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Un periodista de ‘El País’ sobre el incendio de Notre Dame: “Si Dios existiera, esto ocurriría en la Almudena”

Manuel Ansede, periodista científico de ‘El País’, ha afirmado que “si Dios existiera, estoy habría ocurrido en la Catedral de la Almudena”, en relación con el imponente incendio que ha sufrido la Catedral de Notre Dame en Parías este lunes. Inmediatamente, ante la indignación de cientos de usuarios de la red social, el periodista, que escribe concretamente en la web de noticias de ciencia, tecnología, salud y medio ambiente del periódico de Prisa, ha borrado el polémico tuit para acto seguido pedir disculpas.

Los comentarios de desaprobación e indignación por parte de decenas de usuarios de Twitter mencionando el perfil de Ansede han obligado al periodista a borrar su comentario y pedir perdón por su desafortunado tuit afirmando que Notre Dame “es una maravilla”, aunque La Almudena es un “engendro arquitectónico”.

“Antes he tuiteado que, si Dios existiera, en vez de arder Notre-Dame, que es una maravilla, podría arder la Almudena, que es un engendro arquitectónico. Era un comentario arquitectónico sin maldad. Aunque Dios no existe, a mí me encantan las iglesias“, así ha intentado justificarse el periodista ante la indignación de las redes sociales.

El citado comentario lo ha acompañado, además, de una carta al director de ‘El País’ del año 1999 firmada por Rebeca Mesa que se titula “El engendro de la Almudena”. Misiva en la que la lectora del citado periódico, expresa que “es absolutamente impensable que pueda concebirse engendro más horroroso en la propia capital de España”.

A media tarde un incendio terrible se ha desatado en la cubierta de la catedral de Notre Dame, la misma que inspiró a Victor Hugo durante el Romanticismo para escribir ‘Nuestra Señora de Notre Dame’ y la misma, además, que fue testigo de la coronación de Napoleón Bonaparte como emperador de Francia el 2 de diciembre de 1804. El fuego, que aún no ha sido controlado, ha dejado cubierta totalmente derrumbada y ha provocado la caída de su emblemática aguja, una de las señas de identidad del templo parisino.