Una buenista italiana pretendía viajar desde Milán a Oriente Medio vestida de novia para promover la paz y terminó siendo violada y estrangulada en Turquía

Juan García.- Los buenistas creen que porque ellos sean inocentes y buenos, el resto del mundo también lo es. Creen que basta con tener buenos sentimientos para que el resto de personas sean también buenas. Les contamos un caso ocurrido hace algún tiempo y que sirve para certificar nuestras aseveraciones contra del buenismo, una enfermedad basada en las emociones y no en la realidad. Occidente es su principal campo de propagación.

Pippa Bacca, una artista italiana de treinta y tres años decidió viajar haciendo autostop desde Milán a Oriente Medio vestida de novia para promover la paz mundial. El traje de novia simbolizaba “el matrimonio entre los diferentes pueblos y naciones”. Pippa pretendía cruzar Europa y luego pasar por Siria, Libano y llegar finalmente a Palestina e Israel. Lo único que llevaba encima era el traje de novia y una mochila, viajaba haciendo autostop porque “su trabajo está basado en la confianza en los demás“. Pippa desapareció en algún lugar de Turquía y finalmente fue encontrada muerta. Había sido violada y estrangulada, encontrándose su móvil en posesión de su asesino, que fue detenido.

El traje era según ella una metáfora del encuentro con el otro, la unión y la búsqueda de la parte femenina positiva, de la mujer como fuente de vida, estabilidad y sensatez

Por supuesto, deseo que el asesino y sus cómplices hayan sido juzgados con la mayor dureza, pero no es eso lo que discutimos aquí. Pippa tenía 33 años cuando hizo el viaje, no era una adolescente que no sabía lo que hacía. Era una mujer adulta, y por tanto, con plena responsabilidad sobre sus decisiones. Por supuesto asociaciones progres y feministas trataron de quitar yerro al asunto y proclamaron que la violación y muerte de la italiana no debería enturbiar la búsqueda de la paz. Todo menos reconocer que la chica había tomado una decisión de alto riesgo. Es una verdadera pena por ella, ojalá se hubiera podido evitar, pero no podemos culpar a la sociedad de las decisiones irresponsables de cada uno.

Nadie viaja a lugares caracterizados por la violencia sin exponerse a un riesgo seguro. Ahora y siempre. Si vas, sabes a dónde vas. Salvo que seas idiota. Pero en los últimos tiempos se olvida esa regla básica. Hemos adquirido un hábito peligroso: creer que el mundo es lo que dicen los folletos de viajes; que uno puede moverse seguro por él, que tiene derecho a ello, y que gobiernos e instituciones deben impedir los actos que son fruto de nuestra irresponsabilidad.

La italiana vestida de novia nos enseñó una valiosa lección (aunque precisamente no la que ella deseaba) y es que no basta con ser bueno e inocente y desear la paz en el mundo para que sea así. Hay que luchar para conseguirlo con otras argumentos bien diferentes a los utilizados por los buenistas.

Por ello, los que luchamos por Europa lo hacemos porque sabemos perfectamente que el mundo es un lugar peligroso y que la gran civilización que nuestros ancestros construyeron y nos legaron no se hizo con amor y sonrisas, sino derramando sangre, sudor y lagrimas. Ellos sacrificaron su vida para legarnos este mundo a nosotros. No dejemos que los buenistas como Pippa lo destruyan.

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