Ejecutivo francés (2014-2016).

Mundialista irrestricto, su incorporación a Ciudadanos para ser el candidato a la Alcaldía de Barcelona en 2019 sorprendió a propios y extraños. Se apunta que Valls es el hombre elegido por los Rothschild, a cuya familia ha estado siempre muy unido, para que Ciudadanos no se salga un milímetro de la hoja de ruta trazada para España. La promoción de Vox, cuyo poder en la sombra ostenta Rafael Bardají, no es tampoco ajena a esa misma familia.

En su etapa dentro del ejecutivo francés, Valls protagonizó numerosas polémicas y alimentó su imagen de ‘Sarkozy de izquierdas’ con decisiones que soliviantaron a la izquierda tanto como para que en la Asamblea Nacional naciera un grupo de cuarenta socialistas rebeldes que estuvieron a punto de tumbar al Gobierno.

Fue Valls quien echó mano del decreto para sortear el debate parlamentario y aprobar una reforma laboral que sacó a la calle a miles de personas durante meses.

Fue quien habló de “apartheid social” en los suburbios o dijo que los gitanos no quieren integrarse en Francia por razones culturales. Quien se vio envuelto en el incendio político provocado por la expulsión de una familia gitana de origen kosovar en situación irregular porque la niña, Leonarda Dibrani, fue detenida durante una excursión escolar. Le llovieron igualmente las críticas por viajar a Barcelona el 6 de junio de 2015 con sus dos hijos en un avión de la Republica para ver el partido de la Liga de Campeones entre el Barça y la Juventus. Cinco días después anunciaba que devolvería el importe del desplazamiento (2.500 euros).

Rafael Bardají.

Rafael Bardají.

Por eso sorprende que ahora exija a Ciudadanos un pacto con formaciones que defiendan “valores constitucionales” en las antípodas de los que él ha defendido siempre. Extraña por ejemplo que recurra a la “amenaza xenófoba” para que Ciudadanos se entregue otra vez a Susana Díaz.

De hecho, su aguerrido combate contra el Islam radical le llevó a hablar de “guerra de civilización” en Francia. En Córcega proclamó que la violencia está profundamente arraigada en su cultura y hasta Berlín se llevó una desagradable sorpresa cuando en 2016 criticó la política migratoria de Angela Merkel.

“Europa no puede acoger más refugiados”, espetó el entonces primer ministro. A tenor de estas ‘perlas’, ¿cómo puede ahora rechazar el pacto con formaciones que defienden lo mismo?

En el fondo, se señala, Valls es el encargado de materializar una estrategia para orillar las negociaciones de cara a la formación de un gobierno alternativo en Andalucía y que esto lleve a nuevas elecciones, que muy presumiblemente ganaría holgadamente el PSOE y permitiría al partido de Bardají seguir diezmando electoralmente al PP.

Las elites mundialistas necesitan un gobierno afín en la puerta de entrada de la inmigración masiva en Europa, punta de lanza para el cambio demográfico previsto. Alguien podría creer que Vox representa un escollo de cara a esos planes. Nada más lejano de la realidad. A través de Bardají, Vox representa ya los intereses del anglosionismo en España. Que haya sido capaz de arrastrar a miles de identitarios a sus siglos representa ya un triunfo en punto a evitar que esos votos vayan a parar a formaciones “incontrolables”. El apoyo masivo de los medios del sistema y la forma en que Vox ha modulado su discurso contra la inmigración en la campaña andaluza, debería despertar a mucha gente. Pero no. Lo harán cuando ya sea demasiado tarde.

Entre tanto, los corrompidos socialistas andaluces cifran sus expectativas de continuidad en la capacidad de Valls para disuadir a Ciudadanos de que haga presidente de la Junta a Moreno Bonilla. Al menos, en esta ocasión, los francmasones no necesitan disfraces. Por estas y otras más cosas nadie echa de menos a Valls en Francia. Abandonó el Partido Socialista tras contribuir a desterrarlo del panorama político francés con su famosa teoría de “las dos izquierdas irreconciliables”. Ahora en España pretende conciliar a la derecha ultraliberal de Ciudadanos con la izquierda andaluza de putas y cocaína con cargo a los parados andaluces.