Inicio Actualidad “Una ‘alternativa’ como hacer ejercicio o yoga no te curará el asma”

“Una ‘alternativa’ como hacer ejercicio o yoga no te curará el asma”

Consulta por profesión, investigación por vocación. Es así como la doctora Astrid Crespo, del Institut d’Investigació Biomédica del Hospital de Sant Pau i de la Santa Creu de Barcelona, compagina sus dos facetas dedicadas a la lucha contra el asma. Venezolana de nacimiento y barcelonesa de adopción, Crespo lleva toda una vida dedicada a aquellos pacientes afectados por enfermedades respiratorias crónicas como el asma. Y es justamente esta dedicación la que la ha hecho merecedora de los 20.000 euros otorgados ​de los IV Premios Jóvenes Investigadores de la Fundación AstraZeneca para desarrollar un proyecto de investigación sobre esta patología. Bautizado como ANNE, este nuevo trabajo busca investigar los mecanismos detrás de uno de los tipos de asma más graves y menos conocidos.

La investigación y el tratamiento del asma, una de las enfermedades respiratorias crónicas más prevalentes a nivel mundial, avanza lentamente pero con importantes resultados. Pero aun así, hoy en día siguen existiendo grandes interrogantes que rodean esta enfermedad. Este es el caso, por ejemplo, del asma neutrofílica: una variedad menos frecuente pero que está relacionada con los casos de asma más graves.

– En el proyecto por el que usted ha sido premiada se plantea investigar una de las grandes desconocidas del asma. Para que nos hagamos una idea, ¿cómo podemos definir esta variedad de asma?

La patología asmática se puede clasificar según diferentes criterios. La gravedad, por ejemplo, es uno. Pero también podemos clasificar por fenotipos clínicos (características de los pacientes) o por fenotipos inflamatorios (tipo de células que predominan en el pulmón). Si utilizamos este último criterio, encontramos el asma neutrofílica, en la que predomina la presencia de neutrófilos –un tipo de células– en el pulmón.

El asma neutrofílica  afecta de media a un 15% de los pacientes

– ¿Qué caracteriza a los pacientes que padecen esta variante?

Son pacientes que acuden mucho a urgencias y que a menudo presentan infecciones respiratorias. En la gran mayoría estamos hablando de pacientes graves, excepto aquellos a los que empiezas a tratar desde etapas más tempranas de la enfermedad. De media, estaríamos hablando de un 15% de los asmáticos. 

– ¿Cuál es el principal reto en el tratamiento de esta enfermedad? 

En el caso del asma neutrofílica, estamos hablando de una enfermedad huérfana de tratamiento, ya que a diferencia de otras variedades de esta patología no existe un tipo de tratamiento específico. Actualmente no sabemos exactamente cómo se produce este tipo de asma y qué mecanismos están involucrados en su formación. De ahí la necesidad de seguir investigando para dar con una solución para estos pacientes.

– Entiendo que la investigación empieza con una gran ambición…

Sí, es un estudio ambicioso. Nuestro objetivo es conocer los mecanismos que están involucrados en esta enfermedad y, de esta manera, en un futuro poder crear dianas terapéuticas para combatirla. En el caso del asma neutrofílica, por la que muchos pacientes acaban acudiendo frecuentemente a urgencias, no hay que olvidar que estamos hablando de una enfermedad con un gasto sanitario elevado.

– Entre los premiados de esta IV edición de ‘Premios Jóvenes Investigadores’ de la Fundación AstraZeneca es usted la única doctora investigadora. ¿Es esta una combinación efectiva? 

Es complicado pero sí. En mi caso, dedico el 100% de mi tiempo a la consulta e investigo por vocación. Como especialista es fundamental que siempre estés conectada con el mundo de la investigación. El problema es que actualmente no se valora tanto como debería que un médico dedique parte de su tiempo a la investigación.

Este tipo de asma está relacionado con los pacientes más graves

– ¿Qué implica, como doctora, dedicarse a la investigación?

Es algo fundamental. Yo no investigo de la nada. Investigo las preguntas que surgen en el día a día de la consulta. En muchos casos, son cuestiones que aparecen después de tratar a mis propios pacientes. La parte más interesante es que en la consulta, cuanto más sabes, menos sabes. Y esto creo que es una ventaja. Yo no puedo decir que tengo todas las respuestas. Pero puedo ver las necesidades del paciente y trasladarlas al laboratorio.

– Así que la consulta y el laboratorio están más conectados de lo que podría parecer…

Claro. La clave es entender que si no investigas, no avanzas. Los doctores somos los primeros en ver las necesidades de investigación. Tratar con los pacientes ayuda a que te plantees las preguntas correctas. 

– En el caso del asma nos enfrentamos a una enfermedad crónica y extremadamente compleja. ¿Es esta una realidad que los pacientes aceptan fácilmente?

No siempre. En nuestro ámbito es cada vez más común que los pacientes desconfíen de nuestras indicaciones y busquen una alternativa a lo que recetamos. Es algo que podemos observar en el día a día de la consulta. El problema viene cuando estos tratamientos alternativos no cuentan con ninguna evidencia científica que los respalde y ponga en peligro el bienestar de los pacientes. 

– ¿Por qué cree que ocurre?

El asma, como muchas otras enfermedades crónicas, es una patología compleja. En muchos casos los pacientes, además de padecer asma, cuentan con un componente ansioso importante. De ahí que emprendan una continua búsqueda de ayuda que quizá un inhalador para el asma no vaya a solucionar. El problema de las alternativas es que, en algunos casos, enmascaran la necesidad de una ayuda psicológica o psiquiátrica. Y esto es un problema muy grave para el paciente.

El tratamiento del asma tiene que ser pactado con los expertos, recalca Crespo

– ¿Cómo perciben ustedes, los doctores, esta intrusión?

Los que nos dedicamos a la ciencia tenemos claro que todo lo que decimos tiene que estar fundamentado. Aquello de: «Tómate esto que te va a ir muy bien» no sirve de nada si no podemos demostrar empíricamente que, por ejemplo, no te va a dañar un riñón. Lo que no puede ser es recomendar un tratamiento sin conocer los efectos secundarios que este puede tener o sin tener una farmacovigilancia.

– ¿Qué hacer entonces si el paciente quiere apostar por un complemento a su terapia?

Si la terapia es avalada, no hay ningún problema. Pero tiene que ser algo pactado con el médico. Una alternativa como hacer ejercicio o apuntarse a clases de yoga puede ir muy bien para mejorar la salud de los pacientes y su estado de relajación. Lo que no puede ser es que alguien diga que con esto se te va a curar el asma. 

– ¿Los pacientes suelen hacer este tipo de preguntas cuando acuden a la consulta?

No. Desgraciadamente, hay muchos mitos alrededor del asma. Hay quienes creen que cuanto más medicamento tomas, más vas a necesitar. Este es un error común: si de verdad estás en esta situación el problema es que estás mal medicado.

– ¿Qué tipos de mitos hay alrededor del asma?

Hay quienes temen que los corticoides creen adicción, conlleven muchos efectos secundarios o contribuyan al aumento de peso. Este último supuesto es, en muchos casos, un argumento suficiente para que muchos pacientes decidan dejar de medicarse. También ocurre con las embarazadas, quienes temen que su medicación interfiera con el desarrollo de su embarazo.

Cada vez son más los expertos que involucran sus pacientes en el tratamiento

– ¿Cuál es la respuesta ante este tipo de planteamientos?

Todos los medicamentos, si se utilizan bien, no tienen por qué dar efectos secundarios. Ahora mismo hay un concepto que cada vez suena más en la investigación: el empoderamiento de la enfermedad. Se trata de que el médico tiene que ponerse más en la piel del paciente y que el enfermo se involucre más en el tratamiento de su enfermedad. Significa que la conversación entre médico y paciente no tiene que ser unilateral. Se acabó aquello de: «Yo te receto un medicamento y tu me haces caso». Especialista y paciente tienen que aprender a colaborar en el proceso de tratamiento de la enfermedad. 

– ¿Es este nuevo modelo realmente efectivo?

Eso intentamos. En mi caso, prefiero que un paciente sea sincero y reconozca que no va a seguir el tratamiento planteado y que, a partir de entonces, se busque una alternativa que funcione para ambos. Si te niegas a tomar tres pastillas, podemos intentar buscar una solución que conlleve solo una. Eso sí, tienes que cumplir. La clave es promover el diálogo y la empatía entre médico y paciente.