Un nuevo informe oficial concluye que el fiscal Alberto Nisman fue asesinado

El caso Nisman, el misterio argentino de mayor impacto de los últimos tiempos, da un giro de 180 grados. Un nuevo informe de la Gendarmería, un organismo que depende del Gobierno de Mauricio Macri, contradice a los peritos que habían estudiado el caso en 2015, el año de su muerte, y asegura con certeza que el fiscal, que apareció muerto en su baño con un tiro en la cabeza, no se suicidó. Lo mataron al menos dos personas, dicen los nuevos expertos basándose en la posición del cuerpo y una droga que se encontró en la autopsia.

El informe anterior, elaborado también por profesionales respetados, concluyó que nada en la escena de la muerte hacía pensar que hubiera alguien más en el baño del fiscal del caso AMIA, que apareció con un tiro en la sien justo después de denunciar a Cristina Fernández de Kirchner por presunto encubrimiento del peor atentado de la historia argentina, que dejó 85 muertos en 1994. Ahora cada lado de la grieta política argentina tiene unos expertos a los que creer. Las cosas han girado justo después del cambio de Gobierno, y eso es algo que genera todo tipo de sospechas.

Algunos intelectuales señalan que la realidad argentina es circular: siempre acaba volviendo al mismo punto después de dar varias vueltas. El caso Nisman parece confirmar esa idea. Después de intensas discusiones políticas y judiciales, y tras haber cambiado de fiscal, de juez y de peritos varias veces, las cosas han vuelto al inicio. A lo que todos los argentinos, incluida la propia expresidenta, pensaron aquella larga noche que conmovió al país en la que apareció el cadáver: un asesinato.

Incluso vuelve la batalla política al mismo punto. Elisa Carrió, fiel aliada de Mauricio Macri, no tiene dudas: “Fue el gobierno de Cristina Kirchner el que lo mató”. La expresidenta le contestó rápidamente: “Es un disparate mayúsculo decir que tuvimos algo que ver”. Argentina vive en plena campaña electoral y todo se mira con esa lupa.

“Esto es una gran bomba de humo para ocultar la desaparición de Santiago Maldonado”, asegura Fernández de Kirchner. Lo cierto es que la realidad argentina, que salta de un escándalo a otro, ha girado otra vez y se centra en Nisman, un asunto que el Gobierno gestiona mejor que el del último desaparecido, del que no se sabe nada 53 días después. Argentina vive con normalidad este ritmo enloquecido que deja todos sus grandes misterios sin resolver. El caso Maldonado lleva el mismo camino que el de Nisman: el cadáver no aparece y un tribunal acaba de decidir cambiar de juez, algo muy frecuente en todos los casos, porque considera que el actual, Guido Otranto, ha demostrado su parcialidad.

Los argentinos, como los italianos que dejaron una profunda impronta en el país, viven con gran pasión los misterios en los que se presume que están implicados los servicios secretos. Pocos entusiasman tanto como el caso Nisman. Por eso generó una cierta frustración el primer informe, que concluía con la misma certeza que este último que no había ningún elemento que hiciera pensar en un asesinato. 13 expertos, dirigidos por Roberto Godoy, decano del Cuerpo Médico Forense, y jugándose su prestigio, concluyeron que la forma en la que estaba el cuerpo, apoyado contra la puerta cerrada por dentro, y la ausencia de restos de forcejeo o de pisadas o movimientos del cadáver hacían pensar en un suicidio.

No apareció pólvora en las manos de Nisman, pero eso no implicaba necesariamente que no se hubiera disparado, decía el informe. También concluyeron que no había sido sedado. Los peritos encontraron un hematoma en la cabeza producido, según su lectura, tras la caída desde una posición de pie. Y concluyeron que las marcas en el brazo eran provocadas por el propio Nisman, que se lo sujetó para disparar, algo habitual en los suicidas.

Los expertos de la Gendarmería han llegado a conclusiones opuestas analizando las mismas pruebas. Esta vez eran 28 peritos en medicina legal, balística, acústica, vídeo y planimetría, rastros y expertos en microscopios electrónicos y cromatógrafos. El informe tiene más de 400 páginas. Los peritos recrearon el baño donde apareció muerto Nisman y concluyeron que el fiscal fue asesinado por al menos dos personas. Hicieron caer a un hombre del mismo peso y altura de Nisman en varias posiciones y aceptaron la hipótesis de la familia del fiscal, según la cual el fiscal estaba arrodillado sobre su pierna derecha mirando hacia la bañera y desde esa posición recibió un disparo en la cabeza.

Todas las miradas giran ahora hacia Diego Lagomarsino, el misterioso informático que entregó el arma a Nisman poco antes de que apareciera muerto. Él niega cualquier participación y apunta al suicidio, pero este giro de 180 grados le convierte en un hombre clave.

La clave de la ketamina

Es uno de los grandes misterios de la muerte de Nisman. Si lo mataron, ¿por qué no había rastros de violencia en los brazos o las piernas, pruebas de resistencia? Tampoco había ninguna evidencia de que el cadáver hubiera sido movido, aunque la escena del crimen quedó tan contaminada en las primeras horas que nadie cree realmente en ninguna prueba. Una de las claves del giro de 180 grados del nuevo informe es la aparición de ketamina.

Esta droga, que también se usa con efectos alucinógenos de forma recreativa, podría haber sido utilizada para reducir a Nisman y eso explicaría que no opusiera resistencia. En la primera pericia se encontró clonazepam, pero se entendió que el fiscal lo utilizaba como relajante. Estaba sometido a una enorme presión y le costaba dormir. La ketamina permite a los investigadores suponer ahora que fue drogado para matarlo. Pero la mayoría de los argentinos asume que la verdad no se conocerá nunca con certeza.

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