¡Un país de chiste! Nueva información falsa de los medios y la policía alemana: El atacante de Münster era de origen kurdo y musulmán

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En Alemania, la policía tiene instrucciones de callar, ocultar, minimizar los delitos cometidos por los islamistas. Proteger a sus compatriotas ha pasado a ser una preocupación menor para un país que protege antes a los terroristas que a sus nacionales. Y no es que nos preocupe ni nos indigne. Proclamamos que la decisión de la justicia alemana con el delincuente Puigdemont ya ha marcado un antes y un después en la percepción que hasta ahora teníamos de estos asuntos.

Este juego masoquista lo hace posible la connivencia de los líderes alemanes con el proyecto mundialista que defiende fanáticamente Angela Merkel. La más que presunta vinculación del atacante al islamismo yihadista se convierte en una cuestión accesoria que ni siquiera se menciona. En cambio se engaña a la población indicándole, por boca de la policía, que el asesino “tenía al parecer intenciones suicidas”. Semejante patrón es el que siguieron las autoridades alemanas al pretender ocultar las violaciones y abusos sexuales que se produjeron en la Nochevieja de Colonia. Casi una semana tardó la población alemana en conocer la oleada de agresiones sexuales que sufrieron decenas de mujeres nativas. Sólo cuando la indignación popular ante los gravísimos sucesos desbordó las esclusas de la censura germana fue cuando se admitieron los hechos.

Los líderes alemanes no van a reconocer en ningún momento que su política ha sido desastrosa y que la multiculturalidad, lejos de fortalecer y enriquecer a las sociedades que la padecen, ha sido una fuente histórica de fragmentación social y conflicto, con lo que es inevitable que la escalada de atentados siga creciendo y que las autoridades y los medios afines sigan ocultándolos, cada vez con mayor eficacia. Los líderes alemanes están demostrando ser los peores enemigos de su pueblo, como ha quedado acreditado una vez más tras este último ataque terrorista contra víctimas elegidas de forma aleatoria y donde la más que presunta vinculación al islamismo yihadista del atacante se convierte en una cuestión accesoria que ni siquiera se menciona.

Se ha optado por priorizar la nacionalidad alemana del asesino y también por retratarlo como un “trastornado” . Uno más.
¿Puede esperar España nada grande de unos dirigentes que desprecian hasta tal punto la seguridad de sus compatriotas? ¿Nos debe sorprender entonces el apoyo de la ministra germana de Justicia al delincuente Puigdemont en medio de un escenario político, judicial y mediático tan repugnantemente indigno?

La policía alemana vuelve a mentir

La Policía alemana vuelve a mentir. Apenas unas horas después de que un hombre lanzara su vehículo contra la terraza de una cafetería en la ciudad germana de Münster, asesinando a dos personas y provocando decenas de heridos, varios de ellos graves, las Fuerzas de Seguridad de Alemania se apresuraron a dar dos datos que parecían alejar la posibilidad de que el ataque tuviera motivaciones islamistas: “Se trata de un ciudadano alemán y padecía problemas psicológicos”.

Los grandes medios de comunicación alemanes y del resto de la UE, casi con un suspiro de alivio, se apresuraron a informar de la buena nueva, “el atentado no tiene nada que ver con el islam y no con los centenares de miles de inmigrantes llegados al país a lo largo de los últimos años”. Pero políticos, policías y medios de comunicación, se olvidaron de lo más importante de todo: de la verdad.
Según revela La Tribuna del País Vasco, el atacante de Münster era, realmente, nacionalizado alemán, pero kurdo de nacimiento y musulmán practicamente. Y sí, ahora, según han difundido medios de comunicación de Hungría y Polonia, se ha sabido que también había entrado en territorio germano como inmigrante.